Por Juan Cristóbal Villalobos

El domingo pasado, poco después de las siete de la tarde, el decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, sonrió con satisfacción, aunque no necesariamente por el triunfo de Sebastián Piñera. En la radio Bío Bío, invitado como analista político, Guzmán comprobó que, por segunda vez, que la encuesta “Panel Ciudadano” de la UDD había acertado en sus resultados. Esta pronosticó, con menos de un 0.1 punto porcentual de diferencia, el 54,58% de Sebastián Piñera versus el 45,42% de Alejandro Guillier. Horas después, llamó a María Estela y Juan Pablo Lavín León –hijos del alcalde de Las Condes y sobrinos de la esposa de Guzmán, Asunción- junto a quienes desarrolló este tipo de medición. En noviembre, contradiciendo todas las otras mediciones, habían pronosticado un 20% a Beatriz Sánchez, un 25% a Alejandro Guillier y un 39% a Sebastián Piñera.

El sociólogo cuenta que la idea de introducir esta tecnología partió hace cinco años, a raíz del trabajo de tesis de María Estela Lavín, quien buscaba una manera innovadora de hacer estudios de opinión. Con Guzmán como profesor guía, ambos desarrollaron un sistema de consulta a un grupo permanente de personas, elegidos en forma aleatoria. Esto, a través del envío de mensajes de texto, que no se cobran a quien lo recibe y utilizando un software compatible con teléfonos de distintas compañías. La metodología la testearon en Portezuelo, donde viven los padres de Joaquín Lavín y funcionó como una efectiva herramienta para dar información e investigar sobre distintos temas.

“Descubrimos que este sistema era como un people meter, ya que el teléfono funcionaba igual que una teclera”, cuenta el analista político. En esa etapa se integró Juan Pablo Lavín, también hijo del ex candidato presidencial, quien, gracias a una beca en la OEA, viajó a Estados Unidos y a Corea del Sur, donde se contactó con desarrolladores de encuestas panel vía smartphones.

Con el aspecto técnico solucionado, Guzmán entusiasmó a Federico Valdés, rector de la UDD, universidad que le inyectó recursos. Así, desde hace dos años y medio, semanalmente realizan preguntas a 1.200 personas de la Región Metropolitana, de todas las edades y estratos sociales. Quienes contestan acumulan puntos que se pueden canjear por entradas al cine, cafés en Starbucks o, lo más popular, cargas en la tarjeta BIP. Las preguntas van desde qué opinan del rodeo o de las AFPs hasta del Super Tanker o de la disputa Cecilia Pérez-Yerko Puchento. Además, se agregan preguntas que permiten determinar si los encuestados irán a votarán y cómo van evolucionando sus preferencias políticas.

“Puesto que el sistema panel siempre consulta a la misma gente, lo que no hacen los otros estudios de opinión, podemos conocer más en detalles las características de las personas y cómo reaccionan frente a distintos eventos. Eso es clave en un escenario con votantes tan volátiles y poco ideológicos como los de hoy”, explica el decano de la UDD.

Durante la campaña de la segunda vuelta, este equipo realizó tres encuestas, las que no se hicieron públicas. La primera se hizo el 20 de noviembre, en la que Alejandro Guillier y Sebastián Piñera aparecían empatados. Otra, el 1 de diciembre, en la que se empezaba a ver un distancia a favor del ex Presidente. La última se realizó el 13 de diciembre, la que arrojó un 54,6% para el candidato de Chile Vamos y un 45,4% para el senador oficialista.

Para comprobar si habían acertado, el último sondeo se guardó en una notaría y se publicó solo después de la segunda vuelta.

-¿Qué hizo cambiar a la gente a favor de Piñera? 

-En forma constante el panel nos había demostrado que entre el 10 y el 12% de los que detectamos que irían a votar, modificaban su opinión muy fácilmente y por cosas menores, como por algo que un candidato dijo o hizo. O, simplemente, por la subjetividad del día. Ese es el problema que tienen la mayoría de las encuestas, ya que al cambiar a los encuestados es imposible conocerlos y calcular con certeza el voto probable.

Si bien todavía no preguntamos por qué la gente votó por uno u otro candidato, mi hipótesis es que el gran error de Guillier fue basar su campaña en “todos contra Piñera”. Ante un público más pragmático y educado no sirve el definirse como lo que tú no eres. Tienes que decir lo que sí eres.

Además, centrarse en el concepto del “legado” de Bachelet también fue muy ambiguo, por mucho que ella tuviera el 40% de apoyo y que Guillier solo estuviera en el 22%.

-¿Qué características debería tener el gobierno de Piñera en este escenario tan cambiante?

-La alternancia del poder ya se instaló, por lo que ahora su desafío y la forma en que se medirá su éxito es por si logra traspasarle el gobierno a alguien de su sector.

Su objetivo tiene que ser lograr la unidad, ya que Chile todavía tiene muchas fracturas políticas y sociales. Eso no es fácil porque se deberán limar asperezas y divisiones, pero si Piñera lo logra, podrá construir una “plataforma ideológica” para traspasar a un próximo gobierno. Ese debería ser su legado.

-¿Quién representaría mejor este legado Felipe Kast o Manuel José Ossandón?

-¡Qué pregunta más difícil! Si alguno de ellos se apura mucho al tratar de generar hegemonía por sobre el resto fracasará. Lo que ambos deben hacer es lograr consensos en esta nueva derecha y tener un sintonía muy fina para no alejarse de este electorado tan frágil.

-¿Existen varios tipos de derecha como dice el senador Manuel José Ossandón?

-Efectivamente la derecha tiene distintas formas, pero el consenso está dado por la visión económica común que existe en el sector y, cada vez más, en torno a lo valórico. Hoy Piñera tiene mucho más despejado el camino en esos temas, que en otros momentos han generado conflictos en la derecha. Estos ya están zanjados o no tienen urgencia en ser abordados.

-¿Ossandón será un “dolor de cabeza” para Piñera?

-Él aprendió que no puede caer en el olvido. Sabe que para suceder a Piñera tiene que competir con varios nombres más, algunos de los cuales pueden surgir en el próximo gabinete, por lo cual debe estar vigente y generar consensos en su sector. Especialmente si Piñera es exitoso en construir unidad. Para sucederlo, Ossandón necesitará la bendición del próximo Presidente y el apoyo de los que votaron por él. Por eso, creo que se va a cuidar más, sino, tendrá muchos problemas. 

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