"En el segundo día de clase, un profesor hizo una broma y, como yo estaba sentada delante (...), me señaló. Cuando vio mi cara sonrojada, detuvo la broma de inmediato y cambió su objetivo".

"Escuché a la gente decir: 'Vaya, pobrecita'. Solo quería salir del aula de inmediato e ir a un rincón sin que nadie me viera. Cuando sonó el timbre de descanso, recogí mis casos, y fui al baño. Lloré mucho y salí del campus. Nunca más regresé".

"Esto es para que veas cómo la fobia social puede terminar con nuestros sueños, con nuestro futuro, con nuestra esperanza".

Después de aquel segundo día de clases, Lili* nunca regresó a ese curso de posgrado en la universidad y abandonó su sueño de hacer una carrera en biología.

Hoy, con 40 años, produce el blog Sou Fóbica Social y creó un grupo de Whatsapp para personas con fobia social en el que participa João Augusto*, de 33 años, quien describe así el tipo de reacción que el contacto social puede despertar en él.

"Me entra angustia, pensando que algo malo sucederá, que alguien me maltratará, me individualizará. Que me acosarán, para que me sienta ridiculizado ante los demás".

João describe un episodio en el que el terror que sufrió fue mayúsculo.

"Era un trabajo por teléfono, estaba respondiendo a mis supervisores. Estaba preocupado por un informe que tenía que entregar y que nunca había hecho antes. Estaba tan preocupado de que alguien me reclamara algo que durante la llamada me sentí mareado y empecé a sudar".

"Dejé el teléfono, fui al baño. Lloraba y decía: 'Tengo que irme, me voy a morir'", recuerda.

Casi todo el mundo se ha encontrado alguna vez con personas tímidas. Pero lo que pocos saben es que, a veces, esta timidez frente al contacto social genera un sufrimiento tan profundo y paralizante que la persona se retira de la vida y se recluye, incapaz de trabajar o de tener relaciones cercanas.

Debido a que no pueden expresar lo que están sufriendo en silencio, a veces se les considera infantiles, caprichosos, tontos o aburridos.

Lili y João, dos personas tímidas que, con dificultades, compartieron sus experiencias con BBC News Brasil (ella por correo electrónico, él a través de tres conversaciones telefónicas), dijeron que habían aceptado hacer esta entrevista porque creen que la sociedad debe saber la diferencia entre ser algo tímido y lo que ellos, y muchos expertos, llaman fobia social.

A continuación, además de las historias de Lili y João, te explicamos qué es la fobia social, por qué causa vergüenza y cuáles son los tratamientos disponibles.

*Los nombres reales fueron modificados a petición de los entrevistados.

¿Qué es la fobia social?

Una persona con fobia social tiene una sensación de que existe una especie de foco sobre su cabeza, donde quiera que vayan. Esta es una de las formas utilizadas por psiquiatras para explicar este problema.

La Organización Mundial de la Salud define la fobia social (también conocida como trastorno de ansiedad social o timidez patológica, entre otros términos) como un "miedo a ser observado por otros, lo que lleva (a la persona) a evitar situaciones sociales.

En los casos más extremos, se asocia con una baja autoestima y el miedo a ser criticado. Físicamente, la fobia social puede manifestarse a través de enrojecimiento de la cara, náuseas y temblores en las manos, por ejemplo. Estos síntomas pueden progresar y provocar ataques pánico.

Según el Royal College of Psychiatrists, que capacita a profesionales y regula la actividad psiquiátrica en Reino Unido, cerca del 5% de la población tiene fobia social en mayor o menor medida. No se sabe si el problema está aumentando o si es que en los últimos tiempos se hizo más público, pero si se conoce que las mujeres tienen el doble o triple de posibilidades de tener este problema.

Profesionales de la salud mental consultados por BBC News Brasil advierten, sin embargo, de una creciente tendencia en la psiquiatría actual a "medicalizar" el sufrimiento que es natural para la condición humana. Y argumentan que la llamada fobia social debe entenderse en el contexto de una sociedad que requiere cada vez más que el individuo se exponga en público para tener éxito.

El espacio público se ha convertido en un espacio para el exhibicionismo, aseguran. Y dicho espacio es despiadado con quienes que se resisten a hacerlo.

La historia de Lili

"Creé el blog solo para encontrar a personas que, como yo, sufren este trastorno para intercambiar experiencias e información. En nuestro grupo de WhatsApp hablamos de todo y nos consolamos cuando alguien lo necesita. Si un día se despierta mal, con malos pensamientos, otros intervienen y le escriben palabras de esperanza", cuenta Lili.

"Esto es algo que nos anima porque nos damos cuenta de que no estamos solos en esta lucha diaria".

"Siempre digo que yo nací tímida. Ya sentía miedo de algunos familiares como mi tío y un primo. Cuando los veía, me ponía a llorar", recuerda.

"Los psicólogos (de la escuela) escribieron en mi cuaderno de notas que yo era una niña que prestaba mucha atención en clase, pero nunca preguntaba nada. Solo tenía una amiga, que venía al baño conmigo, abría mi refresco".

"En la secundaria, todo empeoró. A los chicos, al ver que yo era muy tímida, les gustaba jugar para ver mi cara sonrojada (este es mi síntoma principal y más temible)".

Ya en la universidad, sufrí bullying hasta decir basta. Incluso de un profesor de matemáticas que me señaló y me preguntó el resultado de una ecuación. Cuando vio que estaba muerta de vergüenza, dijo: 'Imagina que te vas a casar y el sacerdote te pregunta si aceptas a tu prometido y te ves así, ¡toda roja!'".

¿Por que sentimos vergüenza?

"No sabemos lo que ven los demás (cuando nos miran), siempre nos preguntamos qué están viendo los demás. Y cuando nos sentimos mal evaluados, nos sentimos avergonzados", dice el psiquiatra y psicoanalista Julio Verztman, investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil.

"Te expones y te das cuenta de que no tienes control sobre cómo se te está viendo. Esto puede crear mucho sufrimiento", explica el experto, quien ha estado tratando a pacientes con timidez extrema durante varios años y ha publicado textos sobre fobia social.

"Las personas tímidas se imaginan que están siendo mal vistas, sin que exista necesariamente un mal juicio específico sobre ellas".

"Probablemente se deba a que el entorno en el que el sujeto expone su imagen le parece hostil. Las personas que sienten este tipo de vergüenza asumen esta sensación de hostilidad mal definida. Y ahí existe un riesgo. Sin embargo, no saben cómo definirlo o ponerle nombre".

Durante la entrevista, Verztman evita usar el término 'fobia social', pero reconoce que nombrar el problema es importante.

"Hace que el sujeto reconozca algo que está viviendo y que otros viven, se sienta menos solo, y hace que sea más fácil buscar ayuda".

Por otro lado, afirma que ha habido mucho etiquetado en las escuelas.

"Los síndromes psiquiátricos se han vuelto tan populares que se han vuelto insultantes, una forma de castigar al otro. En nuestra investigación, preferimos usar la palabra 'timidez' para valorar la denominación que los pacientes se dan a sí mismos, menos estigmatizante".

La historia de João

João parece tranquilo hablando por teléfono durante la entrevista, pero aclara que no es así. "Estoy temblando un poco", dice.

Momentos antes de la segunda entrevista, dice que se sintió mal. "Hoy no estoy temblando, pero estaba ansioso media hora antes de la hora a la que habíamos quedado. Sentí calor y malestar abdominal".

João dice que descubrió que tenía fobia social al leerlo en internet. Pero, como los pacientes de Verztman, no le gustaría ser etiquetado. "Sé lo que me sucede a mí, nadie más lo sabe. Que alguien apuntara con un dedo para decirme: 'Eres fóbico', no me haría feliz en absoluto".

El miedo al prejuicio es una de las razones por las que prefiere no ser identificado. "Si digo que tengo fobia, dirán que estoy loco y que soy raro. Ya lo he oído sin decir que soy un fóbico social. Imagínate si lo digo".

João dice que huye de las personas que conoce. "Cruzo la calle, hago como que no los he visto".

Pero no siempre fue así.

"En 2003, mi madre falleció. No creo que estuviera preparado para eso. Soy el menor de cinco hermanos. Uno de ellos dijo: 'Tú serás el hombre de la casa'. Yo iba a cumplir 18 años. pero no podía ni crear un currículum, no tenía idea de cómo hacerlo, tenía miedo de ir a lugares, no sabía a dónde enviar el currículum, no tenía experiencia de nada en la vida".

"Mi madre me protegió mucho. Yo jugaba con mis dos sobrinas. Eran las únicas dos personas con las que jugaba. Me gustaba jugar, pero mi madre me llamaba para ir a estudiar o para hacer algo en la calle. Mi hermano mayor quería llevarme a la playa, para un juego, pero mi madre no me dejaba. No pude desarrollar ninguna habilidad social ".

João no tiene empleo. Dice que necesita trabajar, pero no sabe cómo superará sus dificultades.

La era de la extroversión

Lo que puede dificultar mucho las cosas para gente como João y Lili es que, actualmente, la extroversión se ha convertido en la norma.

"A veces se lucha contra la preservación de la intimidad y la interioridad. Para obtener mejores puestos, para tener éxito, debes exponerte, y eso tiene un costo", dice Verztman.

"En las redes sociales, las personas publican cosas de su intimidad. Imaginamos que solo llega a un círculo íntimo, pero la publicación se extiende a personas que se encuentran fuera de ese círculo. La otra puede recibir eso de manera equivocada. Y un juicio negativo se recibe de manera difícil, las personas se sienten expuestas, se sienten mal ".

Otra tendencia en la sociedad actual es la creciente demanda para que las personas sean asertivas y sepan cómo venderse a sí mismas, dice el psicoanalista Rafael Raicher, miembro del Centro de Referencia para el Cuidado de Adolescentes y Jóvenes en el Instituto Sedes Sapientiae en São Paulo, Brasil.

"Por un lado, tenemos una sociedad que exige que los jóvenes sean guapos, autosuficientes, hagan sus propias vidas, sin un jefe. El trabajo es colectivo pero autogestionado, y los jóvenes tienen que hacer su vida a partir de sus capacidades".

Ese joven, dice Racher, es lo opuesto al tímido.

"Es perfecto, descarado, lo dice todo. El éxito es lo opuesto a ser tímido".

Si eres alguien más vergonzoso, ante exigencias tan imposibles de ser atendidas, la solución a veces es es esconderse del mundo. Como hacen Lili y João. Pero dicen que ni siquiera en casa, con la familia, se sienten cómodos y acogidos.

"A los 40 años no es fácil vivir con los padres, especialmente siendo hija única", escribe Lili.

"Mi madre es muy protectora, además de ser mandona, autoritaria. No entiende mi trastorno, porque es una persona con un título universitario pero que nunca ha tenido curiosidad por investigar más sobre la fobia social para intentar ayudarme".

"Y eso es muy triste para mí porque me gustaría que ella y mi familia me ayudaran. Como la mayoría, piensan que es nuestra forma de ser, que aún no hemos crecido y que tenemos que enfrentar nuestros miedos".

Lo que sorprende de las historias de João y Lili es que los dos ya consiguieron confiar mucho en alguien. Lo suficiente como para tener una relación amorosa.

"Estábamos pensando en vivir juntos, pero ella falleció", dice João. "Cuando estaba con mi novia, yo no parecía fóbico".

¿Qué había de diferente en el comportamiento de ella? "Era tranquila. También tenía ansiedad, pero me transmitía calma. Era una persona tan serena. Hizo todo lo posible para que no me sintiera mal, se ponía a mi lado: '¿Está todo bien? ¿Estás triste?'".

"Fuimos parte del mismo grupo de debate sobre depresión. Salimos durante casi tres años. Tuvo un aneurisma cerebral y murió mientras dormía", recuerda.

No sabe si le gustaría tener a alguien más como ella en su vida. "Difícil. Ella era diferente, especial" (João llora por teléfono.)

Además de los medicamentos

Lili y João ya han probado tratamientos. Hicieron psicoterapia y también tratamiento psiquiátrico con medicamentos. Él interrumpió los tratamientos, ella todavía es atendida por un psiquiatra y lleva más de diez años tomando fármacos. Ninguno parece tener esperanza de una mejora. "No he conocido a nadie que haya curado la fobia social", escribe Lili.

El sitio web del Royal College of Psychiatrists ofrece una guía de información sobre fobia social, que incluye varias formas de autoayuda como las técnicas de relajación.

Entre los tratamientos disponibles, el sitio menciona la autoexposición gradual (donde el paciente experimenta interacción social de manera gradual) y la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), que intenta reorganizar la forma de pensar -y de actuar- del paciente. Cuando nada de esto funciona, otra alternativa es el uso de medicamentos, pero solo bajo atención médica, subraya el sitio web.

Los expertos consultados por BBC Brasil explican que, en este país, la práctica más común es tratar la fobia social con medicamentos. Entre las psicoterapias, se da preferencia a la TCC.

El psicoanalista Rafaeil Raicher sostiene, sin embargo, que el camino hacia la mejora del paciente es encontrar lo que es particular en cada caso, o sea, el origen de la fobia en cada persona. Este es el proceso que ocurre en el psicoanálisis, explica.

"Contando la historia de cada persona, ellos (el paciente y el terapeuta) van tejiendo las tramas. ¿De dónde viene este miedo? ¿Cómo lidiar con ello?".

Júlio Verztman, psiquiatra y psicoanalista, también ve buenos resultados en el psicoanálisis, aunque afirma que los medicamentos pueden desempeñar un papel importante en la evolución de los pacientes. "Entre las psicoterapias es la que, en mi opinión, tiene los efectos más duraderos. El proceso a veces es largo, no tiene un efecto inmediato. Pero es más duradero".

"En el psicoanálisis, esperamos que las personas puedan vivir más libremente, teniendo otra relación con sus síntomas. Y sí, vemos que eso sucede".

Respecto a la duda entre terapia o medicación, Raicher dice que ambos tienen su importancia en el tratamiento. "En mi opinión, no tiene que ser una cosa u otra. A veces he visto mejoras con ambos enfoques combinados".

"Lo importante es que la persona que sufre de timidez sea escuchada", dice Verztma. "Más que un nombre para su enfermedad o un medicamento, estas personas buscan entender lo que sienten y ser bien acogidas".

¿Cómo puede ayudar la sociedad?

Verztman dice que hay varias maneras de tratar a la persona tímida. Sentir pena no es una de ellas.

"Es importante que no tengamos lástima, no pongamos a estas personas en una situación de excepción. 'Qué pena, qué aburrido...'. Esa es una manera de degradar a la persona ante nuestros ojos. Es importante hablar con la persona, si ella se abre y quiere, poder hablar de ello ", dice.

Para Verztman, las personas que sufren de vergüenza están trayendo un mensaje de respeto sobre el mundo que hemos construido.

"Están reflejando un poco de lo que somos. La escuela, por ejemplo, se ha convertido en un espacio que no da la bienvenida a este tipo de personas. Empresas u otros lugares de trabajo, donde las personas tienen que exponerse todo el tiempo para demostrar que tienen la capacidad también pueden no ser espacios acogedores ".

"Las cosas que mejorarán la vida de las personas con más vergüenza también son cosas que pueden mejorar la situación de todos. Más tolerancia por la diferencia es una de ellas".

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