Eliana Krawczyk: La “reina de los mares”

El mundo conoció a Eliana Krawczyk (35 años) como la única mujer de los 44 tripulantes del ARA San Juan, la primera exponente del género femenino en ser submarinista en Sudamérica y la segunda persona al mando del desaparecido submarino. Pero la tímida “Reina de los mares”, como la bautizó su padre, tenía otras facetas que pocos conocían.

Oriunda de la ciudad de Oberá, en el noreste de Argentina, cuando niña quería ser ingeniera industrial, pero el destino la arrojó al mar y decidió dedicarse a la marina. Soltera y sin hijos, Krawczyk vivió en el centro de la ciudad de balneario de Mar del Plata en un departamento que comparte con sus dos perritos, Floppy y Ramirito, a los que recogió de la calle de pura compasión y generosidad.

Los trataba como si fueran sus propios niños, al igual queComando”, la mascota regalona de la base naval de Mar del Plata y que, en marzo pasado, se arrojó al agua sin piedad para perseguir incansablemente al ARA San Juan donde iba ella, su gran amiga y protectora. Sin embargo, entre los deseos más íntimos de Krawczyk, confesó alguna vez, es el de formar una familia propia.

"Es re linda y tenía muchos pretendientes. Pero el año pasado cortó con un chico del que estuvo muy enamorada y, desde ahí, nunca más la vi con nadie. Le pegó mal", cuentan sus amigas a Infobae.

En su vida se mostró descomplicada. Siempre llevó bien ser la única mujer en el ARA San Juan. “No tuve ningún freno ni intervención de nadie, y nunca tuve ningún problema. Duermo con dos compañeros en el mismo camarote. Soy la única mujer abordo y me siento bien, contenta y feliz", contó en una entrevista.

De pequeña fue una buena nadadora y disfrutaba navegando en botes pequeños. Con el transcurso de los años, su tiempo libre lo fue dedicando a múltiples actividades: a andar en rollers, ir al gimnasio y viajar. En 2016 su viaje fue a Europa. Lo hizo sola, pero regresó a Mar del Plata a compartir todas sus experiencias.

Pero su vida no fue solo risa y aventuras, pues estuvo marcada por la tragedia. Su hermano “Luisito”, de 21 años, encontró la muerte en un accidente de tránsito y, su madre, tras sufrir un infarto. Como dijo una vez, eso la motivó a tomar la ruta del mar con rumbo y un destino hasta entonces desconocido.

Celso Oscar Vallejos: El submarinista amante del fútbol que su familia espera con dolor

El suboficial segundo y tripulante del ARA San Juan incursionó en la navegación cuando tenía tan solo 10 años. Lo hizo de la mano de su padre, un veterano de la Guerra de las Malvinas, con quien Celso Oscar Vallejos abordó la corbeta Meko 140 hace casi tres décadas.

Cada vez que a Oscar podía escoger compañía, no dudaba en embarcar a su hijo “Mino”, como le llamaban en la familia y con quien compartía uno de sus nombres, la pasión por el mar y el gusto por el mate argentino, el que solían compartir en la base naval de Mar del Plata. 

"De chiquito ya le gustaban los barcos, seguramente por intermedio de mí. Pero de todas formas esto no se transmite; con esto se nace", señala su padre al diario La Nación. Por estos días asegura: “No sé por qué aún no caigo en este dolor”.

Celso Oscar Vallejos, nació en Puerto Belgrano, situado al sur de la provincia de Buenos Aires, y a los 17 años se trasladó a Mar del Plata. Su madre se resistía a que fuera submarinista, pero él siempre contestó que si tenía que morir sería cruzando la calle o en un buque. “Bueno, fue la decisión de él, de ser lo que quiso ser”, añade Oscar.

Casado con Paola, padre de 3 hijos –dos mujercitas y un niño-, este joven marino repartía su tiempo entre el mar y el fútbol. Es uno de los cinco tripulantes árbitros de futbol del submarino perdido. Hizo el curso en el Sindicato de Árbitros Deportivos de la República Argentina, porque lo suyo es el arbitraje.

“Siempre le gustó el fútbol, pero hay que decir que por sus condiciones no iba a llegar a primera”, cuenta Claudio Sandoval, tío del submarinista al diario Clarín. “Era un futbolista de mucho corazón y como le gusta tanto el fútbol se vinculó por otro lado, el arbitraje”, agrega.

Su hermana y su familia hasta hace poco lo esperaban en tierra. "Hay que tener fe; van a volver", insistía Malvina Vallejos, quien colgó en la valla un cartel celeste con fotografías de su hermano y un mensaje que dice: "Tu familia te espera. Te amamos y te extrañamos".

Hace unos días, Malvina decidió no consumir nada sólido hasta que aparecieran los tripulantes. “No es una huelga de hambre, es un ayuno, un sacrificio que los católicos hacen”, explicó en la base de Mar del Plata. “La idea es difundir para que todo el país y el mundo se unan y que tengamos mucha fe y esperanza”, sentenció.

Fernando Santilli: Al tripulante del ARA San Juan que le escriben cartas de amor

“Hola Fernando. No sé qué estará pasando en tu calma o en tu desesperación. Acá cada día se hace más duro. Hay momentos de esperanza y otros de mucha congoja”, escribía en una emotiva carta Jessica Gopar a su esposo el electricista del ARA San Juan, el 23 de noviembre, a una semana de la desaparición del submarino en el Atlántico Sur.

Eran momentos en los que la esperanza todavía mantenía en pie a Gopar. “Hoy tiene que ser ese día”, imploraba por escrito el regreso de su marido, de 35 años, padre de su bebé de uno, Stefano, y quien, durante su ausencia, aprendió a decir “papá”.

Pero “ese” no fue el esperado día del rescate del tripulante Fernando Santilli. Tampoco el siguiente, hasta que la mujer del cabo principal y electricista del ARA San Juan rompió en llanto, agobiada por la desesperación y la angustiosa espera.

El vocero de la Armada de Argentina acababa de confirmar que hubo una explosión en el mar el día que el navío perdió contacto con la base. “Vine por primera vez a la base (naval) y me acabo de enterar que soy viuda (…) No volvieron y no van a volver nunca más”, dijo a la prensa. 

Durante estas semanas Gopar ha escrito sentidas cartas de cariño al “gran amor” de su vida. “Estuvimos siete años de novio, seis de casados y tenemos un hijo, Stéfano, que nos costó mucho que Dios nos mandara”, relató.

Ambos de 35 años, se conocieron en una playa de la ciudad balneario de Mar del Plata. Fernando es el mayor de cuatro hermanos y llegó desde Mendoza para quedarse. Su hermana Giselle, de 33, lo define como una persona “alegre y optimista, responsable y que ama lo que hace”, según constata El Nuevo Herald.

El primerísimo de sus destinos como marino fue un barco en Bahía Blanca, al Sur, y luego se trasladó al ARA San Juan en Mar del Plata. La última vez que Jessica Gopar vio a Fernando Santilli fue el 17 de octubre.

Fernando Villarreal: “Un héroe toda la vida”

Desde hace años, entre él y su madre había un pacto inquebrantable: No hablar de la actividad submarinista de Fernando Villareal (38 años) ni de su experiencia diaria a bordo del ARA San Juan. María Rosa Belcastro no quería saber nada. Vivía con miedo de que su hijo sufriera un accidente. “Nunca nos contó de algún problema que hubiese tenido", dijo a la prensa.

La última vez que Fernando habló con ella fue antes de embarcarse para ir a Mar del Plata. Uno de sus grandes deseos era justamente regresar a la ciudad donde había pasado parte de su niñez y los primeros años de colegio. Así que visitar Ushuaia fue como un gran sueño cumplido. María Rosa sostuvo que poco después de que el submarino arribó al puerto de Ushuaia, la llamó por teléfono y pudieron conversar a la distancia.

“Nos contó cómo había encontrado su escuela, el correo, la casa de fotografías. Los sitios que él recordaba de su infancia. Estuvo en muchos lugares y en cada uno sacaba fotos con su celular y me las mandaba, porque yo tampoco había vuelto a la ciudad. Le sorprendía, sobre todo, como había cambiado el paisaje urbano en estos años", recordó la mujer al Clarín.

Pero de los riesgos que enfrentaba se hablaba poco. Era tema tabú. Su hermana, en cambio, para quien Fernando “será un héroe toda la vida”, cuenta que él estaba preparado para cualquier desenlace ya que sabía de los riesgos eran parte de su trabajo.

Aún así ella sufre. “Estoy muy dolida porque mi hermano está allá abajo y no tendrá una despedida”, dice a un medio y agregó resignada. “somos muy creyentes. Eso me trae mucha paz. Creo que lo que sucedió es por la voluntad de Dios”.

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