AFP

En el patio de su casa en el noroeste sirio, Huzeifa al Chahhad trabaja hábilmente con vasos de cartón, bolsas de plástico y un par de tijeras. Objetivo: fabricar con lo que tenga a mano máscaras para proteger a sus hijos de un eventual ataque químico.

En la provincia de Idlib, último bastión insurgente en Siria, los habitantes viven con la angustia de una ofensiva inminente de las fuerzas de Bashar al Asad, apoyadas por Rusia. 

Revisa este video también:

En el pueblo de Maar Shurin, este padre de tres niños, Chahhad, hace orificios en el vaso de cartón con una aguja, para que pase el aire. 

Coloca luego una gasa en el fondo del vaso, la cubre de algodón y agrega varias cucharadas de carbón cortado en pequeños pedazos, y luego una última capa de algodón y gasa. 

"Es para que no penetre el carbón en la boca", explica.

Última etapa de ese paciente trabajo manual: una bolsa plástica se pega al vaso, haciendo posible cubrir la cabeza hasta las espaldas y proteger así los ojos, las orejas y las vías respiratorias. 

"Aprendí (la técnica) en YouTube", dice Chahhad. 

Para probar la eficacia de su invento, instala una primera máscara en el rostro de su hija, de dos años, luego en el de su hijo, un año mayor.  

"Pónlo en tu nariz. ¡Respira!", dice a su hija  de ojos claros. 

"El régimen y Rusia amenaza con bombardear con armas químicas. Tuvimos que fabricar máscaras para proteger a nuestras mujeres y niños, por si pasa algo", dice.

"¿Miedo a los aviones?"

El régimen de Damasco es acusado de haber utilizado en varias ocasiones armas químicas durante el conflicto que destroza a Siria desde 2011 y ha causado más de 350.000 muertos. 

Un ataque causó más de 80 muertos en abril de 2017 en Khan Sheikhun, provincia de Idlib. Un año más tarde, un presunto ataque químico en la ciudad de Duma, cerca de Damasco, causó al menos 40 muertos. 

El martes, Rusia afirmó que los rebeldes sirios preparaban la "escenografía" de un falso ataque químico, que será luego atribuido al régimen sirio, para dar pretexto a una eventual intervención militar occidental.

Poco después, el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, advirtió al presidente sirio que se arriegaba a represalias si utilizaba armas químicas en un eventual ataque a Idlib.

Así, como ocurre con Chahhad, el temor a una gran ofensiva condujo a varios habitantes de la región a hacer gala de imaginación.

En la ciudad de Binnich, en el norte de la provincia de Idlib, Oum Majed utilizó latas de refrescos para fabricar máscaras antigás artesanales para todos los miembros de su familia.

Muchos habitantes de Idlib construyeron refugios para protegerse contra eventuales ataques aéreos.

Chahhad excavó un espacio subterráneo hace seis años. Con una lámpara portátil, baja las escaleras que conducen de su casa al refugio subterráneo. 

Botes de conservas de pepinos están en un colchón sobre una larga banca de piedra, como reserva alimenticia.

"¿Tienes miedo a los aviones?", pregunta a su hijo en tono de broma. 

"Cavamos este refugio en 2012 por los bombardeos y con las últimas amenazas lo limpiamos para refugiarnos" si es necesario, dice. "Las casas, arriba, no resistirán a los bombardeos".

Publicidad