En 1942, 22 enfermeras australianas fueron asesinadas por un comando japonés, en lo que se conoce como la masacre de la isla de Bangka.

Ese hecho histórico ahora tiene un nuevo giro: una historiadora ha recolectado evidencia que indica que las mujeres fueron violadas antes de ser asesinadas.

Y que las autoridades australianas supuestamente lo sabían y lo callaron.

"Se necesitó un grupo de mujeres para descubrir esta verdad y finalmente hablar", dijo la historiadora militar Lynette Silver.

Silver echó luz sobre lo que pasó con el grupo de asistentes de salud que viajaron a Bangka, Indonesia, y murieron por disparos de metralletas en febrero de 1942.

Murieron 22. Solo sobrevivió una de ellas.

"Como si la manera en que murieron no hubiera sido suficiente... Pero que fueran violadas antes de ser masacradas es demasiado, para decir la verdad", explicó Silver.

"Los funcionarios militares querían proteger a las familias de las víctimas del estigma que supone la violación. En ese tiempo era algo vergonzoso. La violación se consideraba peor que la muerte", explicó la investigadora.

La única sobreviviente

Vivian Bullwinkel resultó herida en la masacre, pero logró sobrevivir porque fingió que estaba muerta ante los atacantes. Después se escondió en la selva, donde fue hallada y tomada como prisionera de guerra. Finalmente regresó a Australia.

De acuerdo a Silver, Bullwinkel fue "amordazada" para que no hablara sobre las violaciones ante el tribunal de crímenes de guerra de Tokio, después de la II Guerra Mundial.

La historiadora tuvo acceso a un audio de una entrevista que la enfermera concedió poco antes de morir, en el año 2000.

"Ella no dijo nada porque obedecía órdenes. Además del tabú que existía sobre el tema, es posible que los funcionarios del gobierno australiano se sintieran culpables", afirmó Silver.

"Los funcionarios de alto rango sabían que tropas japonesas habían violado y asesinado a enfermeras británicas cuando invadieron Hong Kong en 1942, pero no atendieron los llamados que se hicieron para evacuar a sus enfermeras a tiempo", aseguró la investigadora.

De acuerdo al gobierno australiano, los perpetradores de la matanza permanecen sin ser identificados y "escaparon sin castigo por su crimen".

Un vocero de las Fuerzas Militares de Australia dijo que la decisión de abrir una nueva investigación sobre estos alegatos de violencia sexual depende del gobierno.

Pero agregó que "estas nuevas revelaciones pueden ser reportadas por cada familia" a la unidad que investiga este tipo de crímenes.

¿Qué ocurrió?

Las investigadoras Tess Lawrence y Barbara Angell también señalan los abusos sexuales ocurridos en Bangka.

Angell hizo una investigación de los agujeros que produjeron las balas en el vestido de la enfermera Bullwinkel.

El vestido muestra que varios botones habían sido arrancados de manera violenta (y que fueron reemplazados y cosidos con hilo de otro color, según se vio cuando se exhibió el vestido (después de su muerte) y que la única manera de producir tal rasgadura y que los orificios de entrada y de salida de la bala estuvieran alineados es que su corsé estuviera abierto a la altura de la cintura.

Por su parte, Lawrence, quien trabajó como periodista radial, señaló que antes de morir Bullwinkel le había confesado que la "mayoría de las enfermeras habían sido violadas" y que quería revelar el secreto que la "estaba torturando".

Lawrence también citó el recuento de un soldado japonés que fue tratado por un caso de malaria cerca de la isla Bangka.

Él le confesó a un funcionario australiano que había escuchado gritos y que un militar le había dicho que los "soldados se estaban divirtiendo y que mi pelotón iba a ser el siguiente".

Por su parte, Silver descubrió que una página del documento sobre la masacre en el que se registraba este tipo detalles había sido arrancada, lo que ella cree es un acto de censura.

Dicho documento había sido realizado por Jean Williams, esposa del mayor Harold Williams, a cargo de las investigaciones que se realizaron para la sección de Crímenes de Guerra de Australia.

Peter Stanley, profesor de historia militar de la Universidad de New South Wales, dijo que los hallazgos de Silver no le sorprenden.

"Estaba esperando que esta noticia fuera revelada. Se había dicho por años, incluso por mujeres que conocían a Vivian Bullwinkel y que me habían contado su testimonio. Y está estrechamente relacionado con atrocidades similares realizadas por soldados japoneses en Hong Kong, Filipinas y Singapur", dijo Stanley.

Antes de la masacre, Silver indicó que las enfermeras habían tenido "una vida feliz y despreocupada" en Singapur hasta fines de 1941.

"Eran las niñas mimadas del ejército. Solo lidiaban con los casos habituales en tiempos de paz en el ejército: lesiones en el entrenamiento, accidentes automovilísticos, malaria".

Cuando los japoneses atacaron, el 8 de diciembre de 1941 pocas horas antes de Pearl Harbor, sus vidas cambiaron para siempre.

"Las enfermeras estaban abrumadas por las muertes durante aquella batalla. Incluso algunas casas en Singapur se transformaron en hospitales".

Silver dijo que es importante hablar "una verdad sin censura" como la que Vivian Bullwinkel había querido contar en 1945 y 1946.

"Ahora, si yo no revelara este secreto, me convertiría en parte de esa masa silenciosa que ocultó esto y solo estaría protegiendo a los perpetradores", indicó Silver.

Y añadió: "Estas enfermeras merecen que se cuente su historia; esa es su justicia".

Recientemente recibió correos electrónicos de personas que conocían a las enfermeras.

"Me preocupaba un poco que la gente pudiera decir que debería dejar las cosas quietas, sin revolver un hecho tan doloroso, pero no he recibido un solo comentario despectivo", dice.

Ahora, la investigadora quiere que el Museo de Guerra de Australia (AWM, por sus siglas en inglés) -que ya incluye la historia de la masacre- adapte sus recorridos para incluir este relato de las presuntas agresiones sexuales.

El director del AWM, Brendan Nelson, le dijo a la BBC: "No negamos ni minimizamos estas acusaciones; de hecho, se sabe que la violación y el asalto sexual se utilizan como armas en la guerra. Hace casi 20 años que murió Bullwinkel, no sabemos ni podemos saber de manera categórica lo que ocurrió ".

Comparaciones

Silver dibuja paralelos entre sus revelaciones y el movimiento #MeToo.

"Las mismas costumbres sociales están en juego, por lo que las mujeres se sintieron obligadas a esperar antes de que pudieran decir algo. Como víctimas, se les hace sentir responsables. Creo que el #MeToo habría dado a Vivian Bullwinkel la confianza para finalmente hablar ". explicó.

"Las escritoras están más interesadas en el elemento humano que en cuántas armas había. Como mujer, tienes empatía".

E indicó que es revelador que hayan sido tres mujeres historiadoras las que descubrieron la evidencia de esta historia:

"Escuché que la historia fue contada como 'la versión de ellos'. Esto fue lo opuesto a eso", concluyó.


 

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