Cuando el martes desfilen por la ciudad de Beersheba, en el sur de Israel, jinetes australianos vistiendo uniformes como los de sus antepasados en la Primera Guerra Mundial, no se tratará de una mera atracción turística.

Será uno de los varios actos conmemorativos del centenario de la histórica batalla en la que el Imperio Británico conquistó Beersheba de manos del Imperio Otomano.

Los protagonistas principales de aquella batalla fueron los jinetes de las Fuerzas Armadas de Australia y Nueva Zelanda (Anzac, en inglés), parte del ejército británico y de la Commonwealth, que se enfrentaron a las posiciones otomanas.

Y su victoria en Beersheba ha pasado a la historia como una de las ofensivas más originales de la Primera Guerra Mundial.

Lugar estratégico

Entre los combatientes de la Anzac había no pocos jóvenes que, dada la difícil situación económica de entonces en Australia, mintieron sobre su edad en las oficinas de reclutamiento y se enrolaron, con sus caballos, para salir del país.

Beersheba era importante por su ubicación junto a una vía ferroviaria, no lejos de la parte sur de las colinas de Judea y camino a Jerusalén y Belén.

También lo era por las instalaciones que allí operaban, se trataba de un importante centro militar otomano. Y sobre todo por el agua. Las tropas británicas que avanzaban en la zona combatiendo en el desierto, la necesitaban.

En la práctica, sin embargo, Beersheba fue una "alternativa", tras dos claros fracasos de los aliados en sus intentos de conquistar la ciudad de Gaza, considerada la entrada a Palestina.

"Debido a lo infructuoso de los esfuerzos por capturar Gaza, el frente quedó paralizado por siete meses, hasta que entendieron que debían cambiar su concepción", dice a BBC Mundo Dan Gazit, arqueólogo israelí residente en la zona, especializado en la investigación de la Primera Guerra Mundial.

"Para poder avanzar sin tener Gaza bajo su control, debían rodearla por el este, pero para eso necesitaban cambiar la forma de pensar".

Aunque el grueso de la defensa turca se hallaba en Gaza, por lo menos mil hombres armados estaban atrincherados en Beersheba. Era clave ser original a fin de lograr sorprender a los otomanos. De lo contrario, el resultado sería un nuevo fracaso.

"A fin de mantener el elemento de la sorpresa, el Cuerpo Montado del Desierto, con sus 40.000 hombres, recorrió los polvorientos 43 kilómetros hacia Beersheba amparados por la oscuridad, el 30 de octubre", señala el portal recordatorio del centenario, erigido por el gobierno de Queensland. Otras fuentes hablan de casi 60.000 efectivos.

"Iban bajo una nube de polvo de 50 km de largo", describe Dan Gazit. "Cabalgaron durante tres días en su largo camino hasta la ciudad. Está claro que confundieron a los turcos, como si estuvieran intentando por tercera vez conquistar Gaza".

La sorpresa

Al amanecer del día siguiente, 31 de octubre, comenzaron la ofensiva en Sakati a fin de cerrar el camino a los intentos turcos de enviar refuerzos.

De allí, avanzaron hacia Tel el Saba, monte ubicado a unos pocos kilómetros de Beersheba, donde demoraron más de lo pensado, por las fortificaciones otomanas.

Y a media tarde, al comenzar la parte central del nuevo plan, la conquista de Beersheba propiamente dicha, la sorpresa.

En primer término, la hora: aproximadamente a las 16.30, con el sol enfrente, irrumpieron hacia las posiciones otomanas.

"Es indudable que los otomanos no podían esperar un ataque a esa hora", analiza Dan Gazit.

Con una sonrisa, agrega: "Es que así no se hace la guerra, seguramente eso es lo que los turcos podían pensar".

A decir verdad, la consideración de irrumpir hacia Beersheba a esa hora poco común para combate desde el este no era solamente sorprender, sino la necesidad urgente de llegar a las fuentes de agua. Para los hombres, sí, pero sobre todo para los caballos.

"Los turcos lo sabían y habían preparado explosivos en todos los aljibes, para detonarlos, pero no alcanzaron, al parecer pudieron destruir sólo unos pocos. Los jinetes de Anzac no les dieron tiempo a nada", cuenta Gazit.

"Infantería a caballo"

El secreto fue la forma de combatir. Aproximadamente 800 jinetes de la caballería ligera actuaron como "infantería a caballo".

"En lugar de bajar en el camino y avanzar a pie, lo cual les habría hecho perder tiempo y los habría expuesto mucho más al fuego de los turcos, llegaron cabalgando casi hasta las posiciones otomanas, los caballos saltaban por arriba y recién allí fueron las luchas cuerpo a cuerpo".

Eso explica que solamente una treintena de soldados de Anzac hayan muerto en ese combate y otro tanto, resultado heridos. Junto a ellos murieron 70 de los caballos. Del lado turco, hubo por lo menos 500 bajas.

Hubo diferencias también en las armas utilizadas.

Por decisión del brigadier William Grant, que comandaba la IV Brigada Australiana de Caballería Liviana, en lugar de atacar con rifles -aunque los llevaron colgados a la espalda- la irrupción a Beersheba fue con espadas y bayonetas. Técnicamente, así les resultó más fácil atacar.

"La masa enorme del caballo que se viene encima y el arma blanca que resplandecía, amedrentaba", señala Gazit.

Una ofensiva original

La conquista de Beersheba fue el comienzo del fin de la línea defensiva turca.

Pero el fin del Imperio Otomano en la región, no fue inmediato en absoluto.

"Los turcos no huyeron, eran buenos combatientes", sostiene el experto israelí Dan Gazit.

"Al ejército británico le llevó varios meses más completar su conquista en la zona. Unos meses después, el general Allenby entró a Jerusalén. Llevó más tiempo llegar a Damasco".

Beersheba quedó grabada en la historia de la Primera Guerra Mundial y del avance de los hombres de Anzac, como una de las ofensivas más originales de todas las batallas.

Finalizado el combate y llegado el momento de devolver a los soldados de Anzac a Australia, el problema de los británicos era lidiar con los jóvenes jinetes que no querían abandonar a sus caballos ni venderlos a los beduinos locales.

Pero esa es, por cierto, otra historia.

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