AFP

La dirigente alemana se reunirá primero con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, en un antiguo palacio otomano transformado en un hotel de lujo a orillas del Bósforo. Una conferencia de prensa está prevista posteriormente.

Merkel se entrevistará luego con el presidente islamo-conservador, Recep Tayyip Erdogan, y regresará a Alemania por la noche.

El principal tema en agenda es el "plan de acción" anunciado el jueves por la Unión Europea para contener a los migrantes en Turquía, sobre todo a los sirios que huyen de la guerra.

Pero Turquía, que acoge ya a más de dos millones de refugiados, calificó al plan de simple "proyecto" con un presupuesto "inaceptable", y estimó que necesita al menos 3.000 millones de euros, únicamente para el primer año.

La UE quiere que Turquía acoja a más refugiados y fortalezca la vigilancia de sus fronteras a cambio de una ayuda financiera, la reanudación de las discusiones sobre su candidatura a la Unión Europea y un acceso más fácil a visados.

"Si Alemania y Turquía no logran llegar a un acuerdo, no hay ninguna otra solución en vista y la migración masiva de sirios y de otras personas hacia la UE seguirá", estima el centro de análisis European Stability Initiative, en un artículo sobre la visita de Merkel.

 Miles de migrantes en Eslovenia

Desde inicios de 2015, cientos de miles de migrantes han llegado al Viejo Continente. Las capitales europeas han sido incapaces hasta ahora de encontrar soluciones conjuntas para gestionar este flujo masivo de personas.

Desde el sábado, los migrantes han tenido que tomar una nueva ruta, pasando por Eslovenia y luego Austria, después de que Hungría decidiera cerrar su frontera con Croacia. La mayoría de migrantes aspira llegar a Alemania o a países del norte de Europa.

Un total de 2.700 migrantes entraron el sábado en Eslovenia de camino a Austria, un país que se ha distinguido por la eficacia de la acogida y la conducción de más de 250.000 migrantes llegados de Hungría en menos de dos meses.

Un tren especial con 1.200 migrantes llegó la noche del sábado de Croacia a un puesto fronterizo esloveno custodiado por un centenar de policías, según un corresponsal de la AFP. Unos 25 autocares los esperaban para llevarlos a centros de registro antes de su traslado a Austria.

En Alemania, la política de apertura a los migrantes de Merkel es cada vez más objeto de críticas, en particular de su propio bando.

Pero el debate tomó un giro dramático el sábado con la agresión de una candidata a la alcaldía de Colonia, Henriette Reker, una independiente apoyada por la CDU de Merkel, que fue acuchillada de gravedad en el cuello.

Según la policía, este ataque "político" fue cometido por un individuo que admitió un móvil "racista" contra esta mujer encargada en la alcaldía de la acogida de refugiados.

Una prueba psiquiátrica determinó que "no hay indicaciones que permitan excluir la responsabilidad penal del agresor", indicó la policía y la fiscalía de Colonia en un comunicado.

Los comicios de este domingo fueron mantenidos. Se esperan los primeros resultados hacia las 18H00 GMT. 

 Radicalización en Alemania 

El hecho de que el sospechoso fuera, según la policía, cercano a los círculos de extrema derecha en los años 1990, confirma los temores de las autoridades alemanas sobre el riesgo de que se desarrolle un "terrorismo de extrema derecha" debido a afluencia de refugiados.

Se estima que entre 800.000 a 1 millón de solicitantes de asilo llegarán a Alemania en 2015.

El lunes, en ocasión de su primer aniversario, el movimiento islamófobo Pegida, prevé una marcha en su feudo de Dresde.

Pero la clase política alemana ha hecho de la lucha contra la extrema derecha, también responsable de decenas de ataques desde el comienzo del año contra centros de acogida de refugiados, una prioridad.

"Debemos, en todo momento, distinguirnos de todas las formas de racismo y violencia", subrayó Peter Altmeier, jefe de gabinete de Merkel y coordinador de la política alemana en la crisis migratoria.

Sin embargo, otras voces de alzan a favor del cierre de las fronteras, una medida que Merkel rechaza, ya que la considera como una "falsa solución".

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