El fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado acude esta semana a la conferencia del clima de la ONU en Glasgow (COP26), para pedir que se planten más árboles en el mundo, y en el caso del Amazonas, para reclamar simplemente que se cumpla la ley.

"La solución para el Amazonas no es muy complicada. Un cuarto de las tierras son indígenas, está inscrito en la Constitución. Otra cuarta parte son unidades de conservación, parques nacionales, protegidas también por la Constitución", explicó a la AFP vía telefónica, antes de viajar este jueves a la ciudad escocesa.

"La otra mitad del Amazonas son tierras públicas. Pero la mitad de esas tierras están inundadas seis meses al año", añade.

"Una tierra inundada no es utilizable. Y lo que queda ya ha sido destruido. Así que la gran presión se vuelve contra las tierras de los indígenas, de los parques", indica.

"Si llegamos a aplicar la ley de manera que no se permita la entrada en los territorios indígenas, a que no se entre en las unidades de conservación, tendríamos al Amazonas prácticamente protegido", asegura.

"Un apoyo mundial al aparato judicial, eso puede salvar al Amazonas", añade.

Nunca tan amenazados, nunca tan organizados 

Fotógrafo reconocido mundialmente, Salgado hace décadas que decidió utilizar su prestigio al servicio de la causa medioambiental.

Su último proyecto fotográfico, sobre el gigantesco río que atraviesa y da vida a su país, ha sido admirado en París, Londres, y en breve llegará a varias ciudades brasileñas.

Salgado convivió, escuchó y fotografió a los indígenas del Amazonas, a sus paisajes y animales, pero sin pretender erigirse en su portavoz.

"Viven un momento muy difícil, pero cabe decir una cosa: los indios nunca han estado tan amenazados, pero nunca han estado tan organizados", explica.

En Glasgow las organizaciones indígenas de la cuenca amazónica están presentes dentro y fuera de la COP26. 

Salgado se reunirá con empresarios brasileños que están implicados en la defensa de la naturaleza. Y luego dará su opinión sobre lo que está sucediendo en la selva en un evento de la conferencia de la ONU.

Y planteará la que ha sido su gran batalla desde que heredó una finca familiar en el estado de Mato Grosso, hace más de 30 años: plantar miles de árboles para regenerar las regiones explotadas con fines agrícolas.

"¿Cuántas organizaciones de campesinos hay en la COP26? Casi ninguna" indica Salgado, de casi 78 años de edad, que pasa su tiempo entre su hacienda, París y los lugares donde acude para seguir fotografiando.

Tras fundar su propia ONG, Instituto Terra, se planteó como objetivo plantar un millón de árboles. Dentro y fuera de su hacienda de Mato Grosso.

"Los campesinos no son enemigos, no son gente reaccionaria. Es gente aislada, que no tiene la formación necesaria. Pero si les formas, se convierten en aliados", explica.

Salgado asegura  que cuenta con la colaboración de 3.000 propietarios de tierras en Brasil a los que ha convencido, en décadas de esfuerzo, a plantar árboles en sus tierras, a participar en el esfuerzo de regeneración.

Y cree que eso incluso podría hacerse en países europeos como España. "Tenemos que hacerlo con los agricultores, sino no podremos lograrlo", asegura.

Y al mismo tiempo, seguir fotografiando la belleza y la brutalidad del mundo contemporáneo, en blanco y negro.

"Cuando hago las fotos ya las veo en blanco y negro. Eso me permite concentrarme sobre la personalidad de la gente, de los paisajes. No es que no ame el color, es que no sé cómo hacerlo", admite.

Por esa larga carrera en blanco y negro, que empezó hace casi 50 años,  Sebastiao Salgado ha recibido algunos de los más distinguidos galardones en el mundo, como el Premio Príncipe de Asturias y la medalla del centenario de la Royal Photographic Society.

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