"¿Desea usted que la Unión Europea pueda ordenar, incluso sin la aprobación del Parlamento, el establecimiento obligatorio de ciudadanos no húngaros en Hungría?”. Así reza la enredada y retórica pregunta que el gobierno de Hungría dirigirá este domingo a cerca de ocho millones de ciudadanos con derecho al voto. Y para que todos entiendan de qué va la cosa, por doquier pueden verse en territorio húngaro carteles que llaman a responder "No”.

Las autoridades desean convencer incluso a quienes no son los típicos votantes del partido Fidesz, del primer ministro Viktor Orban. El historiador Laszlo Tokeczki, cercano al régimen, dijo hace poco en la radio pública húngara: "Debemos dejarles muy en claro a las feministas, los homosexuales, los judíos y los ateos que será su fin si es que el Islam gana”. La minoría romaní, que en otras circunstancias es considerada indeseable por el gobierno húngaro, también es convocada con el mensaje de que a más refugiados, menor la ayuda social disponible para romaníes.

Hungría contra la mayoría

Trasfondo de la campaña actual es la decisión de la Unión Europea, en el otoño de 2015, de liberar a países como Grecia e Italia de la ola de refugiados, redistribuyendo a éstos según criterios establecidos por el propio bloque. Hungría, junto con Rumania, Eslovaquia y Chequia, fue rebasada en el Consejo de Ministros del Interior. Pero Hungría no celebra únicamente el referéndum de este domingo para protestar. También ha interpuesto una demanda por este tema ante el Tribunal Europeo.

Por sí misma, la redistribución de los refugiados ha sido un desastre. De los 160.000 refugiados que debían ser reencauzados, hasta hoy solo 5.000 se encuentran en su nuevo país. Hungría no ha acogido a uno solo.

El "veneno” de la migración

Para Orban no solo es relevante el referéndum sobre la norma europea, sino también los principios. Para él, la migración es un "veneno”, una amenaza para la cultura europea y una fuente del terrorismo y otras formas de criminalidad.

Ante los demás jefes de Gobierno, él surgió como el enemigo más sonoro de la inmigración incontrolada, tal y como la propuso la canciller alemana, Angela Merkel, a partir de septiembre de 2015. Y a las palabras siguieron los hechos: cientos de kilómetros de alambres de púas fueron desplegados a lo largo de las fronteras con Serbia y Croacia, a fin de mantener a los refugiados alejados de Hungría.

Los representantes del gobierno húngaro mencionan a Alemania como ejemplo negativo, a fin de convencer a los ciudadanos de que su posición es la correcta. "Tengo cuatro hijas, y no quiero que ellas crezcan en un mundo en el cual pueda suceder lo que pasó en Colonia la Nochevieja”, afirmó Orban.

La resistencia se apaga

Y mientras hace un año Orban parecía aislado, con el paso del tiempo ha ido cosechando mayores apoyos, sobre todo en el este de Europa, pero también en otras latitudes. Incluso en Alemania, en la CDU de la canciller Merkel. Michae Stübgen, presidente del grupo parlamentario germano-húngaro en el Bundestag, manifestó comprensión por el miedo de muchos húngaros ante la inmigración no controlada. También considera que es primordialmente falso obligar a países a acoger refugiados.

Algunos de estos políticos hablaban no hace mucho de castigar a países que se negaran a recibir refugiados. Incluso el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo hace unos días: "La solidaridad debe ser voluntaria. Algunos contribuyen recibiendo refugiados; otros, colaborando en los programas fronterizos”.

El problema de Orban no radica en la opinión ciudadana, la cual está claramente de su lado: según encuestas, 80 por ciento de los participantes votarán por la propuesta del gobierno. Pero habrá dificultades si no hay suficiente participación: solo si por lo menos dos tercios del electorado participa, el resultado será válido.

¿Qué pasaría si no hay suficiente participación? El régimen de Orban también está preparado para este caso. El vocero gubernamental Zoltan Kovacs afirmó que alcanzaría un alto nivel de votos por el "No” para consolidar la posición de Orban.

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