Científicos en Estados Unidos detectaron detectaron ondas gravitacionales en el espacio creadas por la fusión de dos inmensos agujeros negros a unos 3.000 millones de años luz de la Tierra.

Se trata de la tercera vez que el Observatorio gravitacional de interferometría láser LIGO, "escucha" estas señales que producen ondulaciones de energía que distorsionan la estructura del tiempo y el espacio.

El análisis de las señales de este evento masivo -detectadas el 4 de enero de este año- indican que estos agujeros tenían, respectivamente, una masa 31 y 19 veces mayor que la de nuestro Sol.

Cuando se fusionaron crearon un objeto único de una masa 49 veces mayor que la del Sol.

La energía sobrante se irradió en el universo en forma de ondas gravitacionales que reverberaron en el espacio de forma similar a las ondas que se crean en un lago cuando lanzas una piedra.

"Estos son los eventos astronómicos más poderosos observados por el ser humano", explicó Michael Landre, del laboratorio LIGO en Hanford, EE.UU.

"En este caso, dos veces la masa del Sol fue convertida en deformaciones en la forma del espacio. Esta energía se liberó en un espacio muy corto de tiempo, y nada de esto tiene forma de luz. Es por eso que para detectar las ondas debes tener un detector de ondas gravitacionales (que "escuchan" el universo)", añadió.

"Escuchar" al Universo

La detección de ondas gravitacionales ha sido considerada como uno de los avances en física más importantes de las últimas décadas.

Percibir las distorsiones en el espacio-tiempo que se producen como resultado de eventos explosivos representa un cambio fundamental en el estudio del Universo, ya que esta nueva aproximación permite observar antiguos eventos invisibles a los radiotelescopios o a los telescopios ópticos.

Los instrumentos de LIGO les permiten a los investigadores "escuchar" estos eventos detectando las vibraciones que crean en la estructura del cosmos.

Gracias a este nuevo tipo de astronomía, científicos han descubierto un nuevo tipo de agujeros negros.

Las señales de los agujeros detectados en enero muestran que el par se precipitó el uno hacia el otro girando a la vez sobre sí mismos y en una vertiginosa danza espiral conjunta, pero al menos uno de ellos rotaba desalineado con la órbita global.

Esto "favorece ligeramente la teoría de que los dos agujeros negros se formaron de manera independiente en un cúmulo estelar denso, y que se hundieron hacia el núcleo del cúmulo, en lugar de formarse conjuntamente a partir de una pareja de estrellas orbitantes", señaló Laura Cadonati, portavoz de LIGO.

Einstein tenía razón

Por otra parte, la astronomía de las ondas gravitacionales permite poner a prueba nuevamente las teorías de Einstein.

Debido a que la fusión detectada en enero ocurrió a una mayor distancia -el doble- en comparación con los dos eventos anteriores ocurridos en 2015, a los investigadores les resultó más fácil buscar un efecto llamado "dispersión".

Mientras que la luz se dispersa al atravesar distintos medios -lo que ocurre por ejemplo cuando llueve y se forma un arcoíris-, esto no ocurre con las ondas gravitacionales cuando se desplazan por el espacio desde de su lugar de origen hacia la Tierra, según la Teoría General de la Relatividad de Einstein.

"Nuestras mediciones son muy sensibles a las diferencias mínimas en la velocidad de las diferentes frecuencias, y nosotros no descubrimos ninguna dispersión, con lo cual no logramos demostrar que Einstein estuviese equivocado", señaló Bangalore Sathyaprakas, miembro del equipo de LIGO.

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