Aunque desde 1986 existe una prohibición internacional de la caza comercial de ballenas, son varios los países que continúan con esta práctica.

Tras el anuncio realizado este miércoles por Japón sobre sus planes de retomar la caza comercial el próximo mes de julio, las críticas de grupos ecologistas no se hicieron esperar al pronosticar "graves consecuencias" si el país asiático cumple con sus planes.

Pero lo cierto es que, de hacerse realidad, Japón no será el único país en el mundo que se dedique a cazar ballenas en 2019.

¿Cuáles son estos lugares y cómo consiguen hacerlo si existe una moratoria que prohíbe esta práctica desde hace más de 30 años?

1. Japón

Pese a su anuncio de este miércoles, Japón lleva décadas capturando estos animales de manera legal.

En 1987, poco después de entrar en vigor la prohibición de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), Japón se acogió a un vacío legal que le permite la caza de ballenas ante necesidades de "investigación científica".

Tras su sacrificio para la ciencia, generalmente la carne de estos animales es vendida para el consumo.

Organizaciones de defensa de los animales consideran que este programa no es más que un encubrimiento de las operaciones de caza comercial del país.

Pero el gobierno nipón argumentó en repetidas ocasiones que esto le permitía investigar los niveles de población de estos animales y poder tomar así la decisión de si la caza comercial podría ser reinstaurada.

Por medio de estas operaciones, Japón capturó cada año tras la entrada en vigor de la moratoria entre 200 y 1.200 ballenas tales como ballenas minke o enanas, ballenas de Bryde o cachalotes.

2. Islandia

Al igual que Japón, Islandia llevó a cabo inicialmente un programa de caza de ballenas basado en "objetivos científicos" hasta que, en 1992, se retiró de la CBI.

En 2002, el organismo permitió el reingreso del país europeo que presentó una "reserva" a la moratoria de la caza de ballenas.

En la práctica, supone que en Islandia no es ilegal la caza de ballenas siempre que se cumplan ciertas reglas.

La legalidad de esta iniciativa fue ampliamente discutida y otros países miembros entendieron esta reserva como un claro intento de Islandia por burlar las regulaciones internacionales.

En 2006, Islandia reanudó su caza comercial compuesta principalmente por varias decenas de ballenas minke y ballenas de aleta.

En 2009, el país reinició la cacería comercial de ballenas a mayor escala, matando anualmente a unos 200 ejemplares durante los años siguientes.

3. Noruega

En 1982, cuando la CBI adoptó la moratoria a la cacería comercial de ballenas, Noruega fue uno de los pocos gobiernos que presentaron una objeción a la iniciativa.

Cuando la prohibición entró en vigor en 1986, Noruega cumplió con ella hasta 1993.

Aquel año, Oslo anunció que gracias a un vacío legal en la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas y recurriendo a su objeción a la moratoria, reanudaría la captura de ballenas minke.

El número de estos cetáceos cazados por buques noruegos aumentó de manera progresiva, pero en los últimos años se vio un notable descenso de interés por parte de la industria ballenera.

Si en 2015 fueron 660 los cetáceos cazados, en 2017 pasaron a ser 432, pese a que la cuota autorizada por el gobierno era de hasta 999.

4. Islas Feroe

Aunque en un marco diferente a los tres ejemplos anteriores, cientos de ballenas mueren cada año en cacerías legales en las islas Feroe, un archipiélago que pertenece a Dinamarca pero que es autónomo en cuanto a su legislación (no sujeta a la danesa o de la Unión Europea).

La moratoria de la CIB sobre la caza comercial de ballenas no tiene un efecto real sobre las islas Feroe ya que la pesca aquí se define como una "actividad comunitaria", en la que la carne se comparte entre los habitantes en lugar de venderse.

Según la regulación de las islas, las ballenas deben ser matadas lo más rápido posible "para minimizar cualquier tipo de sufrimiento".

El gobierno asegura que contribuye a este objetivo mediante la restricción de las herramientas a utilizar y la formación previa de quienes participan en la caza.

Según sus autoridades, en el archipiélago se mata una media de 800 ballenas por año.

5. Pueblos aborígenes

La caza de ballenas es también habitual tradicionalmente en pueblos aborígenes de países y territorios como Groenlandia (Dinamarca), Rusia, Estados Unidos o San Vicente y las Granadinas, en el Caribe.

Es importante destacar que estas prácticas, sin embargo, no están prohibidas por la moratoria ya que la CBI las enmarca en lo que consideran "Cacería de Subsistencia Aborigen".

Es decir, que el organismo reconoce que ciertos pueblos aborígenes pueden tener la necesidad de cazar ballenas para satisfacer sus necesidades de subsistencia y culturales.

Así, la CBI reconoce los derechos de estos pueblos a cazar un número limitado de estos cetáceos como la ballena gris, fin, jorobada o minke.


¿Por qué pescan ballenas estos países?

Ante las fuertes críticas y el cuestionamiento internacional a los países que permiten la caza de ballenas, la pregunta sería entonces ¿por qué lo hacen?

En todos los casos sostienen que se trata de una parte de su cultura y, en ocasiones, fuente importante de su economía.

Así lo fue en el Japón de los años 50 y 60, por ejemplo, cuando la carne de ballena era la más consumida en el país.

Sin embargo, la importación de carne de otros países hizo que el consumo de ballena se desplomara. Actualmente, esta carne representa solo el 0,1% de toda la vendida en Japón, según el periódico local Asahi.

Noruega vivió una pérdida de interés similar por este tipo de carne e históricamente se ha visto obligada a exportarla a Japón o Islandia.

Este año, en un claro intento por reavivar la industria, amplió la licencia de captura hasta 1.278 ballenas, un 28% más que el año anterior.

Según datos de la agencia AFP, mientras que en 1950 había unos 350 buques balleneros operando en Noruega, en 2017 el número había caído hasta 11, casi la mitad que 12 meses antes.

Melissa Hogenboom, periodista de la BBC, escuchó en una visita a Islandia dos frecuentes argumentos entre la población para justificar la caza.

Primero, la idea de que "existen demasiadas ballenas en el mar" y se comen todos los peces.

La Sociedad de Conservación de Ballenas y Delfines (WDC por sus siglas en inglés) desmiente esta creencia en uno de sus informes y recuerda que las ballenas comen también plancton o pequeños crustáceos, y no solo peces.

Otro argumento recurrente es que la carne de ballena es muy solicitada por su fama entre los turistas que visitan Islandia, pero no tanto entre la población local.

En este caso, según WDC, es cierto que solo el 1,7% de los islandeses consume carne de ballena, por lo que esta práctica recae entre el 35-40% de quienes visitan el país.

Sin embargo, la afición gastronómica de los extranjeros deja un gran remanente de las ballenas capturadas en Islandia, por lo que mucha de su carne se exporta también a Japón.

En las islas Feroe defienden la práctica apelando a la "solidaridad" que caracteriza a esta tradición desde hace décadas, en la que la carne de ballena se reparte de la manera más equitativa posible entre las personas que participaron en la caza y, en ocasiones, también entre las personas que viven en el área.


 

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