“Tenemos una responsabilidad histórica como socialistas. Como Nueva Izquierda”. Esa fue una de las principales frases a las que apeló la jefa de gabinete de la Presidenta Michelle Bachelet, Ana Lya Uriarte, cuando intentó durante todo ese lunes 2 de octubre, convencer al subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy – quien se mantiene desde el martes haciendo uso de sus feriados legales- de no abandonar el barco.

En las largas conversaciones que tuvo con él junto a otros socialistas históricos como Osvaldo Andrade, salieron a relucir varias consignas que hace cuarenta años – en plena dictadura-, sellaron un pacto de amistad y lealtad que también incluyó a Bachelet.

El vínculo de la clandestinidad y la importancia de “ser un soldado”, fueron parte de los argumentos. Pero “Pancho”, como lo llaman sus cercanos, estaba indignado. Y sobre todo, dolido.

En el gobierno, Aleuy era hasta antes de esta crisis uno de los hombres más cercanos a la Mandataria, a quien conoce desde sus años de clandestinidad. Por lo mismo, a varios llamó la atención la estrategia del subsecretario socialista para plantarse a Bachelet, sobre todo teniendo en cuenta cómo otras figuras que pertenecían al entorno presidencial salieron de escena en la segunda administración bacheletista.

Algunos como Juan Carvajal, el poderoso jefe de la Secom del primer gobierno, salieron de la primera línea de forma definitiva, mientras que otros terminaron alejados, como María Angélica 'Jupi' Álvarez, hoy agregada en Roma.

De esas caídas y de las que vendrían Aleuy fue testigo directo. Ya en el segundo período de Bachelet en La Moneda, el subsecretario fue protagonista en la salida de Rodrigo Peñailillo del Ministerio del Interior, que se sumo a la relegación de Paula Walker a un cargo de menor visibilidad.

Ahora, fue el turno de Aleuy de caer en una dinámica donde la falta de confianza de Bachelet es el denominador común en el guión que ha botado al entorno presidencial.

Como sea, el problema de la actual crisis para el subsecretario no fue que la Presidenta cambiara de postura abruptamente y decidiera recalificar la ley antiterrorista para frenar una huelga de hambre de cuatro comuneros mapuches. Su molestia pasó por no ser parte de esa decisión y, en este caso, el hecho de que la Presidenta decidiera modificar la estrategia cuando él se encontraba en Buenos Aires –recabando más antecedentes de la operación Huracán que terminó con la detención de ocho comuneros mapuches-, le dio a Aleuy la sensación de que no fue parte del núcleo cerrado de lealtad que siempre definió la relación entre ambos.

La indignación del petit comité de Aleuy

El miércoles 27 de septiembre, el jefe de la división jurídica del Ministerio del Interior, Luis Correa, advirtió que no habría ninguna posibilidad de retirar la querella por ley antiterrorista. “No la vamos a levantar, no vamos a hacer una recalificación”, sentenció.

Dos días después, sin embargo -con Aleuy en Argentina- el ministro del Interior, Mario Fernández, anunció la recalificación de la querella, tras reunirse dos veces con familiares de los huelguistas.

La historia no quedó ahí, y 24 horas después la tensión creció con un nuevo ingrediente, cuando el ministro de Desarrollo Social, Marcos Barraza (PC), criticó en entrevista con El Mercurio el “efectismo comunicacional” de la operación Huracán respaldada por Aleuy. Eso, además de descartar que en Chile existiera terrorismo.

En medio de las evidentes contradicciones, la gran duda en el equipo de Aleuy era si La Moneda o la propia Presidenta sabían que Barraza haría esas declaraciones. Según varios parlamentarios oficialistas, la vocera Paula Narváez transmitió que nadie lo supo antes, que Barraza no le avisó a ningun personero de Palacio y que si ella hubiese conocido el contenido, habría intentado bajarla.

Los asesores más cercanos a Aleuy comenzaron a transmitirle al subsecretario que La Moneda definitivamente les había “quitado el piso” de manera brutal, y transmitieron al oficialismo que lo sucedido era una traición inaceptable de Bachelet y que Aleuy tenía todas las intenciones de renunciar a su cargo.

De hecho, en el segundo piso de Palacio dicen que fue ese círculo el que “azuzó” al subsecretario: “No contribuyeron en poner la pelota en el piso. Trabajaron más como equipo de trabajo, en vez de abordar una política pública”, explica un amigo de Ana Lya Uriarte que prefirió mantenerse en reserva.

Además, en La Moneda había una molestia profunda con el PC, porque sintieron que Barraza respondió a una instrucción directa del partido que tuvo claros objetuvos electorales: a juicio de varios personeros, lo que hicieron los comunistas fue recordar a la opinión pública su solidaridad con el pueblo mapuche y su rechazo irrestricto a la aplicación de la ley antiterrorista.

“Las declaraciones del ministro Barraza fueron muy desafortunadas, no tenía nada que meterse en esta cosa”, reclamó Andrade durante todos estos días. En la misma idea, el secretario general PS, Andrés Santander, afirmó que “el ministro Barraza se metió en un área que no le correspondía".

Garantías para el retorno

El miércoles, un día después de que la Subsecretaría del Interior enviara un escueto comunicado anunciando el inicio de vacaciones de Aleuy, la Presidenta Michelle Bachelet aceptó – de manera inédita-, hablar con la prensa en los patios de La Moneda.

La Mandataria quería enviar un mensaje: “El subsecretario Aleuy no me ha presentado ninguna renuncia”, afirmó, junto con decir que “ha hecho un gran trabajo como subsecretario del Interior” y que “somos amigos de muchos años, nos conocemos muchísimo, nos tenemos gran afecto, pero, por sobre todo, gran respeto”.

En el entorno de Aleuy dicen que de sus palabras se transmitió cierta confusión. Si bien valoraron que la Mandataria hablara de “afecto y respeto”, porque apelaba a esa relación histórica que los unió como militantes socialistas, también entienden que la Jefa de Estado dejó al subsecretario sin margen de acción.

Esto, porque antes de sus dichos había quedado en la nebulosa el retorno de Aleuy después de su descanso, situación que le permitía al subsecretario ganar tiempo para reflexionar con calma. Pero Bachelet descartó que Aleuy haya querido renunciar y ese mismo día, Narváez lo reafirmó diciendo que “al término de sus vacaciones, regresa”.

Con todo, Aleuy aún mantiene la incertidumbre, pero sus amigos creen que va a volver a sus funciones por su sentido de responsabilidad. Sin embargo, también estiman que en estos días debería exigir ciertas garantías que lo revaliden en el cargo.

“Tiene que existir la potestad que corresponde al subsecretario del Interior y no pueden tener diferencias, es clave la unidad de acción y que ese sea el estándar”, explica el senador Alfonso De Urresti.

El silencio de la mesa PS

Mientras la Nueva Izquierda socialista – facción que comparten Bachelet, Uriarte, Aleuy, Andrade, entre otros- intentaba solucionar el conflicto “entre dos compañeros”, en alusión a la Presidenta y el subsecretario, varios en el PS resintieron el silencio de la mesa directiva encabeza por el presidente Álvaro Elizalde.

En el partido dicen fue muy duro encontrarse con un enfrentamiento entre dos dirigentes históricos y muy queridos como Bachelet y Aleuy. En ese sentido, lamentaron que Elizalde – quien además fue vocero de la Presidenta al inicio de este gobierno-, no intentara intervenir sumándose a los esfuerzos para lograr un acuerdo o que hiciera alguna declaración de respaldo a ambos.

“Cuando uno tiene un militante destacado en un cargo de gobierno, debe estar pendiente de lo que le sucede. Aleuy representa al PS en La Moneda y también debe estar molesto con la falta de apoyo de su partido, porque debió haber tratado de mediar. El PS debió haber intervenido y haber estado inserto en esta discusión”, lamentó el senador Rabindranath Quinteros.

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