AFP

Francisco inicia el sábado en Vilna una gira por los países bálticos, radicalmente transformados desde la caída del comunismo, en un momento en que la iglesia enfrenta una serie de escándalos de pederastia.

"Esta visita refleja la idea del papa de visitar las periferias más que los centros establecidos de poder y riqueza", declaró a la AFP el columnista lituano Donatas Puslys. 

Además, este viaje lo llevará muy cerca de Rusia, cuya capital quiere visitar el papa desde hace años, un proyecto en el que trabaja la diplomacia vaticana arduamente. 

Francisco visita los tres países bálticos en el centenario de su independencia, que obtuvieron al término de la Primera Guerra Mundial. 

El último siglo estuvo marcado por la invasión nazi, que destruyo casi todas las comunidades judías, y la larga ocupación soviética.

La Iglesia Católica, martirizada con cientos de curas detenidos y deportados al Gulag, jugó un papel importante en la resistencia pacífica al régimen totalitario estalinista, sobre todo en Lituania donde, según el Vaticano, casi el 80% de los 2,8 millones de habitantes se definen católicos.

En Letonia, no son más que el 21% de una población de 1,9 millones y en Estonia, el 0,5% de sus 1,3 millones de habitantes. 

El papa quiere "estar cerca de esas iglesias perseguidas" en el pasado, afirmó el miércoles su portavoz, Greg Burke. 

Antiguo edificio del KGB 

"La Iglesia fue una fortaleza para todos los disidentes, no solo católicos. Resistió a la sovietización y defendió los derechos de los creyentes", afirmó la historiadora Terese Birute Burauskaite.

Francisco visitará dos celdas y una sala de ejecución del antiguo edificio del KGB, la policía política soviética, en Vilna, y rezará en el memorial de las víctimas del Holocausto. 

El expapa polaco Juan Pablo II visitó los Bálticos en 1993, dos años después de que recuperaran su independencia. 

Desde entonces, se incorporaron a la Unión Europea, la zona euro y la OTAN, en un esfuerzo por olvidar el medio siglo de ocupación soviética. 

Registraron un rápido crecimiento económico, pero también la aparición de las desigualdades sociales y de una migración masiva de los jóvenes hacia Occidente, lo que plantea un serio problema. 

En Lituania, el carácter católico del país se percibe a simple vista, con las cruces y las capillas que pueblan los campos. Además, la Iglesia sigue siendo influyente en la vida política.

Por ejemplo, se opuso a la ratificación de la Convención de Estambul contra la violencia respecto a las mujeres, juzgando que el texto propone una "ideología del género" y podría socavar a la familia tradicional. 

Aún así, su imagen se vio empañada en la actualidad por la crisis mundial debida a los abusos sexuales de los sacerdotes contra los menores. El propio papa ha sido fuertemente criticado por haber ignorado, según sus detractores, las acusaciones contra un cardenal estadounidense. 

"Estos acontecimientos podrían ensombrecer la visita del papa a Lituania, pues la Iglesia Católica no es una comunidad local, sino global", advirtió la socióloga Milda Alisauskiene. 

"Emociones personales" 

"Pero los fieles lituanos vivirán sobre todo sus emociones personales cuando vean al Papa", matizó. 

En Letonia, un cura católico fue detenido este mes al ser acusado de violar a una persona con discapacidad mental. El pasado marzo, la Iglesia en Lituania admitió un caso de abuso sexual ocurrido en los años 1970.

Si el Papa decide hablar sobre este tema, sus palabras serán escuchadas en todos los continentes. 

Letonia, el lunes, y Estonia, el martes, serán dos etapas particulares, pues los católicos son poco numerosos y el sumo pontífice se reunirá con protestantes y ortodoxos. En Letonia, los fieles de Roma están concentrados en la región de Latgale, en el sureste del país. Allí, el papa visitará la basílica de la Asunción de Aglona, centro del catolicismo del país. 

Por su parte, los 6.000 católicos estonios esperan que su visita contribuya a que su país pueda contar con su primer santo, el jesuita alemán Eduard Profittlich, un obispo arrestado por los soviéticos y condenado a muerte que falleció en 1942 estando detenido.

Si finalmente lo canonizan, la comunidad católica estonia probablemente será la más pequeña del mundo en tener su propio santo. 

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