La prensa ha difundido, sin gran análisis, la sanción impuesta a nuestro canal por una rutina humorística del personaje cómico Yerko Puchento, y su confirmación por una sala de la Corte de Apelaciones, por parte del Consejo Nacional de Televisión.

Canal 13 ha decidido defender, en todas las sedes que corresponda, nuestro derecho a hacer humor, especialmente de corte político y en horario de adultos. La libertad de expresión, la libertad editorial y la sátira política como género, no requieren que me detenga en hacer su defensa, pero sin ellas la democracia se ve debilitada y todos perdemos. No por nada dicho derecho es calificado como la piedra angular de una sociedad democrática.  Mientras nuestro país madura en aspectos cívicos, muchos quienes se autoproclaman progresistas y aparentemente abogan por libertades, operan desde la intolerancia cuando las opiniones, incluso las que son manifestadas en un evidente aimus iocandi, no los satisfacen imponiendo multas que buscan inhibir el ejercicio legítimo de la libertad de expresión, incluso el humor.

Canal 13 es, y siempre ha sido, respetuoso de la legislación vigente y del regulador de nuestra actividad, pero al mismo tiempo estamos comprometidos con la defensa del derecho a decidir qué ponemos en nuestra pantalla y de quién y cómo nos reímos, dejando que sea el público quien decida qué ve y qué no ve. Nos preocupa de sobre manera que el CNTV, excediendo sus atribuciones legales y vía un ejercicio sancionatorio excesivo y destemplado, intente imponernos su puntual criterio de lo que es un humor correcto y lo que no; y pretenda defender sensibilidades particulares transformándose en los hechos en el catón del buen gusto y lo correcto. Esto habla mal de la vigencia de la libertad de expresión en Chile, de nuestra democracia y de nuestro sistema regulatorio y judicial si quienes ejercen el poder del Estado no son capaces de separar sus creencias y sensibilidades del mandato legal que se les encomienda.

Si a usted le parece que el humor de un personaje es inadecuado, es libre de cambiar el canal. Suponer que normas anácrónicas y sistemas regulatorios que no son propios de democracias modernas están ahí para defender su particular visión de la sociedad y la vida es un error que, al menos este canal, se siente obligado a desafiar. Un medio de comunicación moderno, que pretende ser relevante y ser un aporte al debate social y conectar con las audiencias, no puede estar sujeto al particular criterio de quien, por decisiones políticas, se sienta a regular una actividad tan vital como la TV, muchas veces sin el conocimiento, la voluntad de entender y la disposición para llevar adelante tan delicada misión con un criterio mayor que el mero gusto personal.

La sanción en cuestión, y la ratificación por la Corte de Apelaciones, no hablan del mal gusto o vulgaridad del humorista, hablan de la intolerancia como sociedad esgrimiendo para justificarla la afectación a la libertad de culto. Asimismo, da cuenta de la falta de libertad  que se nos impone desde oficinas burocráticas, donde un puñado de chilenos se sienten iluminados y  garantes del buen gusto, la corrección y, básicamente, de lo que los demás adultos del país podemos ver libremente o no.

Javier I. Urrutia
Director Ejecutivo Canal 13

 

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