AFP

Miles de personas se manifestaron en Madrid este sábado por la tarde para defender la permanencia de Cataluña en España, al día siguiente de la votación de una declaración de independencia de esa región en el Parlamento catalán, un desafío sin precedente al Estado español en 40 años.

"Es una vergüenza lo que pasó en Cataluña, y una vergüenza lo que pasó después", denunció Carlos Fernández, un ingeniero de minas de 41 años, refiriéndose a la decisión del Gobierno central de Mariano Rajoy de convocar elecciones en Cataluña, después de disolver el viernes por la noche el Parlamento autonómico, dominado por los independentistas, y de destituir al presidente secesionista de la región, Carles Puigdemont. 

Para Fernández, que acudió hacia el mediodía a la plaza de Colón de la capital, donde se congregaban el sábado por la tarde miles de personas, "no van a cambiar nada en dos meses", cuando están previstos los comicios autonómicos, el 21 de diciembre. 

La afluencia de la protesta, organizada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española, era menor a la de las últimas manifestaciones por la unidad de España, por culpa, según Carlos Fernández, "de lo que dijo el Gobierno ayer. Mucha gente cree que ya está solucionado y a seguir con sus asuntos".

En la manifestación también participaron representantes de la derecha, incluyendo a Pablo Casado, uno de los dirigentes del Partido Popular, en el poder. 

"Cataluña nunca ha sido independiente y nunca lo será", declaró a la prensa, subrayando que "se ha restaurado la democracia" aplicando la Constitución. 

La Fiscalía anunció el viernes que se querellará en los próximos días contra Carles Puigdemont por "rebeldía", lo que podría costarle al dirigente separatista catalán una pena de 30 años de prisión, equivalente a la de un asesinato. 

"España no se rinde", rezaba una pancarta desplegada por un grupo de extrema derecha, Hogar Social, mientras que algunos participantes animaban a unos manifestantes que portaban banderas de la legión española. 

"Lo que queremos es la ilegalización de los partidos secesionistas. Porque si se vuelven a presentar a elecciones, van a dirigir Cataluña y vuelta a empezar", declaró Cándida Jiménez, una jubilada y exfuncionaria de la policía municipal de Madrid, portando una banderita con el lema "No a la impunidad de los golpistas". 

Publicidad