Más allá de la investigación por las presuntas irregularidades financieras que rodean a Sartor, el impacto más profundo se refleja en quienes confiaron sus ahorros a la administradora y hoy enfrentan un escenario de incertidumbre. Entre los afectados hay adultos mayores, padres que buscaban asegurar el futuro de sus hijos e incluso exfuncionarios de la propia empresa, todos unidos por una misma pregunta: ¿dónde está el dinero?
Con 78 años, Paulina Flores pensó que había encontrado una forma de vivir con mayor tranquilidad su jubilación. Para ello tomó una decisión trascendental: vender su departamento e invertir ese dinero en Sartor.
Su objetivo era disfrutar de una jubilación más cómoda y cumplir proyectos que había postergado durante años. Sin embargo, tras el colapso de la administradora, asegura que perdió los recursos obtenidos tras décadas de trabajo.
La mujer describe su situación como "terrible" y reconoce que la lentitud del proceso judicial aumenta su angustia. "En 3 o 4 años más a lo mejor se soluciona, pero no me queda vida para esperar".
La desesperación fue tal que incluso llegó a evaluar iniciar una huelga de hambre frente a la vivienda de los directivos, convencida de que le arrebataron el esfuerzo acumulado durante toda su vida laboral.
Los ahorros destinados a la educación de sus hijos
Carlos Aylwin también figura entre quienes depositaron su confianza en la administradora. En su caso, el dinero tenía un propósito específico: financiar los estudios universitarios de sus hijos.
Según relata, nunca recibió señales de alerta ni antecedentes que hicieran sospechar que existían problemas al interior de la empresa. Solo conoció la gravedad de la situación cuando la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) intervino la entidad en 2024.
Desde entonces, asegura sentirse completamente desprotegido. "Desvalido total, cero posibilidad de pegar el grito en el cielo, ¿a quién recurro?", afirma, mientras espera respuestas sobre la recuperación de sus recursos.
Extrabajadora de Sartor también terminó siendo víctima
Entre los testimonios también aparece el de María Marrodán, quien trabajó cerca de ocho años como ejecutiva de inversiones en Sartor y administraba una cartera cercana a 170 clientes.
Su caso tiene una dimensión distinta: además de perder sus propios ahorros, convenció a familiares y personas de su entorno para invertir en los fondos, confiando en el ambiente cercano que, según relata, existía dentro de la empresa.
"El ambiente era muy de familia; yo veía a las personas, a los gerentes, a los dueños, hasta los directores que iban a las reuniones mensuales, entonces había mucha cercanía" explicó María.
Asegura que jamás sospechó de irregularidades y que el estallido del caso la sorprendió por completo, dejando también comprometida la confianza de quienes siguieron sus recomendaciones.
"Una de las preguntas que me han hecho, o que me hicieron en su momento, es que si yo sospechaba algo; yo nunca sospeché nada", confiesa.
Más de 150 personas esperan recuperar sus recursos
El abogado que representa a un grupo de inversionistas sostiene que el perjuicio económico para sus clientes supera los 2.400 millones de pesos.
Según los antecedentes expuestos, más de 150 personas vieron cómo sus cuentas quedaron prácticamente sin recursos, mientras algunos de los fondos administrados registraron deterioros que fluctuaron entre 40% y 79%.
Mientras la Fiscalía avanza hacia la formalización de la plana ejecutiva, las víctimas insisten en que el foco no debe limitarse a las responsabilidades penales. Su principal demanda continúa siendo conocer el destino del dinero invertido y que la dimensión humana del caso no quede relegada frente a la investigación financiera.