Omid, cuyo nombre real no puede revelarse, se alistó a las fuerzas de seguridad de Irán a los 18 años, impulsado por "un profundo compromiso con mi país". En la academia, según relató Omid a DW, los cadetes permanecían "día y noche" bajo el control del régimen, desde el entrenamiento militar hasta los rezos y discursos cotidianos.
"Moldean la mente de los jóvenes cadetes", afirmó Omid.
Algunos de estos reclutas, señaló Omid, terminan ascendiendo en la jerarquía del aparato de seguridad iraní hasta integrarse en un cuerpo de élite de oficiales, que planifican misiones, secuestros y asesinatos —tanto dentro como fuera de Irán— y cuentan con acceso a recursos y personal ilimitados. Y él, según dijo, asistía a sus reuniones.
Habla un desertor
Cuando Omid, un hombre corpulento que acumula cicatrices de sus décadas de servicio como comandante de las fuerzas especiales de élite de Irán, se puso en contacto con DW a principios de 2026, surgieron dudas: ¿Podría haber sido enviado para aportar desinformación y mentiras con el fin de desacreditar esta emisora, cuyo servicio en persa está oficialmente sancionado en Irán? ¿Podría estar intentando perjudicar a DW o a sus empleados iraníes?
A lo largo de varios meses, periodistas del departamento de investigación y la redacción de idioma farsi de DW mantuvieron correspondencia con él. Omid compartió registros y fotografías de su entrenamiento, que abarcaba desde prácticas de francotirador y vigilancia hasta combate urbano, control de disturbios y cursos de paracaidismo. También facilitó fotos, videos, documentos y la ubicación de un centro de vigilancia secreto y de complejos residenciales reservados para altos mandos de las fuerzas de seguridad iraníes.
Omid relató que, unidos por su lealtad absoluta al líder supremo de Irán, un círculo clandestino de altos oficiales planea y ejecuta asesinatos y secuestros de opositores al régimen.
El testimonio de Omid ofreció una perspectiva poco común sobre el poderoso y opaco aparato de seguridad de Irán y sobre la vida de los hombres, que constituyen el núcleo de la República Islámica. DW pudo así reconstruir cómo el régimen iraní ha mantenido unas fuerzas militares profundamente leales a pesar de los generalizados movimientos de protesta, las sanciones internacionales, la creciente inflación y los recientes ataques de sus dos principales enemigos, Israel y Estados Unidos, que eliminaron a gran parte de su cúpula militar y política.
DW corroboró partes sustanciales del relato de Omid con documentos, fotografías, videos y entrevistas con expertos. Un intermediario puso en contacto al equipo de investigación con un segundo desertor de alto rango, cuyo testimonio confirmó detalles clave aportados por Omid. Aunque DW verificó la identidad de ambos hombres, nos reservamos ciertos detalles para protegerlos a ellos y a sus familias.
En el pasado, Irán ha perseguido a disidentes y activistas de la oposición en el extranjero, también a periodistas.
DW solicitó comentarios a la Embajada de Irán en Berlín y a la Oficina del Líder Supremo sobre las revelaciones. La Oficina del Líder Supremo no respondió. La Embajada iraní en Berlín declinó pronunciarse sobre las afirmaciones individuales, afirmando que "la República Islámica de Irán rechaza categóricamente estas alegaciones y las conclusiones que de ellas se derivan".
Privilegios y "nada más que control"
Como miembro de alto rango de las fuerzas especiales, Omid gozaba de los privilegios que el régimen suele otorgar a los suyos: desde incentivos financieros y lucrativos contratos económicos para sus propias empresas hasta complejos residenciales exclusivos con mezquitas propias, escuelas y hospitales, donde estaban prohibidas las antenas parabólicas a particulares y la observancia religiosa es obligatoria.
Estos privilegios tienen un precio, señaló Omid: "Control, nada más que control". Los oficiales son objeto de una vigilancia estricta. "No se puede simplemente asistir a una boda o viajar", comentó. "Te confiscan el pasaporte, e incluso deciden a qué escuelas pueden ir tus hijos".
El control se extiende a las futuras esposas de los soldados, a quienes el régimen investiga previamente. Según Omid, él no tenía permitido revelarle a su esposa la verdadera naturaleza de su trabajo. Eso, afirmó, "realmente te carcome por dentro".
Al aislar a estos agentes de la población iraní, el régimen puede vigilar más de cerca a sus fuerzas militares, explicó Saeid Golkar, politólogo de la Universidad de Tennessee (EE. UU.), quien ha investigado a fondo la estructura de mando del aparato de seguridad de la República Islámica. "Pueden generar presión de grupo e indoctrinar con mucha mayor eficacia", explicó Golkar a DW.
Además, Golkar señaló que es menos probable que las fuerzas de seguridad se resistan a emplear la fuerza contra sus propios compatriotas, al estar en gran medida segregadas del resto de los ciudadanos iraníes.
Un desertor de la agencia de inteligencia de Irán
Un mes después de iniciar los contactos con Omid, un intermediario nos puso en contacto con otro desertor de alto rango. El hombre, a quien llamaremos Reza, trabajó para el Ministerio de Información, la agencia de inteligencia de Irán.
Al igual que muchas personas reclutadas por el aparato de seguridad, Reza proviene de una familia religiosa. Él sonrió mientras mostraba a DW una foto en su teléfono de cuando era joven, luciendo una barba larga y el turbante característicos de los más devotos de la religión en Irán. Según comentó, muchos de sus familiares aún ocupan cargos destacados en el régimen iraní.
En un principio, fue un ferviente partidario del régimen y, a veces lloraba durante las oraciones, consciente de que servía a su pueblo y a la República Islámica, y de que "incluso podría morir como mártir por el islam".
Reza relató que, poco a poco, pasó a estar en contra del régimen al presenciar la represión contra los manifestantes. A lo largo de los años, los agentes de Policía han disparado, detenido y golpeado a iraníes que protestaban por el deterioro de las condiciones de vida en el país y por las estrictas leyes de "moralidad".
Hoy en día, lleva el pelo corto.
"Años al servicio de un sistema cruel"
En la tarde del 8 de enero, en medio de un corte casi total de internet, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra iraníes que protestaban por la escasez generalizada y la galopante inflación. La magnitud de la masacre salió a la luz poco a poco, a medida que se filtraban imágenes desde el país que documentaban las atrocidades del régimen.
Miles de manifestantes murieron en todo Irán. Tanto Omid como Reza afirmaron sentirse horrorizados por las matanzas masivas que, según informes de organizaciones de derechos humanos, incluyeron disparos contra manifestantes desarmados, que se encontraban en camas de hospitales.
De hecho, esta brutalidad constante fue lo que finalmente los llevó a hablar con DW.
Omid insistió en que nunca ha disparado contra manifestantes ni ordenado a sus subordinados que lo hicieran, aunque DW no ha podido corroborarlo.
Bajo presión, admitió haber presenciado la muerte de manifestantes.
Reza declaró que la culpa que sentía tras haber "desperdiciado 10 u 11 años al servicio de un sistema cruel”, lo impulsó a alzar la voz, a pesar de los riesgos para él y su familia. "La verdad es que, cuando tu adversario es un régimen que no respeta ningún valor moral, debes estar preparado para todo”, afirmó.
Vigilancia y represión
Omid y Reza hablaron sobre los centros de mando secretos que desempeñan un papel fundamental en la represión de las protestas. Altos mandos de todas las unidades y organismos se reúnen en una sala de monitoreo donde, según Omid y Reza, enormes pantallas en las paredes muestran imágenes en tiempo real provenientes de innumerables cámaras, de circuito cerrado de televisión (CCTV), distribuidas por la capital, Teherán. Afirman que existen otros centros similares en distintas partes del país.
Desde el aire, vigilan también las protestas con la ayuda de drones. Además, Reza señaló que "allí se recopila toda la información proveniente de las fuerzas desplegadas sobre el terreno, de Twitter, Telegram y otras redes sociales, así como la obtenida a través de dispositivos de vigilancia e interceptación".
Con frecuencia, agentes de civil se infiltran en los grupos de manifestantes. Omid explicó que, en ocasiones, estos agentes se utilizaban para desviar las manifestaciones hacia lugares donde las fuerzas de seguridad aguardaban para actuar.
Un representante del líder supremo de Irán tenía "plena libertad" para ordenar operaciones desde el centro de mando, indicó Omid, así como para decidir "con qué dureza se debía tratar a los manifestantes".
Cuando la Policía convencional no logra sofocar las manifestaciones, explicaron Omid y Reza, se despliegan unidades de élite de la Guardia Revolucionaria y fuerzas policiales con sus miembros a menudo vestidos totalmente de negro y con los rostros ocultos tras pasamontañas, para concluir la operación.
Las organizaciones de derechos humanos han documentado el uso de ametralladoras automáticas y semiautomáticas, e incluso de ametralladoras pesadas, ubicadas sobre camionetas, para reprimir las protestas. "
El hecho de que las fuerzas de seguridad estén equipadas con armas de fuego de categoría militar, diseñadas para situaciones de combate, y que las utilicen para reprimir las protestas, demuestra que los asesinatos de manifestantes en el país son intencionales", afirma Raha Bahreini, investigadora sobre Irán de Amnistía Internacional y autora de un informe reciente en el que analiza la cadena de mando del régimen durante las protestas de 2022, tras la muerte bajo custodia policial de Jina Mahsa Amini.
La "máquina de matar" de la "Dakhma"
Tras meses de correspondencia, Omid indicó a DW la ubicación de un lugar aparentemente inadvertido en Shahr-e Rey, a las afueras de Teherán: una sala de oración situada entre una consulta de terapia ocupacional y una farmacia. Aunque la sala se llama "Beit al Shohada” ("Casa de los mártires"), Omid afirmó que muchos oficiales la llaman "Dakhma" (cripta o tumba).
Omid describió cómo oficiales de alto rango se reunían allí bajo el tejado de chapa para planificar operaciones extraoficiales, que eludían las estructuras oficiales del gobierno. Relató haber asistido a varias reuniones en la "Dakhma”, "donde se toman decisiones sobre asesinatos: es una máquina de matar".
Aunque Omid insistió reiteradamente en que solo había asistido a dichas reuniones por orden de sus superiores, y que nunca participó en ninguna de las operaciones allí planeadas, enumeró asesinatos y secuestros —tanto dentro como fuera de Irán— que, según él, se gestaron en ese lugar. DW no pudo verificar estos casos, pero constató que algunas de las personas mencionadas habían fallecido efectivamente en circunstancias sin esclarecer.
Varios expertos consultados por DW conocían la existencia de la "Dakhma" en relación con un intento de asesinato contra un asesor de un presidente reformista, ocurrido hace más de dos décadas. Otros, en cambio, nunca habían oído hablar del lugar. Ninguna de las personas con las que habló DW pudo confirmar si sigue en funcionamiento.
Los expertos coinciden en que la existencia de una instalación de ese tipo resulta plausible. "Es probable que la República Islámica sienta ahora una mayor necesidad de contar con este tipo de grupos", dijo a DW Miadq Maleki, exfuncionario del Departamento del Tesoro de EE. UU., quien hasta hace poco, diseñaba programas de sanciones estadounidenses contra Irán.
De hecho, según Maleki, las operaciones militares planificadas en secreto en la "Dakhma" probablemente permitirían al régimen alegar una negación plausible en caso de asesinatos.
Religiosos y despiadados
Debido al secretismo que rodea a la "Dakhma", gran parte de lo escrito a continuación se basa únicamente en los relatos de Omid y en las escasas imágenes que DW obtuvo de las ceremonias religiosas en el interior de dicha ubicación.
Según Omid, las reuniones secretas suelen comenzar bajo la apariencia de ceremonias y rituales religiosos, en una gran sala, a menudo adornada con cortinaje verde y estandartes religiosos. Tras una cena comunitaria, solo permanecen en el lugar los integrantes del círculo interno.
Quienes se quedan, entregan sus teléfonos móviles, que son guardados bajo llave. A continuación, "especialistas veteranos de las fuerzas especiales y de las operaciones de inteligencia de Irán" debaten sobre asesinatos y secuestros hasta altas horas de la noche.
"Para esta gente, el cargo de una persona no es tan importante", afirmó Omid. "Si consideran que alguien supone una amenaza para el líder supremo de la República Islámica, se lo toman muy en serio y pasan a la acción", dijo.
Tras cada operación, señaló Omid, los hombres retoman sus respectivos puestos en el aparato de seguridad de Irán, hasta que vuelven a reunirse para defender a la República Islámica a cualquier precio.