Decarlos Brown Jr., de 35 años, es el nombre del sujeto acusado de asesinar a la refugiada ucraniana, Iryna Zarutska, en Charlotte, Carolina del Norte, durante un viaje en el servicio de transporte público de Estados Unidos.

Su nombre no era desconocido para las autoridades locales: desde 2007 acumula un largo historial de arrestos que incluye asaltos, robos, amenazas y episodios de violencia doméstica.

De acuerdo con registros judiciales y policiales, Brown pasó gran parte de su vida adulta entrando y saliendo de prisión.

En 2014 fue condenado a cinco años de cárcel por un robo a mano armada y, tras su liberación en 2020, sumó nuevas detenciones por agredir a su hermana, dañar propiedad privada y generar disturbios.

Medios como The Charlotte Observer y Daily Mail, indican que Brown ya acumulaba antecedentes que se remontan a 2007, cuando era menor de edad. Durante los años siguientes fue arrestado en múltiples ocasiones por delitos como robo con arma peligrosa, amenazas, allanamiento y lesiones.

Además, ya en 2014 fue condenado por un asalto a mano armada que lo mantuvo cinco años en prisión, hasta su liberación en septiembre de 2020. Sin embargo, a los pocos meses volvió a enfrentar problemas con la justicia: en 2021 fue arrestado por agredir a su hermana y por daños a la propiedad.

Historial del asesino y el pesar de la familia de la joven ucraniana

Más recientemente, en enero de este año, Brown fue acusado de mal uso del sistema 911, tras insistir a la policía en que alguien había introducido un material artificial en su cuerpo que controlaba sus acciones.

El asesinato de Zarutska generó además fuertes críticas hacia las autoridades locales, especialmente en torno a la seguridad del transporte público y la libertad bajo fianza de personas con antecedentes violentos.

Incluso un concejal de Charlotte advirtió que la confianza de los pasajeros en el sistema de trenes está “muy frágil” y exigió respuestas sobre cómo un individuo con un historial tan amplio pudo permanecer en libertad.

Por otra parte, la familia de la víctima describió su muerte como “una pérdida irreparable” y recordó que la joven había llegado al país “esperando un nuevo comienzo”.

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