Muchos niños en su infancia, sobre todo los nacidos entre fines de los '80 y principios de los '90, descubrieron que en materia de consolas y videojuegos las apariencias engañan. Y el duro maestro en esta materia tenía un nombre definido: El PolyStation.

Si un familiar poco entendido en videojuegos se encargaba del regalo de Navidad, por lo general llegaba con esta consola de módico precio que nos prometía hacer vibrar con más de 999.999 juegos en uno... juegos que resultaban ser muchos iguales. 

Al menos, las consolas simulaban bien por fuera, ya que muchas eran un simil cuidadosamente armado del PlayStation 1. La desilusión y posterior resignación -porque muchos gastamos horas jugando a uno de esos múltiples y básicos juegos- se daba cuando conocíamos qué tenían por dentro.

¿Qué fue de las consolas alternativas como PolyStation? 

Hay que decir la verdad: No sólo existía el PolyStation. Las consolas alternativas eran muchísimas y poblaban de tanto en tanto importadoras de todas las ciudades y las ferias navideñas cuando llegaba diciembre. Pero a pesar de esa diversidad, las consolas eran prácticamente clones. Todas funcionaban con cartuchos tipo Nintendo de la primera era. 

Esto no era del todo malo, ya que la mayoría de los cartuchos originales de NES también funcionaban en estas consolas. Con un nivel gráfico más pobre que en la consola original, pero funcionaban. Otra "ventaja" de estas consolas era que podían ejecutar tanto cartuchos europeos como japoneses.

Asimismo, el PolyStation solía lucir en su caja prometiéndote una inigualable experiencia de "99 juegos en uno", o "999 juegos en uno" o directamente y sin tapujos "999.999 juegos en uno"... una verdadera estafa porque si bien había tal cantidad de juegos, no existía algo claro que diferenciara uno de otro.

Muchas veces te podías encontrar con 99 ediciones pirata de Super Mario Bros, con la sola diferencia de la paleta de colores, el cielo del inicio o la etapa en la que partía. Así, los inescrupulosos creadores iban sumando juegos hasta conseguir prometer entretenimiento eterno. Crueldad pura.

Pero la apariencia y el contenido con sus 999.999 juegos en uno no era la única mentira. La PolyStation prometía muchas veces un sonido estéreo para dar con un insoportable sonido en mono, o incluso provocaban despropósitos como la mezcla de logos de Nintendo y de PlayStation.

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