Nuevos testimonios incorporados a la investigación sobre la presunta secta Cahuala en Chiloé revelaron una faceta desconocida de su influencia en el ámbito educativo al interior del colegio fundado por sus propios líderes en la ciudad de Castro.
Exprofesoras y antiguas integrantes del equipo directivo del Colegio Cahuala denunciaron que Enrique Urrutia Aburto, conocido dentro del grupo como "El Jefe", encabezaba reuniones de trabajo en las que hacía que las educadoras relataran públicamente sus experiencias sexuales bajo el argumento de que con esto se alcanzaba un "desarrollo personal".
Cabe recordar que Urrutia y su pareja, María Alejandra Pinto Martínez, fueron formalizados por los delitos de trata de personas con fines de explotación laboral y sexual, a raíz de denuncias de exintegrantes de la comunidad.
"Todas tenían que contar": Docentes acusan que debían relatar sus experiencias sexuales en reuniones de trabajo
Uno de los relatos clave corresponde a "Tamara" (nombre protegido por razones de seguridad), quien se desempeñó durante 14 años en el establecimiento como coordinadora de preescolar y miembro del equipo directivo, además de integrar la comunidad de Cahuala.
Según su testimonio entregado a Reportajes Teletrece, Urrutia utilizaba instancias de coordinación escolar para indagar en la intimidad de las docentes, incluso de aquellas que no formaban parte de la agrupación.
En uno de estos encuentros con el equipo docente, la reunión estuvo enfocada principalmente en que las mujeres relataran los detalles de sus primeras experiencias sexuales frente al líder de Cahuala.
“Todas tenían que contar... con la finalidad de desarrollarnos como personas. Era bien raro, porque yo miraba a las otras profesoras que no eran de la comunidad Cahuala y me preguntaba: ¿Por qué tenían que contar esta situación tan íntima que uno pocas veces la comparte? Pero ahí, en un contexto de trabajo, se estaba compartiendo”, relató la exfuncionaria.
De acuerdo con la denunciante, esta dinámica operaba como un mecanismo de subordinación sicológica: “Un profesor dijo una vez: 'bueno, es que el jefe sabe mejor lo que es bueno para mí que yo mismo'. Imagínate la consecuencia que puede tener esto en la psiquis. Él manipula la opinión de todos los demás”.
No fue el único testimonio. Gloria Rodríguez, directiva y profesora del colegio durante dos décadas, confirmó estas presiones sobre la vida personal de los docentes.
En un escrito titulado “El mando oculto del Colegio Cahuala”, Rodríguez denunció la existencia de una "profunda asimetría" en las sesiones encabezadas por Urrutia, en las que el personal exponía su vida privada sin conocer lo que realmente ocurría en el al interior de la cúpula:
“Nosotros participábamos en las sesiones de desarrollo de Cahuala, donde exponíamos abiertamente nuestras vidas personales y profesionales (...) Detrás del ideal de evolución espiritual aparecían relatos de sometimiento, abuso de poder y relaciones sexuales condicionadas por la autoridad”, expuso la exdocente, quien rompió nexos con la institución tras enterarse de denuncias históricas por abusos en la comunidad.
La versión del establecimiento
Consultada por Reportajes Teletrece, la administración del Colegio Cahuala descartó irregularidades en su funcionamiento.
Mediante una declaración escrita firmada por su directora subrogante, Claudia Mancilla, el recinto afirmó operar como una comunidad formativa autónoma regida por la normativa del Ministerio de Educación y la Superintendencia de Educación.
Asimismo, señalaron que la representación legal actual no recae en María Alejandra Pinto, y aseguraron que “la institución no es parte ni se encuentra vinculada a procesos indagatorios judiciales de orden criminal, los cuales corresponden a la esfera estrictamente personal de personas naturales”.
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