"Mi terapia se me acabó", señala Sebastián Neira, de 32 años, y quien fue diagnosticado de VIH en 2018, cuando una sífilis comenzó a complicar su salud. 

Desde entonces que su relación con el sistema de salud ha sido al menos compleja, partiendo porque tardó más de ocho meses en poder acceder a la triterapia, como se denomina la medicación que toman las personas seropositivas para evitar el deterioro progresivo que el virus causa en sus defensas. Una situación que incluso lo llevó a demandar al Estado chileno luego que descubriera que la causa de la demora se debía a que no había sido ingresado al sistema.

Pero este mes Sebastián volvió a enfrentar una vulneración a sus derechos, luego que recibiera solo diez dosis de Genvoya, el tratamiento que toma en forma diaria y que le ha permitido mantener su carga viral indetectable, un factor crucial tanto para evitar un deterioro en su estado de salud como para no transmitir el virus. 

Una situación que ocurre en medio de la pandemia del coronavirus, que a la fecha registra más de 85 mil casos confirmados en Chile y donde uno de los grupos de riesgo son, precisamente, las personas con condiciones crónicas. Y si bien quienes viven con VIH y tienen su carga indetectable no deberían correr mayores riesgos, basta con que dejen su medicación para que sus defensas se deterioren de manera considerable (ingresa a este enlace para conocer cómo actúa el VIH en el organismo y aclarar otras dudas). 

Así las cosas, y con todas las precauciones del caso, Sebastián fue a inicios de mayo al Hospital San José a buscar su medicación.

"Lo primero que me dijeron fue que tenía que ir a un liceo. Fui y me dijeron que no me lo podían entregar por ser de VIH, y que tenía que llenar un formulario para que me llegaran a la casa. Reclamé y del hospital me dijeron que fuera al liceo porque ahora sí estaban, pero de nuevo no estaban. Fui nuevamente al hospital y ahí me entregan las 10 dosis, y me dicen que no hay stock, y que no tienen claro si es a nivel nacional o nivel del Hospital", relata.

Los 10 medicamentos, por cierto, ya se terminaron. Mientras tanto, Sebastián ha tenido que recurrir a su pareja -quien también vive con VIH y toma el mismo esquema- para que le "preste" tabletas. Esto, a la espera de una solución. 

En medio de la impotencia por la situación, Sebastián grabó un video que fue viralizado en redes sociales y que generó la preocupación de diversas organizaciones, entre ellas el Colegio Médico. El caso, como veremos en otro reportaje de T13, está lejos de ser un hecho aislado. 

Fue en medio del revuelo por este caso y el de otros activistas, como Victor Hugo Robles -conocido como "El Che de los gays"- que el área de género del Colegio Médico comenzó a recoger antecedentes, los que forman parte de un documento que será llevado este viernes a la mesa social COVID-19, y que reúne a representantes del mundo académico, expertos en salud y actores sociales. 

En el documento -disponible en el sitio web del organismo- se plantea que "las personas viviendo con VIH en muchas ocasiones siguen enfrentándose a actitudes estigmatizantes, lo que genera barreras adicionales para acceder a los servicios de salud en contexto de pandemia".

"En Chile, existen denuncias desde las organizaciones civiles de un posible desabastecimiento y quiebre en el stock de los antirretrovirales. También, en un protocolo local de priorización de acceso a camas críticas, se excluía a población con VIH de la priorización. Si bien el protocolo fue retirado, se ha generado incertidumbre en esta población tanto de los efectos de la enfermedad en su condición, como la posibilidad de acceder a sus tratamientos habituales o camas críticas", señala el informe.

Es por ello que el gremio propondrá crear una campaña de comunicación sobre los riesgos que enfrentan las personas que viven con VIH en el contexto de la pandemia. 

Junto con esto, "identificar las dificultades actuales que presenta el sistema sanitario para tomar la recomendación desde Onusida sobre la entrega multi-mensual de tratamiento antirretroviral por al menos tres meses por adelantado". 

Francisca Crispi, presidenta del departamento de género del Colmed, asegura a T13.cl que por el momento no existen datos para objetivar una eventual falta de stock, y que la realidad “depende mucho de lo que ha pasado de servicio a servicio, porque los antirretrovirales los entregan los hospitales en el sector público".

"Hemos visto que, primero, no hay datos al respecto, o sea nosotros no podemos decir que el stock de antirretrovirales está disponible en toda la red y que los pacientes no tengan miedo a disponibilidad. En eso no hay un lineamiento nacional", agrega.

Y plantea que "no hay una estrategia nacional que se le haya comunicado bien a los pacientes viviendo con VIH cómo se va a asegurar el stock de medicamentos, si es que tienen que ir a retirarlos o no”.

 
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"Es de suma urgencia que las personas viviendo con VIH accedan a sus medicamentos para que en el caso que sean contagiados con COVID-19 su sistema inmunológico esté lo más fuerte posible", agrega Crispi, quien enfatiza la necesidad de que junto con terapia para dos o tres meses, las personas seropositivas puedan tener acceso a teleasistencia para poder aclarar dudas.

Desde el gobierno descartan un problema de stock, sino que más bien atribuyen las denuncias a temas de logística de los propios hospitales, que son los encargados de entregar los medicamentos a las personas que viven con VIH y que forman parte de la red pública de salud.

Francisco Lam, encargado de VIH de la Cenabast, señala a T13.cl que "desde Cenabst, nunca han faltado medicamentos. Tenemos un abastecimiento completo de los medicamentos, de entre dos a tres meses".

"Sé que se ha estado hablando de disponibilidad en los centros, pero ahí nosotros no tenemos injerencia", agrega Lam.

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Alejandro Afani: "Sería muy grave que suspendieran tratamiento"

Alejandro Afani es infectólogo y director del programa de VIH del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

El experto es enfático en señalar que "el que las personas reciban el tratamiento cada 10 días es exponerlos periódicamente a lugares donde el virus se encuentra mucho más concentrado, y donde no debieran ir personas que no tienen síntomas de COVID-19".

En tanto, respecto de los riesgos que podrían enfrentar las personas que viven con VIH en caso de suspender su tratamiento, señala:

"Sería muy grave que lo suspendieran, por el motivo que sea, porque su sistema inmune se va deteriorando progresivamente, y la enfermedad puede ir avanzando. Además, el virus comienza a multiplicarse y se podría generar una resistencia a los medicamentos, porque al retomar el tratamiento este podría fracasar", explica. 

Una situación que -explica- resultaría especialmente crítica en personas que tuvieron un diagnóstico tardío de VIH, como es el caso de quienes descubren que viven con el virus cuando ya dejaron la etapa asintomática y comenzaron a tener enfermedades oportunistas. 

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