Cuando se trata de felicidad, sondeo tras sondeo, los niños holandeses son los que figuran en lo más alto de las listas.

¿Es por la educación? ¿Por cómo los crían sus familias? ¿O el secreto estará a caso escondido en la genética de la población de este país lluvioso de 17 millones de habitantes?

En verdad, hay una serie de factores que llevan a este estado de bienestar.

Pero según le explicó a la BBC Rina Mae Acosta, coautora del libro "Los niños más felices del mundo: cómo criar a los niños al estilo holandés", la clave está en dejar que los niños se aburran, algo que no resulta problemático para los padres holandeses.

"Los padres contemporáneos mantienen a sus niños muy ocupados todo el tiempo", dice la autora asiático-estadounidense que reside en Holanda, en referencia a las múltiples actividades que los padres suelen organizar para sus hijos.

Para Mae Acosta, es mucho mejor, en cambio, darle a los niños el "regalo" del aburrimiento.

"Deja que los niños se aburran. No es nuestra responsabilidad entretenerlos de forma constante".

"Si los dejamos aburrirse, esto les da la libertad y el espacio para desarrollar su propia imaginación", añade.

"Lo que los holandeses están haciendo bien con sus niños es que les permiten tener infancia. Y eso significa dejar que se aburran. Les ofrecen una rutina y después los dejan jugar".

Por otra parte, también dejan que ellos experimenten el mundo por sí mismos sin sobreprotegerlos de forma constante.

"Los dejan explorar las caídas, por ejemplo. Los niños pueden treparse a los árboles y, si se caen, verán qué hacer cuando les ocurre y aprenderán a levantarse", explica.

"Estas pequeñas experiencias de vida harán que se conviertan en adultos con mejores mecanismos para lidiar con situaciones".

Y además...

También es cierto, reconoce Mae Acosta, que los niños felices son producto de madres felices.

"(En Holanda) Las mujeres tienen el lujo de poder ser profesionales y madres al mismo tiempo. Aquí existe el mejor equilibrio del mundo entre la vida y el trabajo", asegura.

Los padres también participan más en la vida de sus hijos.

Según señala en un blog de Mae Acosta publicado en 2013, el gobierno holandés les dio hace más de dos décadas el mismo estatus a los a padres que trabajan medio tiempo que a los que trabajan tiempo completo y esto hizo que muchos optaran por trabajar cuatro días a la semana para dedicar un día a sus hijos.

Otro factor no poco importante es que el gobierno brinda ayuda económica a las familias para educar a los hijos.

También lo es el hecho de que se valora la opinión de los niños, dice la autora.

"Desde que los niños son capaces de formular una opinión, se les da una voz y sus padres realmente los escuchan".

Otro tema que destaca en su blog (que recibió millones de visitas y fue comentado extensamente en la prensa internacional) es que los niños no se sienten presionados en la escuela para destacarse por sus habilidades, ni tampoco acaban el día de clases con una extensa lista de tareas para hacer en la casa.

Los maestros, resume Mae Acosta, tratan sencillamente de hacer que los niños disfruten el aprendizaje.

Y, por último, ¡pueden desayunar chocolate!

Mae Acosta se sorprendió al ver que el desayuno típico tanto de niños como de adultos consiste en una rodaja de pan con mantequilla, cubierta de chispitas de chocolate.

Pero, bromas aparte, lo que destaca la autora no es la alimentación, sino el hecho de que la familia desayuna junta.

"UNICEF concluyó que los niños y jóvenes holandeses dicen desayunar juntos a diario. En ningún otro país los niños desayunan con su familia tan regularmente como lo hacen en Holanda", escribe Mae Acosta.

"No solo desayunar está asociado a un mejor rendimiento escolar y a una reducción en los problemas de comportamiento, sino que desayunar en familia crea la oportunidad de reforzar los vínculos familiares y estimula el desarrollo de la identidad y el crecimiento".

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