Chile sufrirá este año la peor crisis económica desde los '80. Así lo corroboraron esta mañana las nuevas proyecciones económicas comunicadas por el Banco Central, que en el peor escenario ve una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 7,5% y en el menos malo una de 5,5%.

Este rango contrasta con cifras anteriores de bajas que iban entre 1,5% y 2,5%.

Como contraparte, durante 2021 y 2022, la economía irá recuperándose, registrando crecimientos entre 4,75% y 6,25% y entre 3% y 4%, respectivamente.

En el encuadre del escenario central, la entidad estima que el consumo se contraerá en torno a
4% este año, principalmente por su componente privado.

Tras la fuerte caída del segundo trimestre, esta proyección asume que los hogares continuarán
afectados por la baja de los ingresos
y la elevada incertidumbre, elementos que son morigerados por las medidas de protección social, como el Ingreso Familiar de Emergencia y los programas de apoyo fiscal enfocados a los más vulnerables.

La formación bruta de capital enfrenta la posibilidad de disminuir 15,9% en 2020 para luego repuntar en los ejercicios siguientes 8% y 4,7%.

En el IPoM, el banco destaca que la evolución de la pandemia del Covid-19 y las acciones adoptadas para su contención constituyen un shock sin precedentes y de gran magnitud para la economía mundial. "Su impacto inmediato ha sido severo, su prolongación mayor a la esperada y sus repercusiones de largo plazo aún inciertas", advierte. Y, en este sentido, agrega que ningún país del mundo ha escapado a este fenómeno, proyectándose que la mayoría de ellos experimente significativas caídas de la actividad este año, donde Chile no es la excepción.

Sobre la contracción prevista para el año, la entidad señala que "parte importante" ya ha ocurrido, tomando en cuenta las caídas de actividad en marzo y abril, previéndose que la de mayo y junio "habrán sido superiores a esta última (-14,1%) "debido a la ampliación de las cuarentenas en la región metropolitana y a las principales zonas urbanas de la región de Valparaíso".

En este contexto, el reporte sostiene que los principales componentes de la demanda interna han experimentado importantes ajustes y las presiones inflacionarias se han reducido "drásticamente", lo que ha llevado a que las autoridades hayan articulado "respuestas inéditas a este escenario, utilizando el espacio de política generado durante décadas de responsabilidad en el manejo macroeconómico y financiero".

En esta perspectiva se inscriben las decisiones tomadas por el Consejo en la Reunión de Política Monetaria de ayer, ocasión en la que se decidió intensificar el impulso monetario a través de medidas no convencionales de apoyo a la liquidez y el crédito.

"En la misma línea se inscribe el impulso fiscal producto del reciente acuerdo entre el Gobierno y la Comisión de Hacienda ampliada en torno a un Plan de Emergencia para los próximos veinticuatro meses. Ambas iniciativas prácticamente duplicarán el esfuerzo monetario y fiscal para amortiguar el impacto de la crisis sanitaria sobre los hogares y empresas chilenas", destaca el informe.

De todas formas y peses a lo pesimista de los números, el análisis de la autoridad monetaria advierte que lo inédito de la situación actual hace particularmente difícil realizar proyecciones, pues dependen en gran parte de factores que escapan del análisis económico. Esta elevada incertidumbre se ha reflejado en cambios en la forma de hacer proyecciones de todos los bancos centrales, lo que en este caso se refleja aumentado el ancho del rango de proyección para el Producto Interno Bruto (PIB) de 2020 y 2021, a dos y 1,5 puntos porcentuales, respectivamente.

Para 2022, el ancho del rango de proyección se mantiene en un punto porcentual, considerando que para esas fechas ya se habrá despejado algunas incertidumbres. 

En este contexto, el escenario central del banco supone que la recuperación comenzará a producirse durante el tercer trimestre, con una flexibilización de las cuarentenas que permitirá una reapertura gradual de la economía, permitiendo así una mejora paulatina de la actividad y el mercado laboral.

Sobre la disminución de la inversión, en torno a 16% en este ejercicio, el IPoM explica que ello responderá a una fuerte contracción de los sectores no mineros debido a las estrecheces y restricciones de los flujos de caja corporativos y la altísima incertidumbre. Se suma la postergación de la ejecución de los grandes proyectos en el 2020.

Hacia el 2021 y 2022, en cambio, se prevé un repunte, considerando que para entonces ya se habrá despejado o aminorado las incertidumbres, los grandes proyectos de inversión retomarán su desarrollo en plenitud y el gobierno elevará la inversión pública en infraestructura y vivienda como parte del Plan de Emergencia acordado. "Resta por determinar cómo las empresas se ajustarán al mayor nivel de endeudamiento que se está generando para cubrir las actuales necesidades de financiamiento", señala.

 

Publicidad