-¿Qué pasa después del plebiscito? ¿Cuál es el camino más directo a una constitución mayoritaria?

-En caso de que gane el Rechazo, yo creo que se constatan dos cosas: una, es la crisis puntual de legitimidad que tuvo la Convención y otra es la crisis potencial de legitimidad que tendría cualquier opción distinta a la que hubo en este proceso. Es una paradoja.

La gente quedó chata de la Convención, y terminó siendo bien crítica sobre su pega, aunque mejor evaluada que la del parlamento.

Por eso, de pronto aparecen alternativas competitivas como un eventual comité de expertos o un mix entre el Congreso y los especialistas. Dicho eso, tratar de apurar los tiempos, de cambiar el mecanismo, supone que la misma propuesta quede expuesta al riesgo de deslegitimidad en corto plazo. La gente quiere más participación de expertos, pero no significa que quiera un comité de puros expertos, sino que querría votar por gente con más sabiduría, con más expertise de lo que hubo en la Convención.

-¿Hay un rechazo al rol que pueda jugar el Congreso?

-Hoy, a diferencia de 2020, la gente quiere más expertos y gente de más edad. Lo que no ha cambiado de manera sustantiva es que la población en vez de políticos, prefiere independientes. Es decir, el parlamento sigue estando mal mirado, no ha ganado nada. Solo ha habido una decepción mayor con otro órgano, que fue la Convención

Estamos en una situación compleja porque hoy día la política está muy arriba del pony, y tiene mucha responsabilidad sobre sus hombros. Va a haber que hacer mucha política, pero al mismo tiempo la gente no le ha devuelto la confianza a la politica. El riesgo es que los políticos se engolosinen y crean que la decepción con la Convención supone una vuelta al poder de los políticos o una demanda para que la política tradicional de los partidos se haga cargo. Y no es así.

-¿Crees que lo más posible es una nueva Convención si gana el Rechazo?

-Sí, lo más probable es que haya una nueva Convención. A lo mejor elegida más rápidamente,  con menos tiempo, sobre la base de partir con algo ya definido. Uno debiera apostar a que haya una nueva Convención. Además eso le conviene a varios sectores. Al Gobierno particularmente la conviene, porque con eso podría darle un nuevo sello a su gestión, el sello que perdió, y anotarse un nuevo camino, con una Convención y un proceso constituyente que lleve el nombre de este Gobierno y con una nueva constitución que sea hija del Gobierno de Boric.

-¿Quieres decir que a Boric le conviene que gane el Rechazo?

-Yo creo que el Gobierno se fue convenciendo lentamente de que la probabilidad de que gane el Rechazo es cierta. Empezó a dibujar un horizonte de gobernabilidad, que se relaciona con conducir eventualmente un nuevo proceso constituyente.

El Gobierno se ha ido dando cuenta de que no sería tan malo tener la posibilidad de administrar y darle un nuevo relato a su mandato a partir de un nuevo proceso constituyente.

-¿Si gana el Apruebo sería más complejo?

-En un contexto donde gana el Apruebo, hacer las reformas en el corto tiempo va a ser muy muy difícil, sobre todo si los ciudadanos van a estar agobiados por la inflación, la violencia, etc. En un proceso de negociación muy peleado con los parlamentarios, el Gobierno quedaría súper atrapado. Con toda la frustración de perder un plebiscito, se empieza a dibujar un camino para La Moneda. Porque aunque gane el Apruebo, el escenario va a ser muy tenso. El Gobierno se ha ido convenciendo de que se la abrió una ventana de oportunidad si gana el Rechazo.

-¿Qué puede significar esa paradoja?

-El peligro es que el mundo político siga operando en torno a lo constituyente y la ciudadanía esté en otra. Pero al mismo tiempo, no se puede resolver el problema no haciendo otro proceso convencional constituyente, debido a la falta de legitimidad y credibilidad que hay todavía en los partidos y en el Congreso.

-Las encuestas dan por ganador al Rechazo. ¿Se puede dar vuelta el escenario?

-La elección está abierta todavía, se ha ido estrechando. Porque la gran mayoría de la gente está por un Rechazo light o un Apruebo light. Más allá de lo que aparece en la redes sociales o en las minorías que quieren polarizar, es posible que mucha gente en la urna, o en el día previo, se cambie de bando. Aunque sea obligatorio, la gente no le va a tener miedo a las multas, va a haber mucha gente que se va a levantar ese día, y por descarte va a elegir una de las dos opciones. Ojo con pensar que esta elección esta jugada.

-¿Por qué?

-El componente de voto obligatorio es inestimable. Y también, porque la calle va a volver a ser súper relevante.

-¿En qué sentido?

-El territorio va a ser clave. Ya lo fue algo con Boric, que dio vuelta la elección en terreno. El Rechazo , en cambio, parece estar más pegado a las campañas en redes sociales de la época de la pre pandemia. La calle va a ser importante y particularmente en los sectores populares, que no votaban. Va a entrar un millón de personas que no puedes anticipar qué predisposición van a tener.

-¿No varía el pronóstico el acuerdo por reformas al texto constitucional?

-Si gana el Apruebo va a haber que ver qué es lo que pasa porque hay un sector que no firmó o que firmó a regañadientes el acuerdo. Ahí están las dudas. Es interesante que todo el mundo de la centro izquierda y todo el mundo de la centro derecha tienen una manija o una llave mucho más relevante en la medida que gana el Rechazo. En cambio si gana el Apruebo son los sectores más extremos los que van a tener la manija.

-Eso es contra intuitivo…

-Ojo con esto: en la derecha los incentivos de Kast y de Chile Vamos no son exactamente los mismos, así como tampoco lo son en la centro izquierda los del Socialismo Democrático y los de Apruebo Dignidad y del PC.

En la derecha un triunfo del Rechazo favorece a ese mundo que ha empujado la idea de reformar. Pero si gana el Apruebo posiblemente Kast tenga un rol más importante. De ese modo, podría volver a presionar el Gobierno, polarizar, e incluso construir una plataforma presidencial.

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