70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, las voces revisionistas en Japón son cada vez más fuertes y están empezando a normalizarse, sobre todo en la cuestión de las "mujeres de confort", forzadas a ser esclavas sexuales para los soldados japoneses durante la guerra.

Una de las voces más elocuentes del revisionismo es Toshio Tamogami.

Tamogami es una persona educada, culta y, cuando lo conocí, exquisitamente amable.

El antiguo jefe de gabinete de la fuerza aérea japonesa cree en una versión de la historia que se contradice profundamente con la que tiene el resto del mundo.

Pero es una versión cada vez más popular entre los jóvenes japoneses, cansados de oír que tienen que seguir pidiendo perdón a China y Corea.

Lee Ok Seon dice que fue "secuestrada".

El año pasado, Tamogami se presentó a las elecciones a gobernador de Tokio. Acabó cuarto, con 600.000 votos. Y, sorprendentemente, logró casi un 25% de votos entre los jóvenes entre 20 y 30 años.

"Como una nación derrotada, solo enseñamos la historia que nos enseñaron los vencedores", dice.

"Para volver a ser una nación independiente, necesitamos alejarnos de la historia que nos imponen. Debemos recuperar nuestra propia historia, de la que estamos orgullosos".

En la historia "verdadera" del siglo XX de la que habla Tamogami, Japón no fue el agresor, sino el liberador.
Los soldados japoneses lucharon de forma valiente para expulsar a los odiados imperialistas blancos que subyugaron a los pueblos asiáticos durante 200 años.

Es una historia de orgullo, en la que Japón, solo en Asia, fue capaz de vencer a los opresores europeos.

Es también una versión de la historia que no deja espacio para los japoneses que cometieron atrocidades contra otros asiáticos.

Tamogami cree que Japón no invadió la península de Corea, sino que "invirtió en Corea y también en Taiwán y Manchuria".

La BBC le preguntó sobre la invasión de China en 1937 y la masacre de civiles en la capital, Nanjing.

"Puedo decir que no hubo masacre de Nanjing", dice, defendiendo que "no hubo testigos" que vieran a los soldados japoneses masacrando a civiles chinos.

Es cuando le pregunto sobre el tema de las "mujeres de confort coreanas" que son las más indignantes negaciones de Tamogami.

Dice que se trata de "otra invención". "Si eso es cierto, ¿cuántos soldados tuvieron que ser movilizados para llevarse a esas mujeres a la fuerza? ¿Y esos hombres coreanos simplemente miraban cómo se llevaban a sus mujeres a la fuerza? ¿Eran todos los hombres coreanos unos cobardes?"

Aunque puede que no lo digan en voz alta y tan claramente como Tamogami, es una versión de la historia que creen muchos nacionalistas japoneses.

Shinzo Abe expresó su enorme pena por los sufrimientos causados por Japón.

A principios de este año, una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos en Washington, el primer ministro Shinzo Abe expresó una gran pena por el sufrimiento causado por Japón durante la II Guerra Mundial.

Abe no niega que hubiese mujeres coreanas sirviendo como "mujeres de confort" cerca de los frentes bélicos en China y en el sureste de Asia.

Pero ha dicho insistentemente que no hay pruebas de que estas mujeres fuesen coaccionadas o que el ejército japonés participase en su reclutamiento y encierro.

Lo que parece decir entre líneas es que estas mujeres eran prostitutas.

Es un área muy turbia. Las chicas de familias pobres han sido vendidas para la prostitución en Japón, Corea y China durante siglos, y la práctica todavía se desarrollaba en las décadas de 1930 y 1940.

Pero esto no absuelve de responsabilidad al ejército japonés.

"Fuimos secuestradas"

En un valle tranquilo a una hora de Seúl hay una pequeña casa de cuidados llamada la Casa de Compartir.

Es donde algunas de las últimas "mujeres de confort" que han sobrevivido reciben cuidados en su vejez. Aquí solo quedan diez.

Lee Ok Seon es una mujer pequeña, de 88 años, con pelo blanco y grueso, y dentadura postiza. Se ríe cuando intento convencerla de que me hable en chino.

Lee pasó 65 años en China y solo volvió a Corea del Sur hace 15 años.

Lee nació en la ciudad portuaria de Busan, en la punta sur de la moderna Corea del Sur. Su familia era pobre y ella fue enviada a trabajar a la edad de 14 años.

"Tuve que empezar a trabajar como empleada doméstica para una familia. Un día que estaba en la calle, me secuestraron", dice.

Lee dice que dos hombres la agarraron y la pusieron en un tren. "Cuando paramos, me di cuenta de que habíamos cruzado la frontera con China. Fui enviada a un lugar en el que había todavía varias 'mujeres de confort'".

A las puertas de la embajada japonesa de en Seúl se erigió un monumento en honor de las "comfort women".

"Me pregunto por qué nos llamaron así. No fuimos por voluntad propia, fuimos secuestradas. Me obligaron a tener sexo con muchos hombres cada día".

Lee pasó tres años en un burdel cerca de un campo militar japonés en Manchuria. Le pregunté por qué no intentó escapar.

"¡Claro que intenté escapar, varias veces!", exclama. "Me atraparon y me pegaron, una y otra vez".

"La policía militar me preguntaba que por qué quería escapar y yo les decía que porque tenía frío y no tenía comida. Me pegaban otra vez y me decían que hablaba demasiado".

Dice que perdió parte de su capacidad auditiva y algunos dientes debido a esas palizas.

Los revisionistas como Tamogami dicen que las mujeres como Lee Ok Seon han sido preparadas para embellecer sus historias; que son instrumentos del gobierno surcoreano en su intento de humillar a Japón y apretarlo para sacarle dinero.

Es evidente que el gobierno de Corea del Sur utiliza este tema para sus propios fines políticos.

Pero hay muchas más pruebas de que el ejército japonés organizó el sistema de mujeres de confort, también gracias a los hombres japoneses que sirvieron en el ejército imperial japonés en China.

"Es ridículo negarlo"

Masayoshi Matsumoto tiene 93 años y vive con su hija en los límites de Tokio. Tiene una cara agradable y los penetrantes ojos de un hombre mucho más joven.

Cuando tenía 20 años, sirvió como camillero en el noroeste de China.

Masayoshi Matsumoto, ex soldado japonés: "Me considero un criminal de guerra".

"Había seis 'mujeres de confort' para nuestra unidad", me dice.

"Una vez al mes, las analizaba por si habían adquirido enfermedades de transmisión sexual", relata.

"Las mujeres coreanas eran sobre todo para los oficiales", señala. "Así que los soldados normales atacaban los pueblos gritando: '¿Hay buenas chicas aquí?'. Esos soldados robaron, violaron o mataron a los que no les hacían caso".

Las que eran capturadas eran llevadas a la unidad de Matsumoto para servir como "mujeres de confort".

Tras la guerra, Matsumoto se convirtió en sacerdote para intentar reparar sus pecados. Durante décadas, no dijo nada de lo que había visto.

Pero luego, a medida que crecieron las voces de la negación, él se fue llenado de justificada indignación y decidió hablar.

"Es ridículo… Abe habla como si esto fuera algo que él presenció, pero no fue así. Yo sí lo presencié", dice Matsumoto.

"Alguien me dijo que el que no mira atrás y percibe el pasado, repetirá sus errores", agrega.

"Pero Abe cree que puede borrar cualquier cosa mala que Japón haya hecho en el pasado y pretender que nada ha sucedido. Por eso no puedo perdonarlo".

Matsumoto se sienta en la silla y ríe.

"Un día, la derecha vendrá y me llevará por decir estas cosas", dice, y hace el gesto del cuchillo sobre la garganta con un dedo.

Parece poco probable, pero Matsumoto y todos los supervivientes tienen ahora 80 o 90 años.

Pronto se habrán ido, mientras que las voces de la negación crecen y se hacen más audibles.

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