"En noviembre espero comenzar el cruce a nado del océano Atlántico, partiendo de Dakar, en Senegal, hasta Natal, en Brasil".

La forma en que Ben Hooper, oriundo de Londres y de 36 años de edad, suelta esa frase es tan natural que uno pudiera pensar que se trata de una experiencia común, pero en realidad no lo es.

Al parecer, en el pasado se han registrado un par de intentos por lograr esta meta, uno de ellos realizado por el francés Benoit Lecomte en 1998, quien cubrió una distancia de 5.980 kilómetros en 73 días.

"Sé del caso de Benoit Lecomte, quien nadó desde Massachusetts (en Estados Unidos), hasta Francia, pero hizo una parada en las islas Azores y Guinness no ha validado ese récord", explica Hooper.

Por ello, él afirma que su expedición sería la primera vez en el mundo que alguien lo hace nadando continuamente, lo cual es una clara indicación de lo complicada de la tarea que se ha propuesto.

¿Cómo lo hará?

"Estamos hablando de unos 120 días nadando aproximadamente 12 horas diarias, para completar una distancia de unos 3.219 kilómetros. Nadaré durante dos sesiones al día, con un pequeño descanso en el medio. Y voy a dormir durante la noche en un bote de apoyo", cuenta Ben.

El bote le permitirá mantenerse en el punto de la ruta recorrido, evitando el desvío por las corrientes, así como la visita inesperada de tiburones, medusas o de objetos flotantes que pueden ser peligrosos.

Estará consumiendo entre 10.000 y 12.000 calorías por día.

Lo más importante para él es completar el recorrido verificando cada kilómetro nadado. "Tenemos que ser completamente transparentes", insiste.

Por eso toda la travesía será seguida por cámaras de televisión y redes sociales.

Por qué hacerlo

"(El objetivo) es recabar fondos para varias organizaciones de caridad, también haremos algo de investigación ambiental durante el recorrido y un programa de televisión", comenta Hooper.

Pero también hay algo de ego.

"Cuando tenía cinco años casi me ahogo en una piscina en Bélgica, en los días finales de la escuela. Me quedé sin fuerza, vi todo negro y me fui hasta el fondo. Casi muero", relata.

La ironía para él es que esa experiencia terminó como ejemplo en la escuela sobre las medidas de seguridad que hay que tener cuando estás en el agua, y le valió varias condecoraciones escolares.

En cierta forma, esa ambición personal está presente. Después de todo, como él mismo dice "hay más personas que han aterrizado en la Luna, que cruzado a nado el océano".

Sin embargo, también aclara que quiere hacerlo por su hija de seis años. "Quiero inspirar a mi hija a que tenga presente que uno puede lograr todo lo que se proponga".

"Hace dos años tuve un mal momento en mi vida. Tuve un episodio depresivo. Las cosas no estaban bien. Necesitaba inspirarme a mí mismo, encontrar ese elemento capaz de impulsarme a hacer cosas, a que nada es imposible", reflexiona.

Por eso quiere llevar ese mensaje a su hija y a todo el que le escuche.

El mayor obstáculo

No obstante, el mayor obstáculo para Ben no es la inmensidad del mar o los tiburones o el cansancio.

Se trata de dinero.

"Estamos US$91.500 cortos en el presupuesto. Estamos hablando con compañías para que nos patrocinen. Espero poder recaudar ese monto para que nos apoyen en la adquisición de equipos. Y así estaremos listos para salir", expresa.

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