A pocos les suena el nombre Domenico Giani, pero muchos lo han visto en miles de fotografías o en la televisión secundando al Papa Francisco. Es un hombre de 55 años, de traje oscuro, anteojos, calvo y mirada aguda. Es, además, el inspector general del cuerpo de Gendarmería del Vaticano y escolta personal del Pontífice en sus viajes.

Por eso, siempre está allí, presente -pero “invisible”-, en cada “baño” de masas, en los discursos públicos, en los recorridos del Papamóvil, serio, solemne y atento a cualquier riesgo y ofensiva que pudiera sufrir la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

La designación de este italiano, padre de dos hijos, como jefe de Gendarmería causó una gran sorpresa en la Curia. Siendo agente de la policía fiscal y miembro de los servicios de seguridad de su país, su perfil era marcadamente académico. 

Estudió Pedagogía y se dedicó a la investigación en la Universidad de Siena y de Urbino. Además, ocupa el lugar del legendario Camillo Cibin, quien estuvo al servicio de 6 Papas durante 58 años hasta su retiro en 2006, y enfrentó el atentado de Juan Pablo II, en mayo de 1981, en Roma.

En el momento del ataque al Papa polaco, Domenico Giani aún no cumplía los 20 años y estaba en pleno despegue profesional. Después de su proyecto académico, ingresó a la Guardia de Finanzas, una rama de las Fuerzas Armadas italianas, que se enfoca en delitos económicos. Eso le llevó a conocer los entresijos de la mafia. Pero no fue sino en 1999 cuando optó por unirse al Servicio Vaticano de la Policía de su país. Siete años más tarde, a sus escasos 44 años, se le encomendó la seguridad papal.

Un trabajo demandante. La simbólica noche del 24 de diciembre de 2009, le tocó a Giani salir en defensa de Benedicto XVI. Susanna Maiolo había saltado las vallas de protección internas de la Basílica de San Pedro para alcanzar al Papa, quien caminaba hacia el Altar Mayor para oficiar la Misa de Gallo.

En un episodio que pudo terminar peor, hubo respiros de alivio tras la actuación de Domenico Giani, quien, junto al resto de la seguridad vaticana, consiguió detener a la joven y, al mismo tiempo, estabilizar al Papa, quien estuvo a punto de caer al suelo.

Con su tendencia a evitar el blindaje, a recorrer las calles sin grandes resguardos y acercarse a la gente, el Papa argentino imprime mayores desafíos a sus escoltas. Francisco se ha manifestado contrario a andar en una “caja de sardinas” –como llamó al vehículo papal- y prefiere usar un jeep abierto en Roma.

En su viaje a Brasil, en 2013, hubo momentos de alta tensión cuando el Pontífice argentino dejó la ventana abierta de su vehículo y por la cantidad de gente provocó la detención de la comitiva. Ese fue un momento de desesperación para Giani, cuenta la prensa europea.

A su cargo están, también, los preparativos de los viajes del Papa. De hecho, en julio de 2017 Giani aterrizó en Santiago para coordinar con las autoridades de la PDI sobre el despliegue se deguridad en aquellos puntos neurálgicos del recorrido papal que se desarrolla estos días en la capital y en Temuco e Iquique.

En su estrategia de seguridad, Giani suele formar un rectángulo alrededor del papamóvil. Al costado están los hombres más altos de manera de dificultar la mira de un posible francotirador. Atrás van agentes armados. Por su parte, los que se ubican adelante tienen el objetivo de abrirse con facilidad para que, de ser necesario, las motos marquen la ruta de escape.

Giani, el “ángel de la guarda” o la prolongación de Francisco en la sombra, cuenta con uno 130 agentes en Roma para proteger al Papa, muchos de los cuales están en Chile. A partir de este jueves seguirán el recorrido junto a Francisco a Perú, donde el Papa estará hasta el domingo. 

Publicidad