La firma del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) está pendiente después que la región belga de Valonia lo rechazara, lo que obliga al Gobierno del país a hacerlo también. La firma del acuerdo estaba inicialmente prevista para el 27 de octubre en el marco de la cumbre entre la UE y Canadá, justo dentro de una semana.

"Profundamente preocupado por la difícil situación del CETA. Aún esperando una respuesta. La credibilidad de Europa está en juego", dijo el presidente del Concejo Europeo, Donald Tusk, tras reunirse con el primer ministro belga, Charles Michel, al margen de la cumbre.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se mostró optimista: "Creo que en las próximas horas se puede llegar a un acuerdo", dijo, tras afirmar que su impresión es que el diálogo será fructífero.

Rechazo de Valonia es "ideológico”

El CETA es visto como un globo de ensayo para otros grandes acuerdos comerciales que está negociando la UE, incluyendo el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) con Estados Unidos y otro con Japón.

Partidarios del CETA y el TTIP sostienen que ambos acuerdos impulsarían el crecimiento y la creación de empleo, pero sus detractores, entre los que se encuentran sindicatos y ONGs, temen que reduzca los estándares laborales, derechos del consumidor y normas ambientales.

Dave Sinardet, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, dijo que las reservas de Valonia con respecto al CETA sólo son en parte ideológicas, al subrayar que la región es gobernada por el Partido Socialista (PS), excluido del Gobierno federal. "El PS no tiene interés en hacer mas fácil la vida del Gobierno federal, al contrario. Eso no quiere decir que no tengan preocupaciones reales sobre el CETA. Las tienen, como muchos otros partidos de izquierda en Europa. Pero en otro contexto político, probablemente no lo hubieran bloqueado", dijo Sinardet. 

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