AFP

Un soldado retirado japonés aparentemente se suicidó al activar un objeto explosivo que portaba este domingo en un parque de la ciudad de Utsunomiya, al norte de Tokio, e hirió a otras tres personas, según la policía y medios de comunicación.

Toshikatsu Kurihara, de 72 años de edad, un exmiembro de las Fuerzas de Autodefensa (ejército japonés), aparentemente activó él mismo el artefacto explosivo que lo mató e hirió a tres personas, dos de ellas gravemente, anunció la agencia de noticias Kyodo News, citando a la policía nipona.

El incidente tuvo lugar en un parque de la ciudad de Utsunomiya, situada a unos 100 km al norte de Tokio, poco después de las 11H30 (02H30 GMT) de este domingo, informó el portavoz del cuerpo de bomberos.

"Una persona fue hallada muerta", dijo a la AFP el vocero, sin brindar más precisiones.

Hacia el mediodía (local), la policía encontró en el parque el cuerpo del jubilado, después que una persona informó que alguien se quemaba luego de escucharse una explosión.

La policía piensa que se trata de un suicidio, puesto que el hombre había deslizado en una de sus medias un mensaje que rezaba: "pagué con mi vida", e informaba de problemas familiares que lo afectaban.

Otros dos hombres, de 58 y 64 años de edad, respectivamente, resultaron gravemente heridos, y un colegial de 14 años presenta heridas leves.

Algunos autos, entre ellos el del propio Kurihara, resultaron incendiados en otra explosión en un estacionamiento cercano al parque, donde se llevaba a cabo un festival que fue anulado, indicó la prensa.

La vivienda de Kurihara en Utsunomiya acababa de ser destruida por un incendio, dijo el canal de televisión pública.

Las explosiones de este tipo son poco frecuentes en Japón. Ha ocurrido que objetos explosivos artesanales han sido colocados cerca de bases militares estadounidenses por grupos de extrema izquierda.

Una bomba artesanal había explotado el 23 de noviembre pasado en los servicios higiénicos del santuario Yasukuni, sin provocar heridos ni daños materiales importantes.

Un ciudadano surcoreano fue entonces detenido y condenado a cuatro años de prisión tras reconocer la autoría del atentado. Este lugar de peregrinación patriótica para los nipones simboliza para chinos y surcoreanos el pasado militarista de Japón.

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