El mes pasado, la influencer de Instagram, Tiffany Mitchell, publicó en su cuenta fotografías de sí misma tendida a un lado de una carretera.

Les acompañaba un texto en el que explicaba que fueron tomadas después de un accidente de moto.

La publicación generó una ola inicial de simpatía de los 211.000 seguidores que tenía entonces (ahora ya cuenta con 216.000).

Pero entonces empezaron a aparecer comentarios dudando de que todo hubiera sucedido como ella contaba.

Cuando la publicación estadounidense Buzzfeed se hizo eco de la historia , el caso empezó a atraer la atención a gran escala.

Pese a la naturaleza traumática de cualquier accidente de tráfico, las fotografías eran muy hermosas.

Además algunas cosas que no cuadraban.

Mitchell parecía tener más de un casco.

¿Dónde estaba la sangre? y, lo que es más importante, ¿por qué había una botella de agua con el nombre de una marca muy visible en la primera línea de una de las tomas?

Tiffany Mitchell ha sido acusada de inventar todo esto como un truco publicitario y afirma estar recibiendo amenazas de muerte a medida que la reacción de las redes sociales se intensifica.

Su amiga Lindsey Grace Whiddon fue la fotógrafa que estuvo con ella ese día.

"Mirando las fotos, entiendo por qué la escena parece planificada y, si no hubiera estado allí yo misma, también podría tener dudas" sobre la veracidad, me dijo.

"Puedo decir, por mi propia integridad personal y profesional, que [las escenas] no solo no fueron preparadas, sino que Tiffany no supo que estaba haciendo fotos hasta horas después".

Pasado un tiempo, Mitchell decidió eliminar la publicación y subió un video a su cuenta defendiéndose.

Le pregunté si quería hablar con la BBC.

Estaba realmente afectada y sus frases estaban salpicadas de palabras como "vulnerable", "sinceridad", "verdadero" y "curativo".

Me contó que su novio, James Cloninger, murió en un accidente de motocicleta en 2016.

Algunas de sus publicaciones de Instagram se refieren a su relación y a su dolor por la pérdida.

La muerte fue cubierta por la prensa local entonces.

Mitchell niega haber organizado su accidente, que según dice sucedió al tomar demasiado rápido una curva en un camino rural en Tennessee.

Ella y Lindsey enviaron fotografías inéditas a la BBC en las que se podía ver a la policía y a una ambulancia.

Una búsqueda de imágenes en Google junto los datos de las fotos indican que son originales.

La influencer explicó que fue un transeúnte el que llamó a la ambulancia y que sus heridas estaban vendadas.

Pero que se negó a ir al hospital porque no mostraba ningún síntoma de conmoción cerebral (aunque estos pueden desarrollarse más adelante).

También sostiene que solo se quitó el casco en el lateral del camino una vez que se calmó y se dio cuenta de que estaba bien, y que el otro casco que se ve en las fotos pertenece a su amigo, el hombre de la foto.

"No sé cómo alguien se le puede ocurrir que esto fue organizado o preparado para llamar la atención sobre la campaña de una marca", dice.

"Siempre soy 100% honesta acerca de las colaboraciones con marcas. Si comparto un producto porque la marca me lo ha pedido, siempre lo digo".

Ella explicó que alguien le dio esa botella y que "podría haber sido de cualquier marca".

De hecho, la marca era SmartWater, propiedad de Coca Cola.

"SmartWater no tiene ninguna relación con Tiffany Mitchell", dijo la compañía.

Tiffany me dijo que estaba "horrorizada por el odio" que había suscitado desde que Buzzfeed publicó su historia, a quienes pidió que no la publicaran.

Ya creas o no su versión de la historia, la reacción sugiere que la gente puede volverse cada vez más cínica sobre lo que ven en Instagram.

Hay muchos ejemplos de influencers que no dicen cuándo sus publicaciones son patrocinadas por una marca y cuando es una preferencia personal.

El mes pasado, una publicación de Instagram de la estrella británica Jemma Lucy fue prohibida por la Autoridad de Estándares de Publicidad.

Aparecía bebiendo un café de una marca para perder peso durante el embarazo.

La ASA dijo que no solo rompió varias reglas, incluida la promoción de prácticas inseguras durante el embarazo, sino que tampoco lo identificó como un anuncio.

Ella dijo que la marca no le había pagado.

Pero en el mundo de los influencers también encontramos aquellos a quienes les gusta fingir que tienen colaboraciones con marcas incluso cuando no las tienen: en diciembre, la web the Atlantic publicó una historia sobre contenido patrocinado falso.

"En el mundo de los influencers, [tener patrocinadores] te da credibilidad", le dijo Brian Phanthao a la reportera Taylor Lorenz.

"Cuantos más patrocinadores tenga alguien, más credibilidad gana".

¿Y quién puede olvidar el desastroso Festival Fyre, sobre el cual se han realizado dos documentales, porque fue promocionado como un evento de lujo y acabo siendo un desastre con sándwiches de queso y carpas inundadas?

El organizador está en prisión por fraude.

Otro factor a tener en cuenta, es lo que los seguidores realmente quieren ver.

"El público podría decir que quiere más realidad, pero cuando se trata de su hilo en las redes sociales, lo que la gente elige es la versión adornada de la realidad", dice Sara Tasker, experta de Instagram y autora del libro Hashtag Authentic.

"No quieren ver la comida, el gato enfermo, el fregadero de la cocina".

Los influencers trabajan constantemente los algoritmos de Instagram para ampliar su base de seguidores y poder monetizarlos y eso significa que es un juego de popularidad.

"Desde la perspectiva de un influencer, lo que quieren es publicar cosas que le interesen a su audiencia porque significa que el contenido se promueve más si más personas lo están mirando".

En términos de credibilidad, sus cuentas de Instagram tienen más dificultades, dice Tasker.

"Creo que hay una sensación injusta de que los influencers no tienen talento más allá de la creación de contenido".

Pero "en mi experiencia, las celebridades son mucho peores en lo que respecta a revelar con qué marcas están asociadas y engañando a la audiencia, pero no tienen que rendirle cuenta a sus seguidores de la misma manera".

En última instancia, el caso no parece haber causado ningún daño profesional a Tiffany Mitchell: al momento de escribir esto, tenía alrededor de 4.000 seguidores más que cuando la contacté por primera vez.

"Seguiré compartiendo como siempre lo he hecho y seré tan responsable como pueda con cada palabra y cada imagen", me dijo en su último correo electrónico.


 

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