Argentina lidera algunos rankings regionales y mundiales de categorías tan negativas como pobreza, desconfianza y vulnerabilidad. Pero se codea en el G20 con las economías más importantes del planeta.

Este viernes, la cumbre del G20 se celebraen un país sudamericano por primera vez en sus 10 años de historia.

Del grupo, Argentina ha sido el miembro más inestable en esta década.

En intercambio comercial, tamaño de la economía y poder adquisitivo está entre el último y el penúltimo lugar.

Y, según cifras de 2017 del Banco Mundial, tiene la vigesimoprimera economía del mundo. Suiza, que no está en el G20, tiene un Producto Interno Bruto (PIB) más grande. También los miembros de la UE Holanda y España (invitado permanente).

Habrá que ver además si de aquí a final de año sean más los países que terminen por encima de Argentina, que con la segunda inflación más alta del mundo y una de las mayores caídas del PIB recibió el rescate más grande al historia del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Sin embargo, este viernes una Buenos Aires vestida de galanura y blindada con casi 30.000 efectivos de seguridad locales e internacionales será el epicentro del mundo desarrollado, ese que representa el 85% de la economía mundial.

¿Por qué se da esta paradoja?

Entre los emergentes de los 90

La primera versión del G20, creada en 1999, se limitaba a reunir a presidentes de Bancos Centrales y ministros de Economía y Finanzas.

"En aquel contexto, la Argentina era un 'emergente' en términos financieros más que por su potencia económica propiamente dicha", le dice BBC Mundo el internacionalista argentino Juan Gabriel Tokatlián.

Pero además, el sistema cambiario instalado por el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), el cual anclaba el peso argentino al dólar, daba la impresión de que la economía argentina era enorme.

La llamada "paridad" puso al PIB argentino entre los 20 más grandes del mundo, pero cuando ese esquema se derrumbó, la economía volvió a caer.

El G20 como hoy se conoce nace en el marco de las crisis de 2008 y "'sacar' a un miembro del Sur por su volatilidad hubiera sido y es absurdo e incomprensible", añade Tokatlián.

Desde entonces, Argentina ha sido un miembro activo del G20.

"Volver al mundo"

Una de las iniciativas más importantes del presidente Mauricio Macri ha sido lo que él llama "volver al mundo". Es su carta para acabar "de una vez por todas" con la fragilidad de la economía argentina.

Macri le dio la vuelta a la política exterior argentina tras varios años de proteccionismo económico bajo el gobierno de Cristina Fernández Kirchner, quien mantuvo un discurso crítico con Estados Unidos, con los organismos multilaterales y con algunas potencias occidentales.

El mandatario no solo saldó las cuentas pendientes con los tenedores de bonos de Wall Street en busca de mejorar la reputación del país y volver a emitir deuda, sino que postuló a Buenos Aires como sede de la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio, que tuvo lugar en 2017, y del G20.

Macri, que como empresario y millonario siempre fue cercano al poder internacional, también se adhirió a las campañas de "lucha contra el terrorismo internacional" y contra el narcotráfico.

Con eso, Estado Unidos, Francia, Alemania y otras potencias le dieron la bienvenida al club. De hecho, Macri quiere y tiene pendiente ser aceptado en otro de estos clubes: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El lobby para el G20

La sede del G20 -que no tiene mecanismos burocráticos de decisión ni gestión- no se otorga por turnos o de manera organizada, sino que se da al país que logre convencer a todos los miembros.

Cuando a Macri se le ocurrió la idea de postularse, la presidencia estaba en manos de China y fue allí donde el equipo de la entonces canciller, Susana Malcorra, hizo lobby para desbancar a un candidato ya establecido, India.

"En ningún lugar fue tan contundente la receptividad a Argentina con el cambio de política exterior (de Macri) como en el G20", le dijo a BBC Mundo un miembro de ese equipo que pidió no revelar su nombre.

"Tratamos de poner al Sur en el centro del mundo, porque además eso hace que se soporte a Argentina, y lo logramos", añadió.

Hoy esa buena relación de Argentina con Occidente es considerada clave para, por ejemplo, haber obtenido el préstamo del FMI por US$57.000 millones que parece haber salvado al país de un colapso y le dio un empujón a Macri de cara a las elecciones de 2019.

"No es que el FMI le dio a Argentina el préstamo porque estaba en el G20, pero son cosas que ayudan, que son el beneficio de ser parte de los mercados y de tener buena relación con estos países", le dice a BBC Mundo Pablo Ava, investigador del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), un centro de estudios, y director de T20, un grupo de afinidad al G20.

Momento complicado

La cumbre en Argentina -cuyo costo se estima en US$60 millones- se da en un momento complejo: desde el asesinato en Turquía del periodista saudita Jamal Khashoggi hasta la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y el último choque entre Rusia y Ucrania, la sensibilidad de los temas por abordar genera profundos choques entre los integrantes del G20.

Y Macri, el presidente del país económicamente más pequeño, estará en el medio de todo esto, con su propia crisis a nivel local y protestas y paros en todo el país.

"Estas cumbres nunca son sencillas", dice Ava. "Macri tendrá un desafío porque se está cuestionando algo en lo que él, ideológicamente, cree, que es el multilateralismo, pero al tiempo es pragmático e intentará mantener este rol porque volver a los mercados es un elemento central de su plan de gobierno".

Tokatlián, por su parte, cree que "del G20 es poco lo esperable"

En la cumbre de la OMC en 2017, recuerda, "no surgió nada trascendente salvo que ahora Estados Unidos tiene una propuesta de reforma afín a sus (propios) intereses, los europeos divagan sin saber qué hacer y el Sur busca algo de acuerdos mínimos para impedir una reforma solo funcional a los más poderosos".

Del G20, espera "más de lo mismo".

"Esto es, divergencias sustantivas maquilladas como 'avances graduales'".

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