Es conocido en el extranjero como “el chileno más peligroso del mundo”, aunque en Chile no registra antecedentes, mientras que en Europa su historial es muy distinto
Se trata de Richard Eduardo Riquelme Vega, de 52 años, quien desde 2018 cumple una condena de 11 años en Países Bajos por dirigir una red de sicariato y lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas.
Se trata de causas en las que fue sindicado como uno de los líderes de la llamada mafia marroquí y ubicado entre los 100 criminales más buscados del continente.
Las investigaciones europeas lo vinculan con múltiples homicidios y con la contratación de sicarios para eliminar a bandas rivales.
En 2017 llegó a Chile mientras era requerido por la justicia holandesa, periodo en el que fue seguido en secreto por Carabineros de Chile durante casi un mes hasta que se concretó su detención en el estacionamiento del Hotel Santiago, en Las Condes, tras lo cual se activó el proceso de extradición.
Quienes lo conocieron en su juventud lo describen como un talentoso grafitero que derivó hacia el mundo delictual, trayectoria que incluso inspiró una producción televisiva en Europa.
Más antecedentes en el caso contra el chileno
Sin embargo, su situación judicial estuvo a punto de cambiar hace algunos meses, ya que por buen comportamiento podía acceder a una rebaja de pena y eventualmente recuperar la libertad durante el primer semestre de este año.
Incluso nuevos antecedentes incorporados por la fiscalía holandesa frustraron esa posibilidad.
La policía y el Ministerio Público de ese país presentaron medios de prueba que lo vincularían a otros delitos, entre ellos homicidios y tráfico de drogas, lo que abrió la puerta a una eventual extensión de su condena, decisión que depende de lo que resuelva la justicia local.
En ese contexto, las autoridades de Países Bajos solicitaron la ampliación de su extradición para poder procesarlo por la presunta preparación de dos homicidios ocurridos en 2015.
El primero habría estado dirigido contra el líder de una banda criminal marroquí, en un hecho que supuestamente se gestó en Dubái y que no se concretó. El segundo corresponde a un intento de asesinato en territorio holandés contra otro integrante del mismo entorno delictual, acción que tampoco llegó a consumarse.
Parte de la investigación sostiene que los planes se habrían coordinado mediante mensajería encriptada utilizando el sistema Pretty Good Privacy (PGP), mecanismo que protege el contenido de los mensajes y permite que solo emisor y receptor accedan a la información.
Según la acusación, esos intercambios constituirían la principal evidencia para acreditar actos preparatorios y conspiración para cometer homicidio, figuras penales que no implican un crimen consumado, pero que igualmente son sancionadas por la legislación holandesa.
Los antecedentes forman parte de la indagatoria denominada “Orión 3”, dirigida por el gobierno de ese país y que actualmente busca mantener a Riquelme en prisión mientras se desarrollan los nuevos procesos.
Con la ampliación de la extradición ya concretada como primer paso formal, el chileno no obtendría la libertad en el primer semestre, a la espera de enfrentar nuevas imputaciones que podrían prolongar su permanencia tras las rejas.