El investigador del Núcleo Milenio Cardio MR, y académico de la Escuela de Ingeniería Civil Biomédica de la Universidad de Valparaíso, Julio Sotelo, propuso un novedoso método para diagnosticar con mayor eficacia una de las afecciones cardíacas más comunes: la válvula aórtica bicúspide (VAB), un medidor de turbulencia en el corazón.

Este descubrimiento, que Sotelo trabajó en conjunto con médicos e investigadores de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, fue presentado en la última versión del Congreso Chileno de Cardiología y Cirugía Vascular, llevado a cabo a principios de diciembre. El hallazgo pretende ser un apoyo a la detección oportuna de malformaciones cardiacas, como la generada en la aorta ascendente, la arteria encargada de llevar oxígeno a todo el organismo desde el músculo cardíaco.

Normalmente, la válvula aórtica del corazón se divide en tres valvas, o aletas que se abren para dejar pasar el flujo de sangre. Por alguna razón, dos de ellas pueden fusionarse y provocan que salga una mayor cantidad de sangre desde el ventrículo izquierdo.

“Esa sangre choca contra la pared arterial y comienza a generar un efecto llamado ‘remodelamiento vascular’, que comienza a interactuar con las células endoteliales que están en el interior del vaso, dilatando la aorta ascendente”, explicó Julio Sotelo.

Hasta ahora, la forma de detectar una válvula aórtica bicúspide es precisamente al presenciar una dilatación del vaso sanguíneo. Sin embargo, Sotelo detalla que hasta ahora no han sido muy claros los parámetros para interpretar esto.

“En diez años se han cambiado dos veces los criterios para saber cuándo la dilatación de la aorta es propia de esta afección”, dijo. Generalmente, a los pacientes se le realizan exámenes anatómicos, como tomografías computarizadas, y sólo se puede apreciar el aspecto y tamaño del diámetro de la aorta.

El método que propone el investigador del Núcleo Milenio Cardio MR se centra en realizar mediciones tridimensionales del flujo sanguíneo, a través de resonancia magnética en la aorta ascendente. Esto, ya que el científico detectó que cuando se presenta una válvula aórtica bicúspide, la sangre suele fluir con cierta turbulencia que permite detectar la afección cardiaca con mayor precisión, aparte de la dilatación del vaso sanguíneo.

“Lo ideal es que esto se pueda utilizar como herramientas de apoyo de los médicos tratantes. Así, ellos puedan evaluar el diagnóstico tanto con imágenes anatómicas, como a través del modelo tridimensional de la turbulencia en ese tramo del vaso”, enfatizó Sotelo.

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