Es el sector de mayor crecimiento en la industria pornográfica.

En Rumania, miles de mujeres trabajan como "cam-girls" o "chicas en cámara" desde estudios o desde sus hogares.

Se trata de un mercado que funciona 24 horas al día los siete días de la semana y la mayoría de los clientes que se conectan online están en América del Norte y Europa Occidental.

En el corazón de Bucarest, en la acera junto a un alto edificio de apartamentos, un grupo de mujeres jóvenes fuma, conversa y se ríe. Es una escena común en cualquier ciudad. Pero es de mañana y estas jóvenes llevan maquillajes elaborados, tacones extra altos y atuendos reveladores, muy diferentes a los vestidos veraniegos de otras personas que pasan por el lugar.

Dentro del edificio, Studio 20 ocupa los primeros dos pisos. Cuarenta habitaciones dan a corredores impecables, cubiertos de imágenes de mujeres glamorosas y no muy cubiertas.

Si la puerta de un cuarto está cerrada, significa que una mujer allí dentro está interactuando con un cliente internacional a través de una cámara web. Y mientras esté sola en la habitación, todo es legal.

En este mundo de relaciones virtuales y cibersexo, a las mujeres en frente de la cámara se les llama "modelos" y a los hombres que las miran se les denomina "miembros".

Lana trabaja en el cuarto número 8. La habitación tiene una gran cama circular con almohadones y hay un armario con algunos de sus atuendos.

"Generalmente uso vestidos, lencería o ropa de cuero", dice.

En un rincón del cuarto hay una enorme pantalla de TV, una costosa cámara detrás y luces profesionales.

Muchos pares de ojos pueden estar observando en vivo a Lana a través de sitios para adultos en internet. Pero la joven sólo gana dinero si un cliente pide una sesión privada.

Lana trabaja ocho horas al día y gana un promedio de US$4.700 al mes, 10 veces el salario de promedio de Rumania.

Como empleador de Lana, Studio 20 también gana cerca de US$4.700 al mes gracias a sus sesiones privadas.

Y en la cima de esta pirámide está LiveJasmin, el sitio online que hace streaming del contenido de Studio 20 y es responsable de recolectar los pagos con tarjeta de crédito de los clientes.

LiveJasmin obtiene por mes más de US$9.400 por las sesiones de Lana.

Este sitio online tiene entre 35 y 40 millones de usuarios diarios. En cada momento hay cerca de 2.000 modelos conectadas.

No es difícil entender cómo la industria del sexo con cámaras web generó según estimaciones entre US$2.000 y US$3.000 millones en 2016.

Lana se graduó en la universidad y trabajó en el sector inmobiliario hasta que Rumania cayó en recesión tras la crisis económica del 2008. Fue entonces que decidió ser una "chica en vivo". El recuerdo de su primer día frente a la cámara nunca se le ha borrado.

"Estaba sola en el cuarto, pero sentía que había cientos de personas a mi alrededor. No podía seguir el ritmo de todas las cosas que me decían y me pedían. Fue un verdadero shock".

"Pero luego aprendí a ser más perceptiva, a distinguir quién era un cliente dispuesto a pagar y a no perder el tiempo".

¿Qué sucede durante una sesión privada a través de una cámara web?

"La mayor parte es simplemente conversación. También hago juego de roles y una parte menor incluye desnudez y masturbación", señaló Lana.

A veces los clientes tratan de empujarla a hacer "cosas que no quiere", pero en general es Lana quien dirige el show.

"Depende de ti como mujer llevar la batuta y eso te empodera".

Lo importante es hacer que un cliente que paga permanezca online la mayor cantidad de minutos posible.

"Durante unos 10 minutes puedes jugar a ser sexy y adorable, pero luego más vale que tengas algo de que hablar o el cliente se irá", señala Andra Chirnogeanu, directora de relaciones públicas de Studio 20.

La empresa emplea a entrenadores, un psicólogo y una profesora de inglés. La mayoría de los clientes están en América del Norte y en Europa, y es esencial que las chicas puedan comunicarse con ellos.

Pero la profesora de inglés, Andrea, cumple una función que va mucho más allá de las habilidades lingüísticas.

"Les enseño sobre fetichismo y obsesiones sexuales y por qué las personas tienen esas fijaciones. Estudiamos Freud y mucha psicología. Y también un libro de gestos, porque las mujeres deben ser sensuales, inteligentes y hermosas".

La geografía también es importante para que las jóvenes hablen con sus clientes sobre el lugar en que viven.

"Y también para que puedan conversar sobre sitios exóticos", agrega Andrea. "Éste no es sólo un negocio de sexo, como piensan muchos. Las modelos deben poder conversar con sus clientes como si se tratara de una relación normal online. Si hablan de muchos temas la sesión es mucho más agradable para ambos".

Studio 20 es la mayor franquicia de estudios de este tipo en el mundo. Tiene nueve sucursales en Rumania, incluyendo una que emplea "chicos en vivo" para el mercado gay.

Sus otras sucursales están en Cali, en Colombia, en Budapest (Hungría) y en Los Ángeles (EE.UU.).

No todas las modelos trabajan en estudios.

Sandy Bell, quien obtuvo dos títulos universitarios, conversa con sus clientes desde su casa, como muchas otras jóvenes en Rumania. Sandy gana cerca de US$120 al día con sus sesiones, que complementan su salario como diseñadora de interiores.

Una de las ventajas de trabajar desde casa y tratar directamente con las compañías que hacen hosting online o alojamiento web es la independencia. Otra es que las jóvenes se quedan con un porcentaje mayor de lo que pagan sus clientes.

"La mayoría de mis clientes son tipos normales y agradables", dijo Sandy.

"Muchos miembros buscan amor. Quieren sentir conexión. Algunos te piden que los llames por su nombre de pila. O que les hables mientras bailas o haces strip tease. Yo soy muy honesta con ellos. Saben que tengo un novio y que jamás tendremos sexo en el mundo real".

Sandy vive con su pareja en un apartamento a las afueras de Bucarest. Él sabe a qué se dedica su novia, pero los padres de Sandy no tienen idea. Es común en esta industria que las chicas e incluso los dueños de los estudios oculten a qué se dedican.

Las jóvenes que hablaron con la BBC sólo se identificaron por su nombre de fantasía o su nombre de pila.

A diferencia de muchas mujeres en la industria del sexo, Sandy Bell no teme por su seguridad.

"¿Qué podría hacerme un cliente? Si es grosero o se pasa de la línea simplemente lo desconecto con un clic. Puedo hablar con el administrador del sitio y pedirle que prohíba su dirección en la red. Estos hombres están a miles de kkilómetros de mí, ninguno puede tocarme. Yo trabajo sola. Lo que hago no tiene nada que ver con la prostitución".

¿Es Sandy Bell una víctima? Ella dice que no, aunque feministas como Irina Ilisei señalan que se trata de un problema más complejo de lo que parece.

"¿Hacen una elección estas jóvenes? ¿O acaban en esta industria porque pueden ser manipuladas psicológicamente o no tienen estabilidad económica? Probablemente se trata de una combinación de los dos elementos".

Ilisei cree que dos factores ayudan a entender qué lleva a las jóvenes a convertirse en "chicas en vivo". Por un lado, Rumania tiene un alto índice de embarazo adolescente. Por otro, el 30% de los graduados universitarios no consigue empleo.

La industria de las cámaras web también hace todo lo posible por atraer mujeres jóvenes.

"Hay anuncios en los campus de las universidades", dijo Ilisei.

"Las estudiantes reciben mensajes directos en Facebook con ofertas de trabajo. Los estudios se presentan como verdaderas empresas y hablan de entrenamiento, habilidades y empoderamiento. Incluso les ofrecen bonos si convencen a sus amigas a hacer lo mismo".

En el caso de Lana, las sesiones online le han permitido ganar suficiente dinero para educar a su hija.

La joven asegura que invertirá el resto de sus ganancias y dejará el negocio en dos años.

Pero otras mujeres no pueden tomar decisiones con la misma libertad de Lana. Oana se siente afortunada de haber "escapado" de la industria del sexo.

Cuando era menor, a los 16 años, se enamoró y su novio la persuadió a hacer sesiones online.

"Me dijo que sólo debía conversar. Pero él estaba conmigo en el cuarto y lo que hicimos allí fue pornografía".

Es ilegal en Rumania que un hombre y una mujer aparezcan juntos en una de estas sesiones de cámara web, pero es difícil controlar si la ley se cumple.

Oana acabó trabajando como prostituta en Alemania hasta que juntó el coraje para volver a Bucarest y comenzar una nueva vida.

Ahora hace trabajo de prevención y conversa con jóvenes sobre su propia experiencia para mostrarles los peligros de la industria del sexo online.

"Hay chicas que siguen pensando que sólo estarán frente a una cámara y ganarán mucho dinero. Pero todo lo que sucede en esas sesiones afecta tu mente. El próximo paso es la prostitución. Ahora me doy cuenta de ello".

Lana no está de acuerdo.

"En este negocio vendes tu cerebro, no tu cuerpo", dice.

"Yo lo veo como una actuación, como un show. Pero éste no es un trabajo para cualquiera. Muchas chicas lo dejan después de semanas o días porque sienten que venden su cuerpo. Lo importante es tu actitud mental. Yo tengo mis límites y realmente no me siento explotada".

Andra Chirnogeanu, la directora de relaciones públicas de Studio 20, también rechaza la idea de que las sesiones online sean peligrosas o dañinas desde el punto de vista psicológico.

"Lo que sí es psicológicamente dañino es estar 12 horas en una oficina trabajando por un salario mínimo", señaló.

Pero el hecho de que muchas de las modelos eligen ocultar a qué se dedican es revelador.

Si Lana y Sandy Bell tuvieran un empleo bien pago usando sus estudios universitarios, ¿elegirían desvestirse para clientes en Fráncfort, Londres y Nueva York?

Las fotos de Lorenzo Maccotta forman parte de su serie premiada sobre la industria del sexo con cámaras web en Rumania.

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