Tras la derrota del oficialismo en las elecciones municipales de octubre, Carolina Goic endureció el tono con el Gobierno y, con tono desafiante, aseguró que “con la DC no se juega”. Tras esta suerte de advertencia, dicha el 25 de octubre, la senadora escaló un peldaño en más la molestia de su colectividad y anunció que como falange se restaban formalmente de las reuniones del comité político en La Moneda.

Lo que suponía un quiebre, la muestra de fuerza más evidente de la DC a lo largo de la administración Bachelet, duró apenas unos días y la colectividad retomó las relaciones con el Ejecutivo. Lejos estuvo del sugerente llamado a romper por completo relaciones con el gobierno.

La decisión de competir con Goic como candidata propia del partido en la primera vuelta presidencial, sin embargo, vino a profundizar el distanciamiento con el Ejecutivo.

La determinación falangista, que implica que por primera vez desde la recuperación de la democracia el conglomerado de centroizquierda va a enfrentar una presidencial con dos candidatos, tiene tensionado al oficialismo. Hoy, de hecho, la tensión pasa por la posibilidad de que existan también dos listas parlamentarias. 

Sin embargo, lo que asoma en el debate público como un quiebre manifiesto entre la DC y el resto de los partidos del oficialismo, está lejos de generar un éxodo falangista del aparato estatal. 

La DC está poniendo fin a un pacto electoral, pero no a su participación en un gobierno donde suma centenas de cargos para militantes de sus filas. Solo considerando las primeras líneas de mando, supera los cien funcionarios que trabajan para el Estado, entre ministros, subsecretarios, intendentes, gobernadores y jefes de servicios.

4 ministros y 11 subsecretarios

En el gabinete, por ejemplo, la DC cuenta con cuatro ministros: Interior (Mario Fernández), Economía (Luis Felipe Céspedes), Trabajo (Alejandra Krauss) y Obras Públicas (Alberto Undurraga).

La primera asoma como la cartera política más apetecida por los partidos de los conglomerados de gobierno, y las tres restantes son ministerios sectoriales considerados clave para la marcha del Gobierno y, al menos el MOP, una tribuna ideal para perfilar liderazgos a nivel nacional: por esa cartera pasaron candidatos presidenciales como Laurence Golborne y Ricardo Lagos Escobar.

Si bien a nivel ministerial la DC ocupa el segundo lugar detrás del PPD (partido que tiene cinco secretarios de Estado), ello se subsana en la segunda línea, donde la tienda que preside Goic cuenta con 11 subsecretarios, lo que representa casi un tercio de los 34 cargos en esa línea.

Entre las subsecretarías con alta exposición pública e influencia política, la DC tiene a sus militantes Jaime Burrows en Salud Pública y Edgardo Riveros en Cancillería (caso aparte es el de los embajadores políticos del partido, como Mariano Fernández en la Santa Sede, Mónica Jiménez en Israel y Gabriel Ascencio en Ecuador).

11 millones de chilenos bajo "gobierno" de un DC

A nivel de gobiernos regionales, la Democracia Cristiana tiene un tercio de los intendentes: cinco de un total de 15. El peso de la falange en este ámbito se acrecienta al considerar que cuatro de sus intendentes están a cargo de las regiones más pobladas del país: Región Metropolitana (Claudio Orrego), Valparaíso (Gabriel Aldoney), Biobío (Rodrigo Díaz) y La Araucanía (José Miguel Hernández). Además tiene la jefatura regional de Antofagasta (Arturo Molina).

En total, a nivel de intendencias, la colectividad gobierna a más de 11 millones de habitantes. Y es esta presencia a nivel regional uno de los factores que explican por qué la DC impulsa con fuerza la idea de que se apruebe ahora la elección directa de intendentes, porque consideran que corren con ventaja respecto del resto del oficialismo.

Una línea más abajo vienen los gobernadores. En este rango, la Democracia Cristiana cuenta con 19 cargos, aunque algunos independientes pro DC elevan la cifra virtual.

A modo de "subtotal", entre las cabezas de las primeras cuatro líneas de mando del Ejecutivo -ministro, subsecretarios, intendentes y gobernadores-, la DC suma 39 nombres que militan en sus filas. Y cada uno de ellos arma equipos de trabajo donde es común que, junto a la confianza y las aptitudes, se comparta también la militancia política.

Seremis y jefaturas de servicios

En tanto, a nivel de secretarías regionales ministeriales (seremis), los brazos del aparato estatal a lo largo del país, la DC tiene más de 60 cargos. En algunas regiones, el partido tiene una alta representación, como en la Araucanía, donde -por ejemplo- de 72 cargos a nivel regional, la falange tiene la mitad, entre seremis y jefaturas de servicio, además del intendente.

En la Novena Región, la Democracia Cristiana triplica en cantidad de cargos al PS y el PPD.

A nivel de jefaturas de servicio, en tanto, al comienzo del Gobierno la falange se quedó con algunas direcciones estratégicas, como el Sename y también tuvo a su cargo el Registro Civil, pero ambas las perdió tras una serie de cambios.

Actualmente, el partido tiene, entre otras, la Dirección del Trabajo y el Injuv. Además, algunas reparticiones están a cargo de figuras cercanas a la DC, como el Sernac, la Junji y la Dirección de Crédito Prendario (Tía Rica).

“Un disparo en el pie”

Llegar a primera vuelta supone por primera vez en 28 años tener dos candidatos presidenciales del mundo de la centroizquierda, lo que pone fin a una alianza histórica entre la socialdemocracia y el humanismo cristiano.

Varios analistas consultados coinciden en que la DC no romperá con el Gobierno, pero sí con la coalición actual, con la que algunos sectores del partido no se sienten cómodos.

“Lo que se está rompiendo es la coalición político-electoral, pero la coalición de gobierno aún se mantiene, por lo que no es esperable que la DC llame a todos sus ministros, subsecretarios y jefes de servicio, gobernadores y seremis a renunciar”, dice el cientista político y académico de la Universidad de Talca, Mauricio Morales.

A su vez, el director ejecutivo de la Fundación por la Democracia, René Jofré, plantea que salirse del Gobierno no tendría efectos prácticos, y “sería como un disparo en el pie”.

Si bien las muestras de fuerza de la falange han provocado varios capítulos de tensión en la actual administración de Bachelet, para algunos como el académico de la UDD y columnista de T13.cl, Gonzalo Müller, esta vez se trata de algo que es “más que una bravata”. A su juicio, existe “un sector de la DC que siente que se está jugando más que una elección con llegar a la primera vuelta, que se está jugando el espacio político que representa el partido”.

Según el abogado y columnista de Tele 13 Radio, Gonzalo Cordero, “la DC puede perfectamente mantener un discurso crítico de la candidatura de Guillier, de la izquierdización progresiva de la Nueva Mayoría, pero manteniendo una muralla china respecto de la gestión del Gobierno y de la Presidenta”.

En eso, asegura el columnista, “hay una suerte de pacto tácito en que la Presidenta acepte ese modus vivendi, esa forma de relación”.

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