Ganancias o pérdidas: la última línea del informe trimestral de resultados de las empresas que cotizan en bolsa es clave para los analistas de mercado.

Incluye proyecciones a corto o mediano plazo y es un indicador de la salud financiera de las compañías.

Sin embargo, para algunas empresas, la lógica es diferente. Algunas compañías valoradas en millones (o miles de millones) de dólares nunca han reportado ganancias.

La lista está llena de nombres conocidos como Uber, WeWork o Tesla, la empresa de Elon Musk que ha acabado algunos trimestres en azul, pero no un año fiscal completo. Una situación parecida le ocurre a Spotify.

Y Twitter publicó cuatro trimestres consecutivos de ganancias en octubre del año pasado, más de una década después de su creación.

Entre las firmas brasileñas está Nubank, que forma parte de los llamados unicornios, que son empresas valoradas en más de US$1.000 millones.

También está el caso de empresas que llegan al mercado de valores con los resultados en rojo.

Una encuesta realizada por el profesor de la Universidad de Florida Jay Ritter, arrojó que el 81% de las 134 ofertas públicas de acciones (estreno en bolsa) de empresas en Estados Unidos en 2018, fue hecho por firmas que registraron pérdidas en los 12 meses anteriores a su debut bursátil.

Revisando la historia reciente, algo parecido ocurrió a principios de la década de 2000, época en que estalló la llamada "burbuja puntocom", cuando las firmas tecnológicas se fueron al traste.

"Ganar mucho dinero en el futuro"

"Al inicio estas empresas valen mucho porque las personas que invierten en ellas creen que tienen el potencial de ganar mucho dinero en el futuro y, lo que es más importante, porque creen que pueden vender (su participación) a otra persona por un precio aún mayor", le dice a BBC News Brazil Aswath Damodaran, profesor de la Universidad de Nueva York y uno de los principales expertos del mundo en valoración de mercado.

Estas firmas operan en distintos sectores, aunque tienen un factor común: muchas son innovadoras o "disruptivas" en la jerga del mercado.

"Es una apuesta a largo plazo sobre cómo será el mundo dentro de 20 años", explica Andrea Minardi, profesora de la escuela de negocios Insper en Sao Paulo, Brasil.

En el caso de Uber, por ejemplo, la apuesta de los inversores es que las generaciones futuras preferirán dejar el auto en el garaje y entonces aumentará la base de clientes potenciales.

La compañía de tecnología y transporte (que apareció en el mercado en 2010), debutó en la Bolsa de Nueva York en mayo de este año con un valor de mercado de US$82.400 millones, pese a que no ha registrado ni un trimestre de ganancias.

El modelo de Amazon

La inspiración para muchos de estos modelos de negocio es la historia de éxito de Amazon.

Después de salir a bolsa en 1997, el gigante del comercio electrónico se demoró cerca de seis años en registrar sus primeras ganancias.

La compañía continuó publicando resultados modestos durante los siguientes 14 años, entre 2003 y 2016, hasta que alcanzó el nivel actual de ganancias, que todavía es "pequeño" en comparación con el crecimiento exponencial de los ingresos, dice el profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV) Gilberto Sarfati.

A modo de comparación, en el último trimestre fiscal Amazon informó de unas ganancias netas de US$2.630 millones, frente a los US$10.000 millones de Apple.

Esto se debe a que la compañía, y especialmente su fundador, Jeff Bezos, cree que la empresa debe mantener un alto nivel de inversión, inicialmente para construir su base de clientes, para desarrollar nuevas tecnologías y mantenerse innovadora.

Esta es la lógica de una serie de empresas que "queman efectivo", especialmente aquellas en las que el modelo de negocio tiene un pequeño margen de beneficio y dependen de una gran base de clientes para ganar dinero.

Otras grandes compañías como Netflix o Facebook, también han estado en la situación de pasar por muchos trimestres en rojo antes de obtener ganancias.

Inyección de capital

Hay otra característica común entre estas empresas: la mayoría ha recibido una generosa inyección de capital por parte de inversores institucionales como empresas, oficinas familiares y hasta fondos de pensiones, entre otros actores.

Y cuanto más temprano se hace la inversión, mayor es el riesgo, pero también, mayores los potenciales rendimientos.

Incluso si la empresa no está ganando dinero, los inversores pueden obtener ganancias al vender su participación a otros interesados.

La profesora Andrea Minardi señala que el volumen de inversión por parte de los fondos de capital de riesgo ha crecido en los últimos años.

Un ejemplo es el fondo de inversión japonés SoftBank, que ha invertido en distintas empresas alrededor del mundo. Ha hecho una apuesta por tres compañías brasileñas: Loggi, Creditas y Quinto Andar.

"Estos inversores saben que un gran porcentaje de las empresas colapsarán, pero un solo caso exitoso, puede generar hasta 80 veces el capital invertido", agrega Minardi.

¿Fin de un ciclo?

Paul Condra, de la empresa de investigación de mercado PitchBook, dice que el "sentimiento del mercado" ha estado cambiando y que el escenario se dirige hacia una mayor "racionalización".

Cada vez más inversores se preguntan si el modelo de negocio de estas firmas es realmente rentable y si es posible ver ganancias incluso en un horizonte más distante.

El telón de fondo para esta mayor "cautela", agrega, es la desaceleración de la economía mundial y la posibilidad de una recesión en Estados Unidos a mediano plazo.

A lo anterior se suman las dudas sobre el futuro de los unicornios que han ganado una gran visibilidad en los últimos años, como Uber y WeWork.

Las acciones de Uber, por ejemplo, han estado perdiendo valor desde su salida a bolsa en mayo.

Los desafíos que se cruzaron en el camino de la compañía son varios, desde una mayor competencia (ya que su modelo es más fácilmente replicable que el de Amazon), hasta problemas con la regulación del negocio en muchos países y escándalos internos, además del debate sobre la "uberización" del mercado laboral.

Esta "uberización" se refiere a la tendencia mundial hacia una mayor participación de los trabajadores independientes en el mercado laboral, en un contexto de menor acceso a los derechos laborales.

WeWork, la empresa que alquila oficinas compartidas, suspendió su salida a bolsa recientemente, luego que inversores y analistas expresaran sus dudas sobre la valoración inicial de la firma.

El mercado comenzó a cuestionar el valor de la compañía, cuando surgieron una serie de preguntas sobre sus operaciones.

Parte de las propiedades de alquiler de WeWork, por ejemplo, pertenecen a su fundador, Adam Neumann. Su esposa, Rebekah, también está involucrada en el negocio y, de acuerdo con el prospecto preliminar de la oferta pública de acciones, ella podría eventualmente ser la sucesora de su marido, si este no pudiera cumplir con sus funciones.

Presionado por los inversores, el 24 de septiembre Neumann renunció como director ejecutivo de la firma y anunció cambios en el manejo del negocio en respuesta a las críticas.

(Este artículo es una adaptación de la versión original).

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