De nuevo están en la mira empresas fantasma, cuentas en paraísos fiscales, negocios ilegales que ascienden a miles de millones. Esta vez salieron a la luz por los llamados "Pandora Papers" o Papeles de Pandora.

Una empresa o sociedad fantasma no es en general ilegal, dice Christoph Trautvetter, de la Red de Justicia Fiscal. Sin embargo, es lógico que haya desconfianza, porque la gente invierte mucho dinero y tiempo para esconder sus bienes en tales empresas fantasma.

"Hay muy pocas razones legales e incluso muchas menos legítimas para usar una empresa fantasma", dice Trautvetter. "Por ejemplo, tenemos el servicio de inteligencia en Alemania, que intenta apoyar a la oposición en Siria y utiliza empresas fantasma para ello. O, por el contrario, miembros de la oposición que organizan la resistencia desde Siria o desde países donde no es posible llevar a cabo tales actividades bajo su propio nombre, pero estos son casos muy raros", dice Trautvetter. En realidad, casi siempre "se trata de disfrazar, permanecer en el anonimato y, sobre todo, también de eludir las leyes de alguna forma".

Medidas tras los Papeles de Panamá

A nivel político, se ha trabajado durante años para prevenir o al menos descubrir los flujos financieros ilegales. Algunos países, por ejemplo, han puesto en marcha los llamados registros de transparencia, en los que se inscribe a los verdaderos propietarios de las empresas. "Existen en toda la UE desde 2017", dice Trautvetter.

Además, más de 100 países acordaron intercambiar información de manera automática sobre cuentas financieras. Es decir que los bancos de dichos países informan directamente sobre los verdaderos propietarios de las cuentas a su país de origen. Algunos países incluso prohibieron por ley a los políticos comprar empresas en el extranjero. Así es en teoría.

¿Cuál es entonces el problema?

Pero algo parece ir mal, si hasta hoy en día los flujos financieros se dirigen hacia usos ilegales y solo se descubren a través de filtraciones de datos y de manera selectiva. Benedikt Strunz cree que se debe a que "durante mucho tiempo, no todos los paraísos fiscales cambiaron las reglas de juego en la misma medida, y no todas las reglas se implementaron de manera consistente". Strunz es uno de los 600 periodistas que evaluaron los "Pandora Papers".

Christoph Trautvetter también opina que existe un problema con la implementación de las reglas. En el caso del registro de transparencia, por ejemplo, hay un límite del 25 por ciento. Esto significa que si alguien divide sus acciones en varias empresas y no posee el 25 por ciento en una empresa, puede eludir las obligaciones de información en el registro de transparencia.

Doble rasero

Y luego está el tema del intercambio internacional de información de cuentas financieras. Por un lado, la UE no está actuando de manera ejemplar. Todavía existen paraísos fiscales de la UE como Malta, Irlanda o Chipre.

El otro gran actor del mercado financiero, Estados Unidos, también está mirando hacia otro lado. En 2013, Estados Unidos impulsó el intercambio automático internacional de información, sobre todo con bancos suizos. Después de la amenaza desde EE. UU. de retener intereses de penalización de todos los negocios estadounidenses de bancos suizos, si estos no transferían información de las cuentas al otro lado del Atlántico, los bancos suizos cedieron.

Como resultado, la OCDE pudo establecer un intercambio automático de información a nivel mundial. "Sin embargo, Estados Unidos aún no ha aportado su contraprestación", critica Trautvetter. Es decir, mientras todos los países del mundo informan sobre ciudadanos estadounidenses y sus cuentas a EE. UU., este país solo lo hace de manera muy limitada sobre ciudadanos extranjeros y sus cuentas en EE. UU.

No hacer negocios con "desconocidos"

En Alemania han cambiado algunas cosas. Desde 2021, las propiedades inmobiliarias en Alemania ya no se pueden comprar a través de empresas fantasma sin que el propietario real de dicha empresa fantasma esté registrado en el país. Pero esto no es suficiente, ya que los ricos todavía pueden comprar otras empresas a través de empresas fantasma, que a su vez poseen propiedades inmobiliarias.

Por lo tanto, Gerhard Schick, del movimiento ciudadano Finanzwende o Cambio Finaciero, subraya que "en general, se debería prohibir a las empresas en las que se desconoce a los propietarios reales, hacer negocios en Alemania".

Trautvetter añade que no solo habría que intercambiar información sobre las cuentas financieras, sino también sobre los propietarios de inmuebles, yates y otros objetos de valor.

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