Renuncia a la Compañía de Jesús. A través de una carta donde hace una dura crítica al gobierno de la Compañía de Jesús en Chile, el sacerdote Felipe Berríos renunció a esta orden religiosa, pocos meses después de que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) -que funciona como un símil de la Corte Suprema y cuyas resoluciones no son apelables- revocara su expulsión de los jesuitas por considerar que faltaban antecedentes para acreditar los abusos sexuales denunciados en su contra.

  • En su carta, Berríos señala que “hace tres años y nueve meses, como es de público conocimiento, comenzó uno de los momentos más duros de mi vida. Una persecución y un escarnio públicos que no le deseo a nadie. Y esto no podemos olvidarlo, pues antes de que yo conociera de qué se me acusaba y por quiénes, y aún choqueado por lo que muy vagamente me comunicaba el Provincial por teléfono, la Compañía de Jesús, a la que también pertenezco, hizo público un comunicado de prensa indicando con dureza que yo estaba suspendido de mi sacerdocio por acusaciones de índole sexual en mi contra. Fue difícil para mí poder decir algo; recién tres días después de esa declaración pública de parte del Provincial, me fueron leídos parcialmente los hechos y relatos que había en mi contra”.
  • “Siendo un sacerdote conocido y con relevancia pública, que dio retiros a más de 15 mil adolescentes de distintos colegios y a miles de jóvenes que enseñaban en Infocap y/o trabajaban en Un Techo Para Chile, esta denuncia generó un gran revuelo mediático, algo que hoy entiendo era lo que se buscaba”, agrega.
  • “Escarnio público que fue apoyado y amplificado por la hoy cuestionada -por este y otros casos- Fundación para La Confianza y avalado por el gobierno de la Compañía de Jesús. En esos momentos de dolor y de bastante soledad, sin saber mucho de qué se me acusaba, se publicaron entrevistas y declaraciones y se emitieron programas en los medios de comunicación diciendo cosas tremendas sobre mí, las cuales dañaron profundamente mi alma. Se podrán imaginar el estado anímico, psicológico y espiritual en el que me encontraba”, señala.
  • “Hubiese sido noble, justo y misericordioso que la Compañía hubiera especificado los hechos en vez de alimentar el morbo con sus omisiones. Omisiones que aunque hubieran sido involuntarias, me dañaron irreparablemente a mí y a mis cercanos… tanto como el confuso comunicado que emitieron recientemente tras conocer -días antes que yo- la resolución del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que desacreditó tajantemente las acusaciones en mi contra”.
  • “El 22 de octubre de 2025 (…) El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, después de un riguroso análisis de todo el material tanto de la Investigación Previa como del Proceso Extrajudicial y, contrariamente a todas las conclusiones anteriores de la Instructora, del Delegado y sus dos Asesores, del P. General y sus Consejeros y del Provincial y su Comité, concluyó definitivamente que ‘no resulta la certeza moral sobre la comisión de los delitos imputados”.
  • “Pero la decisión del Vaticano no dejó conformes a algunos de mis hermanos. El 24 de noviembre de 2025, el P. General, reconociendo su sorpresa ante el fallo del Dicasterio, afirmó que acataba y respetaba ‘las decisiones tomadas en el plano jurídico’ por el Dicasterio de Doctrina de la Fe, pero acto seguido ordenó, una vez más con publicidad, ‘atender a las personas que de alguna manera han sido vulneradas por comportamientos del P Berrios”.
  • “He reflexionado mucho respecto a las últimas comunicaciones emitidas por la Compañía sobre este caso. Debo confesar que he pasado de la sorpresa a la resignación y del dolor a la molestia, y así un sin fin de sentimientos encontrados. Pero tal vez lo que más me ha llamado la atención es su nula capacidad, justamente, para reflexionar. ¿No cabe en el corazón de quiénes redactan esas comunicaciones la posibilidad de haberse equivocado? ¿No vale la pena al menos pedir disculpas por los cuatro casos que ellos sí aceptan de la resolución del Dicasterio?”.
  • “Finalmente, esta carta es una respuesta formal al P. Provincial, quien al notificarme del Decreto del Dicasterio – sin manifestar alegría o al menos alivio por el resultado a mi favor- me comunica siete medidas disciplinarias, entre ellas restricciones a mi ministerio sacerdotal. Después de casi cuatro años siendo enjuiciado públicamente y pese a la contundencia de los procesos judiciales penales ordinarios y eclesiásticos, para la Compañía de Jesús como institución, donde juré entrar y morir en ella, soy igualmente responsable de hechos que no cometí”.
  • “No tengo rencor ni rabia, solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas. Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio, según la mirada de San Ignacio, fiel a mi misión de estar al servicio de la fe y la promoción de la justicia, ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida de la Compañía de Jesús. No puedo aceptar el ultimátum que me dio la Compañía tanto por lo desproporcionado de las medidas que me impone así como porque es evidente que se rompió la hermandad que existía entre nosotros. Les mando un abrazo afectuoso a todos mis hermanos jesuitas, sí, a todos, y reitero lo que dije el día en que conocí la resolución final del Dicasterio: siento profundamente que la verdad me hizo libre”, concluye.

Expulsión revocada. En octubre pasado, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) señaló que “en respuesta a la apelación presentada por el P. Felipe Berríos, S.J., ha declarado no haber llegado a una suficiente certeza moral sobre la comisión de los delitos denunciados”.

  • La decisión, además de reincorporarlo a la Compañía de Jesús, levantó la prohibición que tenía de realizar misas en público por 10 años, así como ejercer abiertamente el ministerio por ese período.
  • La orden religiosa lo había expulsado en mayo de 2024, tras concluir que era “culpable de delitos contra el sexto mandamiento cometidos con menores de edad y de delitos de solicitación a pecar en contra del sexto mandamiento, durante o con ocasión de la confesión”, en contra de ocho víctimas. El sexto mandamiento involucra el adulterio y los “actos impuros”.
  • “La Compañía de Jesús respeta la decisión del DDF y la ejecutará íntegramente”, dijeron los jesuitas.“Teniendo presentes los antecedentes recopilados en la Investigación Previa y en el Proceso Administrativo Penal, la Compañía de Jesús ha decidido iniciar un proceso de reparación con cada una de las ocho personas que hicieron las denuncias y ha impuesto al P. Berríos medidas disciplinarias respecto a su estilo de vida y actividad apostólica como presbítero jesuita”, que no precisaron.

El desarrollo del caso. Las denuncias contra Berríos se iniciaron en mayo de 2022. Su respuesta fue autodenunciarse en la fiscalía. En noviembre de ese año renunció a los jesuitas tras afirmar que se sentía maltratado” y en los últimos permanenció en campamento La Chimba, en Antofagasta.

  • A principios de 2023, el Vaticano abrió un proceso administrativo penal encargado al sacerdote argentino Dante Simón, en la  condición de delegado del Superior de General de los jesuitas.
  • Tras la investigación, se sancionó a Berrios con la prohibición del ejercicio público del sacerdocio, además del contacto pastoral con menores de edad por 10 años.
  • En la arista penal, Berríos había sido sobreseído en una resolución donde el juez Edgardo Gutiérrez del 34° Juzgado del Crimen de Santiago dio por acreditado el abuso a una escolar de 15 años, en un retiro en el santuario de Schoenstatt, el 2000.
  • A fines de 2025, la Corte de Apelaciones de Santiago dejó sin efecto la acreditación del delito, por considerar que esto sólo podía afirmarse en una “sentencia definitiva”.

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Trayectoria. Felipe Hernán Berríos del Solar, de 69 años, nació en 1956 en Santiago. Hijo del ingeniero Miguel Berríos y de la dueña de casa Lucy del Solar, fue el quinto de seis hijos que crecieron en Ñuñoa.

  • Estudió en el San Ignacio El Bosque de Providencia.  Entró a la carrera de construcción civil en la Universidad Católica, abandonada en el tercer año, cuando decidió volverse sacerdote. Antes de ordenarse fue misionero en Tanzania.
  • Se dio a conocer para un público más amplio como panelista del programa ‘Aló Eli’. Su estilo informal y cercanía con problemas sociales contribuyeron a su notoriedad.  Previamente había creado redes con el empresariado, como capellán de Techo.
  • Sus conflictos con la jerarquía de la Iglesia fueron numerosos. En 2005 dijo que era una obligación moral usar condón, y al año siguiente declaró que cualquiera podía acceder a la comunión, por lo que el cardenal Francisco Javier Errázuriz le instruyó rectificarse.
  • Tal vez su controversia de más impacto fue en 2009, cuando la revista Sábado publicó la columna “Extranjero en su país”, donde Berríos acusó la desconexión del resto de la sociedad de los jóvenes de “la cota mil”.
  • En 2010 partió como misionero a Burundi y luego al Congo, en África, de donde regresó en junio de 2014. En el aeropuerto de Santiago lo esperaban el rector de la Universidad Alberto Hurtado Fernando Montes y el entonces ministro Burgos, consignó entonces La Tercera.
  • Berríos se instaló el año siguiente en el campamento La Chimba, en Antofagasta.
  • “Fuimos engañados y no sólo los jesuitas”, dijo en agosto de 2019 a Radio Cooperativa cuando se dieron a conocer los resultaron de la investigación eclesiástica al ex capellán del Hogar de Cristo Renato Poblete (fallecido en 2010), que concluyó que entre 1960 y 2008 abusó de al menos cinco mujeres —cuatro menores de 18.

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