La pandemia de COVID-19 ha cambiado todos los aspectos de nuestra vida, pues todo nos está costando más: ir de compras, trabajar, estudiar, mantenernos sanos y estables durante la cuarentena, e incluso comunicarnos.

Este último problema afecta aún más a las personas con discapacidad auditiva, quienes necesitan leer los labios para entender a otros, y requieren tener su boca a la vista para poder darse a entender.

Esto fue lo que motivió a la investigadora médica chileno-israelí, Carolina Tannenbaum-Baruchi, a desarrollar una mascarilla transparente y reutilizable, pues sus padres son sordos y durante toda su vida ha tenido que enfrentarse a los desafíos que esto trajo consigo.

"Ser hija de padres sordos desde que era muy chica es un desafío, pues todo el tiempo hay cosas nuevas que pasan. Mis papás no podían hablar por teléfono, comunicarse en las reuniones de apoderados o cuando había que hacer trámites. Yo tenía que acompañarlos desde que estaba en el jardín y traducir todo", explica Tannenbaum-Baruchi a T13.cl.

Carolina nació en Chile, vive en Israel hace más de 25 años, lleva más de 10 años dedicada a la investigación y hace poco entregó su doctorado en el departamento de Medicina de Emergencia en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Ben-Gurion, en Israel.

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Tannenbaum-Baruchi lleva varios años dedicada a investigar soluciones para personas con discapacidad auditiva, pero su última idea surgió hace poco. "En medio del coronavirus mi papá se enfermó y lo tuve que llevar al doctor. Cuando llegamos me sentí frustrada, porque con la mascarilla no se podía comunicar, y me pareció terrible. Ahí fue cuando comencé a idear una máscara transparente", dice la investigadora.

El proyecto ganó fuerza luego de que su hija lo mostrara a un grupo de robótica de una escuela secundaria que por el coronavirus no tenía clases, así que tenían el tiempo y la infraestructura para desarrollar el invento. "Hicimos varios prototipos en una impresora 3D, y después los llevé a una fábrica que hace productos médicos y aeronáuticos. Ellos tomaron el prototipo e hicieron algo increíblemente tecnológico, y todo esto voluntariamente", cuenta Tannenbaum-Baruchi.

Luego, Carolina le llevó la máscara a sus padres, quienes la probaron y quedaron fascinados. "Mi papás se emocionaron mucho, y al verlos así yo me puse a llorar, nos vinieron a grabar de la televisión israelí y fue todo muy lindo", dice la experta en medicina de emergencia.

Las mascarillas son reutilizables, se pueden lavar con agua y jabón, y lo único que se debe cambiar cada 6 meses es la parte transparente, que además no se empaña al hablar. También tiene la posibilidad de agregarle el filtro N-95, es hipoalergénica y no se rompe cuando se cae.

"Todavía no tenemos claro el precio, que dependerá de cuantas se produzcan, pero yo creo que se va a producir masivamente y que podría llegar a todo el mundo, porque la cultura de las macarillas va a estar un buen rato entre nosotros. Ahora estamos en conversaciones para recaudar fondos de posibles donantes o de empresas que quieran colaborar con nosotros", complementa la candidata a doctora.

Al preguntarle si cree que faltan más dispositivos que ayuden a las personas con discapacidad auditiva u otros problemas, Carolina dice que cree que "faltan varias cosas por hacer y tengo varias ideas para desarrollar a futuro. Hay mucho que cambiar y aquí estoy yo, cambiando las cosas".

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