Durante años se instaló la creencia de que nacíamos con una cantidad limitada de neuronas para toda nuestra vida.

De hecho, es un debate que sigue en pie dentro de la comunidad científica.

Pero esta semana se publicó un informe que comienza a generar certezas sobre el tema: un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid afirma que no solo el cuerpo sí produce nuevas neuronas, sino que lo hace hasta el final de nuestras vidas.

En el documento también se destaca que la producción de neuronas va en declive mientras envejecemos, y que cae dramáticamente cuando el cerebro está aquejado por el mal de Alzheimer, lo que abriría un nuevo campo para tratar este tipo de demencia senil.

El estudio, publicado en la revista Nature Medicine, deja en claro que la mayoría de las neuronas del ser humano ya están en su cerebro en el momento de nacer.

Pero mientras otros estudios en mamíferos habían hallado la formación de nuevas neuronas a lo largo de su vida, la extensión de la neurogénesis en el cerebro humano sigue siendo fuente de debate.

Nuevas neuronas

La investigación de la Universidad Autónoma de Madrid se basó en el estudio de 58 cerebros de personas fallecidas con edades entre los 43 y los 97 años.

Los científicos se enfocaron en el hipocampo -la zona donde se manejan los recuerdos y las emociones-. Es, básicamente, el espacio del cerebro que necesitas para recordar donde dejaste estacionado tu vehículo en el centro comercial.

Se sabía de antemano que las neuronas no emergen en el cerebro totalmente formadas, sino que pasan por un proceso de crecimiento y maduración.

Pero los investigadores fueron capaces de identificar nuevas neuronas (o "inmaduras") en los cerebros que estaban examinando, a pesar de que algunos de ellos habían pertenecido a personas que tenían 87 años en el momento de morir.

Otra de las conclusiones del estudio es que descubrieron que se había presentado un "pequeño descenso" en la cantidad de esta neurogénesis a través de los años.

"Creemos que los seres humanos generamos nuevas neuronas en la medida que necesitamos aprender nuevas cosas", le dijo a la BBC la doctora María Llorens-Martin, una de las investigadoras.

Y agregó: "Y ese proceso ocurre cada segundo de nuestra vida".

Mal de Alzheimer

Pero la historia cambió cuando analizaron los cerebros de personas que estuvieron enfermas de alzhéimer.

El número de nuevas neuronas que estaban en proceso de formación decayó de 30.000 por milímetro (en un cerebro sano) a 20.000 por milímetro en personas con principios de alzhéimer.

"Eso significa una reducción de casi del 30% en las primeras etapas de la enfermedad", dijo Llorens-Martin.

"Esa cifra es sorprendente, porque se presenta antes de la acumulación de la sustancia beta-amiloide (una evidencia del alzhéimer en el cuerpo) e incluso antes de cualquier síntoma. Ese fuerte decrecimiento se nota mucho antes que todo esto aparezca", agregó.

El mal de Alzheimer es una enfermedad sin cura, los tratamientos tienen una efectividad limitada y las investigaciones en este campo se han centrado en general en los grupos de beta-amiloide que se encuentran en el cerebro.

Pero la mayoría de los test con este enfoque han fallado, por lo que Llorens-Martin sugirió que entender por qué hay un decrecimiento en la neurogénesis podría conducir a nuevos tratamientos tanto en el alzhéimer como en el envejecimiento en general.

Pero también anotó que la siguiente etapa de la investigación deberá involucrar el análisis de los cerebros de las personas mientras están vivas, para ver qué ocurre en tiempo real.

"Mientras que ya sabemos que comenzamos a perder células nerviosas en nuestra adultez, esta investigación muestra que podemos seguir produciendo nuevas neuronas hasta cuando tenemos 90 años o más", explicó Rosa Sancho, directora del Instituto de Investigación del mal de Alzheimer en Reino Unido.

"El alzhéimer acelera radicalmente la velocidad a la que perdemos las células nerviosas y esta investigación proporciona evidencia convincente de que también limita la creación de nuevas células nerviosas", anotó.

Y agregó: "los estudios más grandes deberán confirmar estos hallazgos y explorar si podrían allanar el camino para una prueba temprana para identificar a los que tienen mayor riesgo de contraer la enfermedad".

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