El quelea es un ave que pesa hasta 20 gramos y mide unos 12 centímetros de largo. Su plumaje es gris, aunque los machos pueden ser más coloridos, y tienen el pico rojo. Es lo que diríamos un animal hermoso, y además numeroso: con 1.500 millones de ejemplares, es el ave con mayor población en el planeta. Viven en el África subsahariana y cada día comen la mitad de su propio peso en comida. Es decir, comen 10 gramos de semillas y grano por jornada.

Hasta ahí la presentación general de los queleas. Ahora vienen los problemas: este año se han convertido en una verdadera plaga, especialmente en Tanzania, y están poniendo en aprietos a los agricultores, y, lo que es peor, están poniendo en mayor dificultad la seguridad alimentaria de ese y otros países de la región, ya suficientemente presionados por las alzas de los precios y la escasez de trigo y otros cereales.

Las autoridades de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estiman que son 21 millones de ejemplares los que están devastando los cultivos. Una verdadera plaga. "Una quelea común come alrededor de diez gramos de grano por día, por lo que una bandada de dos millones de ejemplares puede devorar hasta veinte toneladas de grano en un solo día", dice un comunicado distribuido por la FAO.

Con voraz entusiasmo, los queleas están destrozando campos de arroz, sorgo, mijo y trigo de ocho regiones del sur, centro y este de Tanzania. La plaga, calificada por las autoridades como "inusualmente grande”, se está expandiendo a otras regiones del país y también están masivamente distribuidos, y empezando a generar problemas, en Botsuana y Zimbabue.

"La plaga actual ha esquivado los esfuerzos del Ministerio de Agricultura de Tanzania debido a las cantidades sin precedentes de queleas comunes", dijo el coordinador de las operaciones para el control de estas aves del Ministerio de Agricultura tanzano, Musa Chidinda. La FAO agregó que el objetivo inmediato es reducir las poblaciones, para lo que han comenzado fumigaciones y campañas para que los vecinos respondan a la plaga.

El temor es que esta nueva tragedia se sume a la pandemia, la inflación y la escasez de alimentos desatada por la guerra en Ucrania, llevando a millones de personas, especialmente las de menores recursos, a enfrentarse cara a cara con el hambre.

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