No sabía que la estaban midiendo. Solo cuando el pasado 13 de junio se hizo pública la encuesta CEP, Marcela Cubillos se enteró de que era la cuarta figura política mejor evaluada del país. Y la única del gabinete presidencial entre las 20 con mayor conocimiento. Para celebrar, esa noche fue a comer al restorán Oporto, en Isidora Goyenechea, invitada por su equipo de asesores más cercanos. En el encuentro, cuenta un presente, brindaron por ella y su éxito político.

La irrupción de la ministra en el sondeo causó sorpresa también entre los técnicos y en la opinión pública. Educación es la cartera donde históricamente las cifras de adhesión popular tienen las más bajas aprobaciones. Pese a que la encuesta no mide personajes políticos de manera permanente, ni Nicolás Eyzaguirre, ni Felipe Bulnes figuraron en los 10 primeros lugares. Provoste nunca apareció en la encuesta, y solo Joaquín Lavín fue la excepción, quien llegó a tener 62% de adhesión como ministro de Educación. Aunque en menos de un año, se desplomó a la mitad.

Su estilo directo y frontal –calificado por algunos como duro y confrontacional– tiene a Marcela Cubillos como posible presidenciable de un sector y como blanco de críticas del otro. Ella no se deja amedrentar. En su círculo cercano dicen que es infranqueable y que los problemas parecieran no tocarla. Muestra de ello es que el domingo, en una entrevista televisiva, amenazó al Colegio de Profesores con descontar de sus sueldos los días no trabajados, poco después de haberse sentado por primera vez a negociar con el gremio tras cuatro semanas de paro.

“Tiene muchas condiciones políticas, sabe de educación, tiene liderazgo y es muy inteligente. Su debilidad está en que da peleas con demasiada fuerza que son imposibles de ganar, como las modificaciones al sistema de selección, que le han generado un clima adverso para poder negociar otras cosas. Hay un público y un sector, sobre todo en la derecha, que valora eso, pero esa forma de jugarse dificilita tener un clima favorable para sacar adelante sus proyectos”, señala Mariana Aylwin.

Jaime Bellolio, miembro de la comisión de Educación de la Cámara, señala que Cubillos sabe poner los ejes que hacen sintonía con la mayor parte de las personas. “Lo que incomoda a muchos es que se salta al intermediario técnico o al gremio para ir directo a la familia, al usuario que recibe los efectos de la educación”, dice. 

“No me cabe duda que mucha gente le ha dicho a coro, ‘Ministra, no haga eso porque se le van a tirar los profesores o la izquierda encima’. Y es ahí donde su valentía hace la diferencia. Hay un ataque encubierto de machismo, porque tiene más cojones que cualquier hombre”, señala un amigo.

La mesa

Cuando llegó al Ministerio de Educación, el 10 de agosto, lo primero que hizo fue cambiar los sofás de su oficina por una larga mesa de madera. “Era una especie de living, y ahora es un centro de trabajo”, señala un asesor. El mismo día citó a todo el equipo a La Moneda. “Esto es política”, les dijo, “no quiero tanto seminario, sino trabajar a mil”.

No quería hacerse cargo de esa cartera. Dos horas antes del primer cambio de gabinete, mientras estaba en una actividad en la Corfo, Sebastián Piñera la llamó al celular: “Ministra, la necesito en Educación”. “Déjeme verlo con Andrés (Allamand, su marido)”, le respondió ella. “Háblelo y la quiero acá a las 5:30”, replicó el mandatario. Cubillos había regresado a la política activa hace cinco meses –luego de ocho años fuera del Parlamento– para hacerse cargo de Medio Ambiente (MMA), una cartera chica que la tenía entusiasmada. Llegar al Mineduc no solo era un desafío político y profesional mayor, sino que además tenía una carga emocional: Gerardo Varela era el mejor amigo de su hermano Felipe, fundador de Desafío Levantemos Chile, quien murió en el accidente de Juan Fernández. Además, cuando había dejado el Congreso se había dicho a sí misma que no quería vivir en una situación de conflicto permanente. Y Educación era volver a la trinchera.

Puerta cerrada

A cada reunión Cubillos llega con un block para tomar apuntes, que después quedan archivados –a mano o a computador– en su oficina en impecables carpetas blancas ordenadas por tema. Los encuentros siempre comienzan con listas de tareas. “La ministra no puede acostarse si tiene alguna lista pendiente”, relata una persona de su entorno.

Llega a su oficina a las 8:30 de la mañana y se queda hasta alrededor de las 8:30 de la noche. Los lunes parten con una reunión de coordinación del gabinete a las 9:30, donde asisten los subsecretarios Raúl Figueroa, María José Castro; el jefe de la división de educación Superior, Juan Eduardo Vargas; la directora de la ADEP, Alejandra Grebe, y su jefe de gabinete; el jefe de asesores, Daniel Rodríguez; Juan Pablo Núñez, jefe legislativo; la ministra y Frías. Una hora más tarde se lleva a cabo la reunión donde se define su agenda semanal. Ahí participa el equipo de comunicaciones –liderado por Christian Stephens y compuesto por Alejandro Caroca, Flavia Acherman, Francisca Julve, Sandra Quevedo y Claudia Betancourt–, además de Frías y Rodríguez. Los martes y miércoles, la ministra y su equipo van al Congreso y cuando toca semana legislativa viajan a regiones. Los jueves y viernes los dedica a revisar contenidos y reuniones con los jefes de división.

Quienes se relacionan con la ministra dicen que las decisiones las toma sola –aunque en su entorno aseguran que siempre las discute con el subsecretario Figueroa–; que las reuniones nunca duran más de 45 minutos y que va siempre varios pasos más adelante del resto. “Cuando le planteas una idea nueva, lo más probable es que a ella ya se le haya ocurrido, la haya probado y la haya descartado”, asegura una persona de su entorno.

En el gremio de los funcionarios se quejan de que a diferencia de su antecesor, se han reunido con la ministra una sola vez en casi un año. El diálogo es a través del subsecretario. “A pesar de nuestras diferencias ideológicas, con Varela conversamos en muchas oportunidades, incluso él estuvo varias veces en nuestra sede tomando un café. Eso ni soñar con la ministra”, señala Egidio Barrera, presidente de los funcionarios del Mineduc (Andime). “La vez que fuimos a su gabinete, hubo mucha imposición, en circunstancias que nosotros le hicimos presente que los que conocían el desarrollo del ministerio éramos nosotros. Ella viene a hacer un trabajo, que es lo que ha hecho hasta ahora: desarrollar una agenda personalísima”, agrega.

Políticos versus técnicos

Los técnicos del Ministerio vieron en un comienzo su llegada con buenos ojos. Cubillos había sido miembro de la comisión de Educación de la Cámara de Diputados durante Bachelet uno. Por lo que sabían que además de expertise político, era una persona que conocía bien la materia. Sin embargo, al poco andar, el aterrizaje se tradujo en un “shock fuerte” en los equipos. Se generó una resistencia entre los que llegaron con su antecesor, que con el paso de los días no se suavizó. “Se formó esto de ‘los que llegaron con Varela y los que llegaron con ella’. Hoy está mutando a ‘los técnicos versus los políticos’”, agrega.

La primera decisión del nuevo gabinete fue centralizar la prensa, que hasta entonces funcionaba independiente en cada división. Eso, que desde el entorno de la ministra lo explican como una medida de austeridad, cayó como una patada en los equipos de los servicios, que sintieron que no los dejaban dar a conocer sus proyectos. “Todo se frena desde comunicaciones, que tiene su propia agenda”, advierte un ex funcionario, quien explica que esto se tradujo en que los únicos temas relevantes pasaron a ser Aula Segura y Admisión Justa. “Eso no implica que no se están haciendo otras cosas. No porque no se comuniquen tanto, no existen”, dice un asesor ministerial. Algo similar ocurrió con la entrega de resultados de la Agencia de Calidad, que se retrasaron seis meses esperando el visto bueno de la ministra.

Un técnico que ha asesorado a varios ministros de educación asegura: “Gerardo Varela puede haber cometido miles de errores, pero no borró lo que se había trabajado. Ella habla del sentido común de las personas. Pero un ministerio no puede regirse por eso, sino por políticas de trascendencia”, agrega.

Hernán Herrera, presidente de los Colegios Particulares (CONACEP), cuenta que a comienzos de 2018 se instaló una mesa técnica que interactuaba con los colegios subvencionados y que ha estado inactiva en los últimos cuatro meses sin una razón evidente. A su juicio, Cubillos se ha enfocado en lo que quieren y necesitan los apoderados: “Las dos leyes, Aula Segura y Admisión Justa, los interpreta plenamente. Ahora, desde el punto de vista de los sostenedores, todavía le falta mucho a su gestión para que los colegios puedan enfocarse en su labor de educar con calidad, más que preocuparse de una carga administrativa excesiva. Sin eso, da lo mismo si el sistema de admisión funciona o no”, señala.

Bellolio comparte el punto: “Pareciera que estamos haciendo políticas relevantes como Aula Segura, pero que no cambian la preocupación por lo que pasa en la sala. Creo que en esta segunda etapa, uno puede poner énfasis en temas comunicacionalmente menos vistosos pero educacionalmente más relevantes, como Todos al Aula y la educación parvularia”.

Huella política

Marcela Cubillos Sigall (52) es la menor de cuatro hermanos, todos hombres. “Cada vez que necesitábamos arquero la agarrábamos a pelotazos. De ahí viene su fortaleza y resiliencia”, cuenta su hermano mayor, Luis Felipe.

Hija del empresario y ex ministro de Relaciones Exteriores de Augusto Pinochet, Hernán Cubillos, estudió hasta segundo medio en el colegio Los Andes. Luego se cambió a la Maisonnette, quería “expandir sus horizontes”. Entró a Derecho en la UC en 1985, un año abajo de José Antonio Kast y uno más arriba de Felipe Ward. De inmediato se inscribió en el movimiento gremial y se formó bajo el alero político de Andrés Chadwick y Jaime Guzmán, quienes la proyectaban en un futuro más académico que político.

Fue vicepresidenta del Centro de Alumnos de la Facultad y compitió en la FEUC contra Claudio Orrego, con quien empató. Su pololo –y posterior marido–, José Antonio “Cote” Silva, presidió la FEUC en esos años y comenzaba una carrera política. Cubillos se inscribió en Renovación Nacional, donde conoció al dirigente Andrés Allamand, y cuando el partido se separó se fue a la UDI, siguiendo a su mentor, Andrés Chadwick.

Recién casada partió a Harvard por un año y medio esperando a su primer hijo, para acompañar a Silva. A su regreso trabajó como académica en la universidad. Pese a que en la UDI le pidieron varias veces que fuera diputada, solo cuando se separó y ante la necesidad de sustentar a sus tres hijos, se inscribió de candidata por Ñuñoa y Providencia en 2001. Sacó la primera mayoría. Al periodo siguiente fue a la reelección y volvió a ganar. Hasta que en 2010 dijo no más. “Nunca ha mirado la política como una carrera”, asegura una persona cercana a ella.

Tras cuatro años a cargo del Centro de Estudios y Análisis de la U. Mayor, Cubillos dio otro giro. Tenía pendiente trabajar como abogada y ejercer en algo donde pudiera ayudar, en un área que ella misma había sufrido: juicios familiares. Junto a Paula Vallebona abrió un estudio jurídico enfocado en ese tema. En eso estaba, hasta que comenzó la campaña presidencial de 2017. Y entonces recibió la invitación para ser ministra de Medio Ambiente.

El testigo de matrimonio y el factor Allamand

Piñera la llamó desde Tel Aviv la semana pasada apenas supo que se reuniría con los profesores, para preguntarle qué iba a hacer. Cubillos tiene línea directa con el presidente, a quien conoció primero como amigo de Allamand. “Antes que en política coincidieron subiendo cerros”, relata un cercano. Actualmente, además de las bilaterales, hablan varias veces por semana por teléfono o whatsapp.

La ministra fue la escogida para ver el eclipse junto a Sebastián Piñera y su mujer, Cecilia Morel, en el Observatorio La Silla el martes, un día después de que los profesores decidieran mantener el paro. El gesto del madatario no pasó desapercibido, ya que muchos esperaban que fuese el ministro de Ciencias, Andrés Couve, quien apareciera en la foto.

Tiene también una relación muy estrecha con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, quien es el testigo de su segundo matrimonio. Con él suele conversar de política, así como con el UDI Gonzalo Cordero, además de su marido. 

Cuando le han preguntado por la candidatura presidencial de Andrés Allamand, con algo de molestia responde que ambos se conocieron con carreras políticas separadas. Sin embargo, mientras algunos ven su presencia en Educación como una forma de mantener “neutralizado” al candidato RN, otros aseguran que aunque sea en las sombras, el senador rema en favor de su mujer. Lo habría hecho para la discusión del currículum, donde según expertos en educación, hizo varias llamadas telefónicas para defender la medida.

La irrupción de Cubillos en la CEP ha llevado a muchos a preguntarse si la ministra tiene aspiraciones presidenciales. En su círculo íntimo lo niegan y aseguran que solo le interesa hacer bien su trabajo. Jaime Bellolio asegura: “No lo veo así, porque una vez que el mismo Andrés dice que él las tiene, no veo que haya una disputa matrimonial por quién va a ser presidente”.

 

Vacantes

En mayo, el jefe de la Agencia de Calidad, Carlos Henríquez –nombrado por Alta Dirección Pública bajo el gobierno de Bachelet–, dejó el cargo. El puesto se encuentra vacante, mientras es dirigido interinamente por Juan Bravo.

Pocos meses antes, Cubillos le pidió también la renuncia al UDI José Palma, nombrado por Varela como jefe de Educación General, para poner en su puesto a Raimundo Larraín, hijo de Carlos Larraín y hombre de su confianza. A este se sumaron los movimientos en la división de Educación Pública (ADEP). Tras la salida de Rodrigo Egaña –que venía del gobierno de Bachelet–, el concurso fue declarado desierto, hasta que este lunes asumió su reemplazante, Alejandra Grebe. Por último, el pasado 19 de junio renunció el superintendente de Educación, Sebastián Izquierdo, nombrado por Piñera, para irse a trabajar a Horizontal. En el entorno del ingeniero comercial dicen que sintió que podía aportar más desde un think tank, ya que su trabajo no estaba en la agenda comunicacional del ministerio. “Ya no era prioridad, pese a que lo fue”, asegura un experto en educación. En el círculo de Cubillos, en tanto, dicen que su renuncia fue conversada y que obedece a una decisión de carácter personal.

Fútbol y ballet

Tras la funa en el cementerio, que Cubillos calificó de “acoso”, la ministra llamó a su jefa de gabinete, Fernanda Frías. No lloró, solo le comentó que tendría que andar con más cuidado cuando esté sola en la calle. Al día siguiente, su equipo la esperaba con una caja de chocolates. Fanática de todo tipo de bombones y de los masticables Arcor, pide que siempre le tengan en un frasco de su oficina. También lo es del fútbol: tiene abono en el estadio San Carlos de Apoquindo, donde va a ver a la Católica con dos de sus tres hijos y con Andrés Allamand. El segundo de ellos, León, vive en Estados Unidos, donde está becado en la universidad por ese deporte. “Si hay partido, estamos felices, porque sabemos que durante esas dos horas la ministra no nos va a llamar”, bromea una fuente de Educación.

Otra de las pasiones de la ministra es el ballet, que practica desde niña. Se inició en la academia de Evelyn Cordero, aunque en su círculo cuentan que, por tiempo, no ha podido bailar desde que está en el Mineduc.

En la semana, suele almorzar en el casino. Cuando sale, va a Foodlosophy o Blue Jar, que quedan abajo de su oficina en el centro.

La semana pasada, el mismo día que se reunió por primera vez con los profesores, fue en la noche a la casa de su mamá, Marcela Sigall, que estaba de cumpleaños. Cuando entró, sus sobrinas, hijas de Felipe, bromearon cantándole: “¡El que no salta es Cubillos!”, tal como le habían gritado horas antes en la calle.

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