– ¿Qué te parecieron las declaraciones de Giorgio Jackson -aunque luego se disculpó- sobre una supuesta diferencia ética con pasadas administraciones?

-Es una declaración muy desagradable y contradictoria con lo que había dicho el Presidente, cuando dijo que estaba parado sobre hombros de gigantes.

-Una frase del ministro fue: “Nuestra escala de valores y principios en torno a la política no solo dista del gobierno anterior sino de la generación que nos antecedió”.

-Lo que refleja esa frase es una ausencia de una cultura de gobierno. Claro, en todas las generaciones, en todos los gobiernos se producen hecho censurables, desde el punto de vista ético. Y este gobierno no escapa ni va a escapar a eso. Dentro de una democracia nadie puede arrogarse una superioridad moral. Es un error y una muestra de soberbia verdaderamente inaceptables.

-Jackson también dice que “tenemos infinitamente menos conflictos de interés que otros que trenzaban entre la política y el dinero”. ¿Lo ves como una crítica a la transición?

-Esa es una visión caricaturesca de la enorme obra que realizó la Concertación. Fue una transición democrática que ha sido un ejemplo en todo el mundo. Con errores, por supuesto, pero qué obra humana no los tuvo. Y la Concertación también tuvo, y muchos. Pero los logros son enormes. Está por verse si el actual grupo dirigente va a tener esa capacidad. Por ahora, no se ve nada. Más bien se ven asomos de soberbia y de sectarismo.

-En una entrevista en Emol, mencionaste un concepto que me pareció interesante: “la banalidad del desconocimiento”. ¿En qué casos lo observas?

-Esto de marcar las casas, por ejemplo, me parece una banalidad del desconocimiento. Hay ignorancia del significado que ha tenido a lo largo de la historia marcar a algunos. Si hacemos el camino histórico podemos hablar de esto desde la matanza de San Bartolomé, en Paris del siglo XVI (donde se marcaron las casas de los protestantes, para distinguirlas de las de los católicos) , hasta las experiencias fascistas, nazis, del totalitarismo, donde se aplicaron este tipo de medidas. Cuando marcas una casa, ya sea para mostrar fuerza, estás cometiendo un error histórico. Y eso parece banal. No creo que haya maldad en quienes pensaron esto, es peor que la mala intención, es la ignorancia.

-¿Aludes a la banalidad del mal, de Hannah Arendt?

-Sí, claro. No pongo al mismo nivel lo que quiere decir Arendt con esto. Pero cuidado: cuidado con separar a un país  entre buenos y malos. La democracia no se divide entre partidarios y enemigos. Se divide entre opiniones distintas que tienen que convivir.

-Hablando de opiniones, ¿decidiste votar Rechazo?

-Más que hablar de mi voto particular, mi opinión es que el Rechazo es el mejor escenario para que se logre una nueva Constitución, que sea democrática, que plantee un estado social, que incorpore muchas cosas que están en el proyecto que se ha presentado, pero que cambie otras sustantivas, porque no ayudan al desarrollo de Chile y de su democracia.

Creo que eso es más fácil hacerlo en un escenario de Rechazo que de Apruebo.

-¿Por qué?

-Porque en un escenario de Rechazo hay un sector muy importante del Apruebo que tiene críticas al texto de la Convención y esas críticas pueden dialogar con las críticas de quienes rechazan pero también quieren cambios. Se puede generar una mayoría por un cambio que no signifique retroceso, que no sea volver a la vieja constitución ni mucho menos. En ese sentido, genera la obligación de discutir. Y los que quedarían fuera de esta conversación son los que no quieren por ningún medio que haya una nueva carta, el conservadurismo extremo, así como el ultraizquierdismo que considera que esta es constitución es una especie de Talmud, Corán o Biblia.

-¿Cómo evalúas la propuesta de la Convención?

-En el caso de que gane el Rechazo, ese proyecto habría fracasado como tal. Lo que no logró, y por eso yo me opongo a ese texto, es un acuerdo mayor. Porque una ley de leyes, un marco general requiere necesariamente un mínimo de unidad para ello. Y como ves, no estamos en un momento en que pese la unidad, sino más bien en un conflicto de descalificaciones.

-Has criticado el plurinacionalismo y también el hecho de que habrían “pueblos imaginarios”. ¿Qué quieres decir?

-Primero, mi visión es que en Chile existen pueblos, pero la nación es un concepto de la ciencia política que tiene una serie de exigencias y no creo que nuestra realidad sea de varias naciones, sino de una. En Chile se ha conformado un gran mestizaje, tremendamente mayoritario y eso somos los chilenos, incluidos los chilenos de origen mapuche, que somos casi todos. Hay que valorar ese mestizaje que ha generado un Chile unitario y que le ha permitido ser viable como país.

Segundo, existen pueblos originarios que se conservan viviendo como comunidades, y yo creo que hay que reconocer su relación con la tierra, con la lengua, con sus propias tradiciones, por supuesto, pero eso no significa fragmentar el país en once o doce naciones.

Y tercero, algunos de esos pueblos se extinguieron hace tiempo. Allí es cuando planteo la artificialidad. No es que algunos de estos pueblos no hayan existido, sí existieron, pero algunos dejaron de existir en el siglo XVII o XVIII.

-¿Como cuáles?

-Es complejo. En mis estudios que hice para mi libro de Valparaíso, llegué a la conclusión de que el pueblo Chango es un pueblo como tal que ya no existe. Esto pasa en muchas partes del mundo, donde aparecen tradiciones que son creadas para algún tipo de reivindicación.

-¿Qué esperas del 5 de septiembre?

-Ese día vamos a seguir siendo un país, vamos a seguir trabajando y se va a requerir conformar un acuerdo, gane el Rechazo o gane el Apruebo. El presidente Boric en cualquiera de los dos casos tiene que jugar un papel de jefe de Estado, estar por sobre las visiones completamente partidarias. Él tiene su visión, su coalición, dirige un Gobierno, pero es presidente de todos los chilenos. Y por lo tanto va a tener que contribuir de una manera muy importante a buscar un acuerdo, para hacer las modificaciones que sean necesarias al texto si gana el Apruebo o impulsar la formulación de una nueva constitución que tenga características diferentes a la actual si gana el Rechazo.

-El Presidente ha tenido posiciones cambiantes sobre este tema. ¿Ha sido confuso?

-Los presidentes pueden cambiar de opinión, tienen que ser flexibles, tienen que escuchar lo que pasa en el país. Ahora, esa flexibilidad es bueno que exista, pero no tan a menudo.

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