En Haití comenzaron tres días de duelo nacional en honor a las víctimas que dejó el huracán Matthew a su paso por el sur del país. Se estima que unas 900 personas han muerto.

Decenas de miles de viviendas quedaron destruidas y se calcula que unas 350.000 personas necesitan ayuda, de acuerdo con las autoridades de la isla.

La cifra oficial de muertos sigue siendo de 336, pero el gobierno reconoce que esa cantidad sólo incluye las muertes que han podido ser confirmadas en visitas hechas en algunos de los pueblos afectados.

Y la agencia de Protección Civil de Haití, que el viernes le dijo a la BBC que los muertos ya eran al menos 877, indicó que la cifra oficial seguramente seguirá 

Matthew golpeó Haití con vientos de hasta 230 kilómetros por hora el martes pasado.

El país es el más pobre de la región, muchos de sus habitantes viven en construcciones endebles y propensas a las inundaciones, y por causa del colapso de carreteras y puentes los funcionarios de gobierno no han podido acceder a varias localidades devastadas por el huracán.

Y en medio de la destrucción y la escasez de alimentos y agua, la nación caribeña ahora enfrenta a una nueva amenaza: el cólera

Muertes por el cólera

Al menos 13 personas han muerto por la enfermedad desde que el huracán azotó al país.

Eli Pierre Celestin, vocera del ministerio de Salud de Haití, dijo que se habían reportado casos en las localidades de Randel, Port a Piment y Les Anglais.

Este es uno de los pacientes con cólera en el poblado de Jeremie, en el suroeste del país, que quedó virtualmente arrasada.

"Hay enfermeras pero no doctores. La gente ha empezado a morir", indicó la funcionaria.

El fugaz período de incubación del cólera provoca que los brotes se propaguen con rapidez y que si los pacientes no reciben tratamiento oportuno, mueran en corto tiempo.

La enfermedad llegó a la isla a través de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas después del terremoto de 2010 y ha matado a alrededor de 10.000 personas.

Desesperados por ayuda

Matthew pasó directamente por la península haitiana de Tiburón, en la costa sur del país. Con vientos de hasta 230 kilómetros por hora y torrenciales lluvias, destruyó miles de casas.

"Las tres necesidades que hemos identificado que requieren de una respuesta inmediata son: alimentos, agua y refugios. Muchas personas no tienen donde quedarse ni acceso a agua potable", dijo Beth Carroll, vocera de la organización de ayuda humanitaria Servicios de Asistencia Católica.

De acuerdo con Stephane Rolland, coordinador regional de la Federación Internacional de la Cruz Roja, la ayuda internacional en Haití ha empezado a tomar forma.

Pero los desafíos siguen siendo inmensos, dados los problemas de infraestructura y las dificultades que se presentan para llegar a áreas remotas.

La destrucción de los cultivos ha sido casi total en muchas partes de la península del Tiburón y la pérdida de ganado también ha sido dramática.

Decenas demiles de personas han perdido sus hogares.

Jocelyne Saint Preux, una madre de tres niños, vio cómo llegaba ayuda estadounidense al poblado de Jeremie, una de las más afectadas.

Los funcionarios entregaron trigo, frijoles, aceite y sal a las personas que se encontraban haciendo fila.

"Sí, trajeron alimentos, pero no es suficiente", le dijo Saint Preux a la agencia de noticias Associated Press. "No hay agua, ni carbón".

500.000 niños afectados

La Cruz Roja lanzó una respuesta a la emergencia de US$6.9 millones y Unicef indicó que necesitaba al menos US$5 millones para satisfacer las necesidades más inmediatas de 500.000 niños afectados.

Manuel Moreno, funcionario de Unicef que se encuentra en Haití, informó que en las áreas más afectadas del país se están usando al menos 156 escuelas como refugios para los damnificados.

En esta foto, una niña recibe tratamiento contra el cólera.

Sin embargo, muchos planteles educativos han quedado inundados o destruidos, indicó.

"Llovió como nunca he visto u oído antes. Era una noche oscura. El océano lanzaba olas gigantes que se estaban acercando mucho a nuestras casas", le dijo a Moreno, Augustin Berline, una joven madre que con sus cuatro hijos buscó refugio en la escuela de su localidad, en el estado de Ouest.

"Escuchamos que una tormenta grande se acercaría pero nunca imaginamos que esto pasaría. Estaba aterrorizado, temía por mi vida", le dijo a Unicef Frantze, un niño de 10 años de edad que también se trasladó con su familia a la escuela.

Tras su paso por el Caribe, Matthew transita por Estados Unidos, donde ha dejado al menos 10 muertos y se desplaza a lo largo de la costa sureste del país.

Matthew ha sido la tormenta más poderosa en tocar tierra en más de una décadaen EE.UU.

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