Es el tercer producto de exportación de Brasil, después de la soya y el hierro. La carne brasileña conquistó el mundo y se convirtió en sinónimo de calidad en más de 150 países.

Sin embargo, este sello de garantía está en riesgo desde el viernes. Ese día, la Policía Federal reveló un esquema de adulteración de este producto -con sustancias químicas cancerígenas- en al menos 21 plantas de JBS y BRF, empresas líderes del rubro a nivel mundial.

Por la naturaleza de los hallazgos, la operación Carne Débil tenía el potencial de causar un daño significativo al mercado interno.

Después de todo, ¿qué brasileño va a querer comprar -y consumir- carne posiblemente adulterada?

El problema se agrava más cuando se aplica la misma pregunta a los compradores internacionales.

El lunes, Chile, China, Corea del Sur y la Unión Europea (UE) suspendieron temporalmente las importaciones de las compañías implicadas en el fraude.

Debido a esto, según los economistas consultados por BBC Brasil, el impacto en la economía doméstica puede ser "más grande de lo imaginado".

Ellos sostienen, sin embargo, que todo "depende de cuánto duren las restricciones y si más países se adhieren".

"Mal momento"

Sin embargo, existe un consenso: la operación de la Policía Federal llegó en un "mal momento" para la agroindustria, uno de los pilares de la economía brasileña, que estaba mostrando signos de recuperación.

"A Brasil le costó abrir nuevos mercados y ahora la imagen del país se ve sacudida afuera", le dice a BBC Brasil José Carlos Hausknecht, de Agro MB, la rama agrícola de la consultora MB Asociados.

"Es difícil predecir lo que sucederá, pero no hay duda de que este escándalo será perjudicial para la economía brasileña".

En otras palabras, puede conducir a una prolongación de la recesión, lo que afectará la vida de todos los brasileños.

Según estimaciones de LCA Consultores, en el peor de los casos -si todos los países suspenden las importaciones de carne brasileña- el impacto sobre el Producto Interno Bruto (PIB) puede ser de hasta 1 punto porcentual en 2017.

La previsión oficial del gobierno, que debe ser revisada a la baja en los próximos días, era de una expansión de 1%.

"Es decir, si se confirma la hipótesis más pesimista, la recuperación se daría recién en 2018", dice Bruno Campos, economista de LCA.

Desempleo e inflación

El descubrimiento del esquema de la carne adulterada tendrá consecuencias para la economía brasileña, según los expertos, debido a la "importancia de la industria".

Actualmente, de toda la carne producida en Brasil, el 80% es consumido por el mercado interno. El resto se vende afuera.

En 2016, las exportaciones brasileñas del producto ascendieron a más de US$14.000 millones, o el 7,5% de las exportaciones totales, sólo superadas por el hierro y la soya.

Además, la industria tiene una cadena de producción "muy extensa" con "efectos indirectos", dice Gesner Oliveira, miembro de GO Asociados.

Oliveira estima que una reducción del 10% en las exportaciones de carne brasileña podría costar 420.000 puestos de trabajo y US$1.100 millones menos en recaudación de impuestos, noticias nada positivas en un momento de crisis fiscal.

También podría aumentar la inflación si se emite "algún tipo de orden para retirar del mercado las carnes ya distribuidas", le dice a BBC Brasil André Perfeito, economista de Gradual Inversiones.

Sin embargo, Perfeito admite que el impacto inflacionario sería residual,ya que el peso total de la carne en el índice oficial de precios es solamente del 3,69%.

"En este sentido, un aumento del 2% en el valor de este producto podría tener un impacto de 0,07% en el nivel general de inflación. Si la inflación fuera de 4,50%, quedaría en 4,57 %", explica.

"Pero se necesitan más detalles sobre cómo ocurriría esto, porque hasta ahora no hay noticias de desabastecimiento y (el escándalo) no afecta a toda la cadena de carne", añade.

Competencia y proteccionismo

Los expertos también señalan que, debido a las irregularidades recién descubiertas, Brasil podría perder terreno frente a otros competidores en el mercado mundial de la carne.

En este sentido, dijeron, sería un "gran revés" para una industria que se había convertido en una prioridad para los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016).

Durante estos mandatos se destinaron recursos públicos (a través del BNDES, el banco nacional de desarrollo) para la creación de los llamados "campeones nacionales".

Con pleno apoyo del gobierno, empresas como JBS y BRF formaron monopolios y se proyectaron internacionalmente.

"Hoy en día, el mercado es muy competitivo. Cualquier descuido puede ser fatal", dice Oliveira, de GO Asociados.

Hausknecht, de MB Agro, está de acuerdo con que el escándalo termina creando una oportunidad para los competidores potenciales, pero considera que, en la actualidad, no hay países a la altura de Brasil.

"Australia, por ejemplo, que podría ser una alternativa a Brasil en el suministro de carne a China, aún está recuperando su ganado", dice, aludiendo a la grave sequía que obligó a los productores australianos a aumentar el número de animales por sacrificar.

"Estados Unidos, el segundo mayor productor mundial de carne vacuna, tampoco tiene mucha entrada en el mercado chino debido a la escalada de tensión entre Washington y Pekín", agrega.

"Por último, India es también otro importante exportador de carne de res, pero es de mala calidad", sostiene.

Para Campos, de LCA Consultores, la mayor consecuencia del escándalo es que da motivos a los gobiernos para imponer más aranceles a Brasil, en un contexto de aumento del proteccionismo en el mundo.

"Donald Trump (el presidente de Estados Unidos) ya ha manifestado su intención de recurrir a medidas proteccionistas. En este caso, este escándalo puede ser usado como una excusa", concluye.

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