A partir de 1517, el entonces monje Martín Lutero  intentó introducir reformas en su Iglesia, la Católica Apostólica Romana. Como sus reformas no fueron aceptadas, se produjo un cisma y fue así como nació una nueva Iglesia, la Iglesia Evangélica o Protestante. Mucho de lo que no logró reformar Lutero sigue diferenciando a las dos confesiones hasta el día de hoy. Estos son algunos de los puntos fundamentales:

Concepto de Iglesia

La Iglesia Católica y la Iglesia Evangélica poseen un concepto distinto en lo que hace a la esencia de la Iglesia. La Iglesia Católica se considera a sí misma la única Iglesia verdadera y universal, bajo la dirección del Papa. 

Las Iglesias que surgieron de la Reforma lo ven de otro modo: no existe una Iglesia Evangélica unificada, sino diversas Iglesias, y todas se consideran igualmente válidas. 

Investidura papal

Con respecto a la figura del Papa, los protestantes no son tolerantes en absoluto, ya que, según ellos, el rol del Papa contradice a las Sagradas Escrituras.  

Para los católicos, el Papa es el sucesor del apóstol Pedro y, por eso, el jefe de la Iglesia designado por Jesús. Esto se basa en una presunta serie ininterrumpida de ordenaciones de obispos, sacerdotes y diáconos que va desde la ordenación de los Apóstoles, en el siglo I, hasta el presente. 

Concepto de sacerdocio 

Esa transmisión de la misión de los apóstoles, también llamada Sucesión Apostólica, se extiende al significado general del sacerdocio en la Iglesia Católica. Con el sacramento del orden, la consagración al ministerio de servicio a la Iglesia, los obispos, sacerdotes y diáconos reciben un poder especial de Dios para servirlo. Por eso, el servicio que prestan los sacerdotes está por encima del de las otras personas.  

La Iglesia Evangélica no ve en el sacerdocio una consagración de la persona. El cargo de sacerdote es una función, claro que por voluntad de Dios. En principio, esa función puede ser transmitida a cualquier creyente.

Eucaristía o Santa Cena 

La magnitud de la influencia del concepto de sacerdocio de los católicos sobre el ejercicio de los sacramentos y en la convivencia ecuménica queda clara al examinar la Eucaristía o Santa Cena. Ambos conceptos denominan la ceremonia en la que se representa la muerte y la resurrección de Jesús, y se remite a la última cena de Jesús con sus apóstoles, en la noche anterior a su crucifixión. 

La Eucaristía católica sólo puede ser llevada a cabo por un sacerdote ordenado. Únicamente él puede transformar, en nombre de Jesús, el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Los no católicos no pueden participar de ella ni recibir la comunión.

En la Iglesia Evangélica, por lo general, toda persona bautizada está invitada a participar y a realizar la ceremonia. Ese es el motivo por el cual la Iglesia Católica rechaza la Misa Participativa. 

Además, la Santa Cena tiene, en las dos confesiones, un diferente contenido. Los católicos ven en ella una constante repetición del sacrificio de Jesús. Para los protestantes, allí sólo se conmemora su muerte y su resurrección. Y se resalta especialmente la comunión de aquellos que participan de la Eucaristía. 

La Virgen María y la veneración de los Santos 

La Iglesia Católica Romana venera a la Virgen María, la madre de Jesús, como “Reina de los Cielos”, y la considera, en muchos aspectos, equiparable a Jesús. 

Dado que la Doctrina Mariana, en especial, no ha sido probada a través de documentos bíblicos, ésta es rechazada por la Iglesia Evangélica. El dogma mariano salva a María del pecado original y la hace ascender al Cielo. 

Además, la Iglesia Católica practica la veneración de los santos. Los católicos les rezan a las personas ejemplares que han muerto y han sido santificadas por la Iglesia pidiéndoles que intercedan ante Dios para ayudar a los creyentes, que esperan milagros de los más de 4.000 santos y adoran sus reliquias.

También la veneración de los santos es rechazada por la Iglesia Evangélica categóricamente como antibíblico. Según la Reforma luterana, cada individuo, según la confesión protestante, puede y debe dirigirse a Dios directamente a través de la oración.

Celibato obligatorio 

El celibato, es decir, la promesa de vivir soltero y en abstinencia sexual, es común a todas las grandes religiones del mundo, también a la católica y a la evangélica. Sin embargo, para la Iglesia Católica Romana es obligatorio, y se interpreta como una señal de fidelidad incondicional al Señor.

La Iglesia Evangélica rechaza el celibato como obligación. Ya en 1520, Martín Lutero exigió la abolición del celibato, para lo cual él mismo contribuyó de forma decisiva en 152 casándose con la exmonja Katharina von Bora y fundando con ella una familia. Casi sin querer, el reformador creó así la “Casa parroquial”, que se transformó, a través de los siglos, en un símbolo de la comunidad. 

Sin embargo, el celibato también existe en la confesión protestante como decisión voluntaria. En ciertas comunidades y diaconías se practicaba y aún se practica.

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