Los mapuche, la comunidad indígena más grande de Chile, aparecen bastante en los medios de comunicación ese país. Pero casi siempre en el marco del conflicto que mantienen con el Estado.

Sin embargo, aparte de los que luchan por sus tierras ancestrales con métodos violentos, miles de mapuches llevan una vida diferente, lejos de la Araucanía, la zona del sur del país de la que son originarios.

Esa otra cara de la comunidad vive en las ciudades y tiene una rutina como la de cualquier otro chileno.

Es parte del sistema y busca defender su causa de otra manera.

BBC Mundo entrevistó a tres mapuches con proyectos exitosos que, pese a estar inmersos en Occidente, reivindican sus tradiciones.

Ana Millaleo - Cantante de hip hop

Ana Millaleo está escribiendo su tesis doctoral sobre la poligamia mapuche, un fenómeno común en la familia de la comunidad.

Y, cuando no está escribiendo o leyendo, está cantando, porque es una de las solistas de Wechekeche ñi Trawün, un grupo de hip-hop mapuche.

Ana es una mapuche urbana: nació, se crió y estudia en Santiago de Chile.

"Siempre se asociaba al mapuche a las zonas rurales, al sur, porque la sociedad chilena se ha encargado de invisibilizar nuestra presencia en la zona urbana", asegura.

Por eso con el grupo de hip-hop, que también contempla otros géneros populares, se busca generar una identidad del mapuche que creció en la ciudad y no por eso tiene menos arraigadas sus raíces.

"Lo mapuche se asocia a algo que ya pasó", dice Millaleo. "Pero nosotros estamos aquí y usamos la música para eso, para decir que estamos y hacemos las mismas cosas que hacen los otros (chilenos) pero con un sentido identitario".

Las letras, los gestos y las expresiones del grupo -la mayoría de las cuales son en mapudungun, la lengua mapuche- tienen el mismo contenido político que puede tener una protesta en el sur del país: se habla del "Estado represor", del "Estado genocida", de la "causa originaria" por el conflicto por las tierras.

La única diferencia es que se hace a través de la música: "Es un medio de comunicación", afirma Ana.

Javier Lefiman Pichihueche - Empresario

Se puede decir que Javier Lefiman Pichihueche representaba el ejemplo del mapuche -muy criticado por su gente- que pierde sus raíces y se instala en el sistema occidental.

Lefiman estudió ingeniería, hizo especializaciones en administración de empresas y relaciones comerciales internacionales. Trabajó en corporaciones, empresas privadas y en instituciones públicas.

Pero, poco antes de cumplir 40 años, asegura, "sentí un vacío y me pregunté qué podía hacer por mi pueblo, que ha sido maltratado y le han dañado mucho la autoestima".

Así que decidió utilizar sus experiencias y conocimientos empresariales a favor del pueblo mapuche.

Hoy tiene una empresa de consultoría en Temuco, la principal ciudad de la Araucanía, que asesora a mapuches emprendedores: tejedores, guías turísticos o cocineros.

Lefiman puede ser criticado por algunos mapuches de hacerle un favor al modelo que tanto ha perjudicado a los mapuches, ya que promueve, de cierta manera, el capitalismo.

Pero él responde: "No adherimos a un modelo neoliberal porque nosotros no hacemos negocio a rajatabla, sino que cuidamos el medio ambiente y no aceptamos productos transgénicos".

El tipo de negocios que proponen los mapuches defienden las tradiciones culturales de la comunidad, que son muy cuidadosas en respetar el medio ambiente y consumir de manera consciente.

"Nosotros podemos ser de ayuda al mundo", añade Lefiman, en referencia a la tendencias alimenticias y agrícolas que están de moda en Occidente.

"Problemas como la mala alimentación y el impacto en el ambiente son cosas de las que nosotros somos conscientes hace años y por eso tenemos un saber que puede servir a otras culturas", concluye el empresario.

Samuel Melinao Zavala - Coordinador de un centro de salud mapuche

Samuel Melinao Zavala coordina un centro de salud mapuche en La Florida, una comuna en el sur de Santiago.

Allí van pacientes, no necesariamente mapuches, para verse con el machi, el encargado de proteger al pueblo en lo religioso, lo personal y, sobre todo, lo medicinal.

El machi que colabora con Zavala es como un miembro de su familia. De hecho, las mujeres y jóvenes que colaboran en la unidad de atención están todos relacionados.

Tras la sesión con el paciente, el machi receta las medicinas de hierbas que son preparadas en ollas gigantes en la ruca, una edificación mapuche construida en plena ciudad.

De ahí, cada 7 días el paciente pasa para rellenar sus botellas con el líquido ancestral.

La labor de Zavala mezcla la gestión política con la medicina, porque mucho fue lo que tuvo que trabajar en círculos del poder para poder instalar esta unidad ambulatoria.

"Lo hermoso de todo esto es que está dentro de la ciudad", asegura.

En lugar de chocar con el Estado, Melinao ha logrado que las autoridades entiendan y apoyen su gestión.

"Y por lo mismo no ha sido fácil", añade. "Porque nosotros también manejamos nuestra propia forma de ser, nuestra propia filosofía, nuestra propia política".

Es decir: colaborar con las autoridades, según él, no ha sido traicionar la tradición mapuche. "Al contrario", insiste.

"Toda otra forma de autoridad puesta bajo la ley chilena para nosotros está en segundo lugar. Y eso (la ley chilena) lo usamos solamente para establecer los convenios y los contratos con el sistema occidental".

Zavala es consciente de que la medicina mapuche no puede tratar enfermedades agudas o terminales ni traumas que exigen cirugía.

La atención que prestan en el servicio es, sobre todo, para problemas digestivos y psicológicos. Pero, según Zavala, la medicina mapuche va más allá de los síntomas, ya que busca que el paciente tenga control sobre su cuerpo y, así, se enferme menos.

Y da un ejemplo: "Lo que en Occidente se llama 'alimentación saludable' nosotros lo llevamos diciendo hace siglos: hacer que la persona se haga responsable de su alimentación en el tiempo y el espacio concreto, teniendo en cuenta la cosecha".

"Eso no tienes que escribirlo. El cuerpo lo pide: pasa con las embarazadas, los enfermos, los adultos mayores (?) La medicina mapuche no tiene el fin comercial de la medicina occidental y por eso nosotros lo que buscamos es que el paciente, y no el especialista, sea el dueño de su propia salud".

Eso es otro rasgo mapuche que, según Zavala, puede aprender Occidente.

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