La presencia del obispo Juan Barros en la misa del papa Francisco en el parque O'Higgins en la ciudad de Santiago reavivó la polémica que envuelve la visita del pontífice a Chile, que concluye este jueves.

Barros ha sido señalado como encubridor de abusos sexuales, algo que él niega. Y fue visto en el servicio religioso justo después de que el Papa pidiera perdón y expresara "el dolor y la vergüenza por el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia".

"Se han dicho muchas mentiras respecto de lo mío", se defendió el jueves Barros. "Una cosa es haber participado de una parroquia y otra cosa muy distinta es haber sido testigo de cosas por las cuales se condenó a un sacerdote. Jamás fui testigo de eso", insistió.

Pero no es la primera vez que Barros debe afrontar los cuestionamientos públicos.

El "caso Karadima"

En marzo de 2015, cuando fue nombrado obispo de la sureña ciudad de Osorno, una multitud vestida de negro lo recibió al grito de "Barros, ¡fuera!".

El religioso sido cuestionado por sus vínculos con el sacerdote Fernando Karadima, a quien tanto la justicia ordinaria como la eclesiástica consideraron responsable de abuso sexual de menores, perpetrados durante las décadas de 1980 y 1990. Karadima fue suspendido de por vida de sus funciones.

"Juan Barros estaba parado ahí, mirando, cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó", le dijo en ese momento a BBC Mundo Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes del "Caso Karadima".

Los denunciantes de Karadima dijeron que, además, como secretario del cardenal Juan Francisco Fresno, Barros recibió las primeras denuncias contra Karadima. "Simplemente las rompía", aseguró Cruz.

Barros fue sacerdote por 30 años y se desempeñó como obispo castrense -de las Fuerzas Armadas- antes de su nombramiento en Osorno.

Cuestionamientos internos

Aquella cruzada contra el nombramiento de Barros no fue sólo de las víctimas del caso Karadima.

En febrero de 2015, al conocerse la designación papal, unos 30 sacerdotes y diáconos de Osorno enviaron una carta al nuncio apostólico, Ivo Scapolo, donde decían sufrir "mucha tribulación" y estar "confundidos e irritados" por el nombramiento de Barros.

"No nos sentimos acogidos, menos comprendidos por la jerarquía de nuestra Iglesia", aseguraban a través de la carta al representante vaticano en Chile.

"Los abusos sexuales nacen y se alimentan del abuso de poder y aquí ha habido un abuso de poder clarísimo, principalmente del Nuncio", le comentó en aquel momento a BBC Mundo Felipe Berríos, sacerdote jesuita y uno de los religiosos más críticos de la actual jerarquía chilena.

Gritos y empujones

Barros fue nombrado obispo de Osorno el 14 de marzo de 2015 y una semana después se produjo la tensa misa en la que asumió formalmente su cargo.

Los manifestantes lo esperaron en el frontis de la catedral. Lo hicieron vestidos de negro, con globos negros y pancartas.

Algunos empujaron al sacerdote durante su ingreso e incluso llegaron a botarlo, según testigos.

Finalmente Barros logró ingresar escoltado por funcionarios policiales. La ceremonia se retrasó producto de las protestas y hubo tres detenidos.

Dentro del recinto, los manifestantes siguieron gritando consignas contra el obispo, enfrentados con algunos feligreses que apoyaban la llegada de Barros con globos blancos y letreros de "Bienvenido".

El tenso ambiente obligó a recortar la ceremonia y Barros debió ser escoltado por sacerdotes y acólitos a su salida.

 

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