Cinco hombres armados entran en la sucursal del Banco de Chile en el barrio Matadero-Franklin de Santiago. Son las 13:15 del 16 de julio de 1925.

La acción es rápida y contundente: los asaltantes se llevan entre 30.000 y 46.923 pesos de la época -la cantidad varía según las fuentes- y huyen en un auto marca Hudson lanzando disparos al aire.

Dos de los empleados del establecimiento resultan heridos, según los diarios de la época.

El espectacular robo pasó a la historia de Chile como el primer asalto a un banco en un país que en aquel entonces estaba poco acostumbrado a este tipo de acontecimientos.

Sus autores, enmascarados y con un marcado acento español, no fueron identificados de forma inmediata. Pero la prensa los bautizó como los Apaches.

"Los hechos recuerdan las más emocionantes películas de cine norteamericano", escribió el periódico Las Últimas Noticias, citado por el periodista chileno Marcelo Mendoza-Prado en un artículo sobre el caso publicado por el diario El País en 1994.

Pero los miembros de esa banda de atracadores no eran delincuentes anónimos.

Efectivamente, detrás de los antifaces se encontraban Buenaventura Durruti, los hermanos Francisco y Alejandro Ascaso, Gregorio Jover y Antonio Rodríguez, cinco destacados anarquistas españoles.

El móvil de sus robos -aseguraban- no era el enriquecimiento personal sino recaudar fondos para la causa libertaria.

Héroes y bandoleros

El paso de los anarquistas por Chile fue apenas una escala de un mes en un viaje de norte a sur de América Latina que duró más de un año y en el que también dieron golpes en Cuba, México y Argentina.

En España se habían hecho llamar los Justicieros, grupo Crisol y los Solidarios. En América, se autodenominaron los Errantes.

Su objetivo era conseguir dinero para ayudar a los anarquistas presos bajo el gobierno militar de Miguel Primo de Rivera en España y contribuir a proyectos libertarios en los países en los que llevaban a cabo sus "expropiaciones".

Para sus seguidores, sus acciones estaban guiadas por un heroísmo generoso y revolucionario en pos de una sociedad sin clases y sin Estado.

Pero para las autoridades, y buena parte de la prensa y de la opinión pública, eran simples bandoleros.

Y su uso de la violencia con fines políticos se origina en un contexto histórico complejo.

"A finales de los años 10 y principios de los 20, Barcelona fue conocida como 'la ciudad de las bombas'. En la capital catalana actuaban tanto los grupos de acción anarquistas como los grupos de pistoleros a cargo de la patronal", le dice a BBC Mundo Pelai Pagès, profesor de historia contemporánea de la Universidad de Barcelona.

"Asaltar un banco era para ellos atacar una institución emblemática del capitalismo financiero", agrega.

"No robaban una cooperativa sino que se dirigían contra la misma médula del sistema capitalista", explica Pagès.

"Y partían de la base de que el propio sistema económico capitalista, de por sí, comporta violencia", señala el historiador.

Luego, en septiembre del 23, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado e instauró un gobierno militar en España.

Trabajadores en Cuba

Durruti y sus compañeros -que ya eran buscados por su participación en varios atentados y atracos- huyeron de España.

Y después de una corta estancia por París -destino frecuente de los exiliados españoles- y una expedición frustrada para invadir España y acabar con el gobierno de facto, los anarquistas de nuestra historia tomaron un barco con destino a América.

"Más que amigos, Francisco Ascaso y Durruti eran hermanos", dice el historiador Kike García Francés, coautor junto a Luis Antonio Palacio Pilacés de "La bala y la palabra", una biografía sobre Francisco Ascaso.

"Parten juntos porque (el sindicato anarquista) Confederación Nacional del Trabajo les había pedido que hicieran una gira propagandística por América Latina y que consiguieran fondos para poder seguir con la lucha en la clandestinidad en España", le cuenta a BBC Mundo

Su primer alto en la región fue Cuba, donde se desempeñaron como trabajadores portuarios en La Habana y cortadores de caña en Santa Clara.

Y en la isla caribeña nacieron "los Errantes".

Como represalia por una huelga en la plantación donde trabajaban Durruti y Ascaso, tres trabajadores fueron apaleados. Al día siguiente, el dueño de la finca apareció apuñalado con una escueta nota junto a él en la que se podía leer: "La justicia de los errantes".

La persecución de la policía cubana, sin embargo, los obligó a escapar a México.

"Llegaron a Veracruz, donde encontraron la solidaridad entre los dirigentes de la Confederación General de Trabajadores (CGT) mexicana", relata Pagès en su artículo "Los anarquistas españoles Ascaso y Durruti en Bruselas", publicado en la Revista Internacional de la Guerra Civil en julio de 2017.

"El atraco a la fábrica La Carolina de Ticomán, en abril de 1925, cuyo botín fue entregado por Durruti a la CGT con el objetivo de fundar una escuela racionalista, acabó con la vida de un empleado de la fábrica, lo cual les obligó a escapar de nuevo", agrega el historiador.

Tras un breve regreso a Cuba -durante el cual atracaron el Banco de Comercio de La Habana- los anarquistas embarcaron rumbo a Valparaíso en el buque Oriana.

En cada una de sus escalas, Durruti y sus compañeros contactaban con anarquistas latinoamericanos que les facilitaban información.

Medios económicos

"Cuando llegaban ya lo hacían vinculados políticamente. Todo clandestino, por supuesto", explica el periodista chileno Marcelo Mendoza-Prado en conversación con BBC Mundo.

"Y en Chile se juntaron en la sede de la Industrial Workers of the World, que era una central anarcosindicalista creada en EE.UU. sobre todo de trabajadores portuarios de toda América", cuenta Mendoza-Prado, quien a mediados de los años 80 recabó el testimonio de Félix López, quien sirvió de enlace local para Los Errantes.

"Durruti nos dijo: 'Ustedes necesitan medios económicos. Nosotros se los vamos a proporcionar'", recordó en aquel momento el viejo anarquista.

La identificación de los atracadores del Banco de Chile como extranjeros, apunta Mendoza-Prado, hizo que las autoridades detuvieran a numerosas personas procedentes de fuera del país.

El primer inculpado fue Enrique Barcoj, un taxista sin responsabilidad en el asalto cuyo carro habían usado los ladrones para huir del banco y que solo quedó en libertad tiempo después, cuando el caso fue sobreseído.

Durruti y Ascaso, por su parte, habían tomado el tren transandino en dirección a Mendoza a principios de agosto, días después del robo al banco. Empezaban su periplo, no menos intenso, por Argentina.

"En Chile y Cuba, no tanto de México, el ambiente libertario y la acción directa eran prácticamente desconocidos. En Argentina no. Había muchos exiliados anarquistas, sobre todo italianos y españoles y la llegada de Ascaso y Durruti fue un acontecimiento único en ese ambiente", indica García Francés.

Golpes en Argentina

De los varios golpes que dieron los anarquistas españoles en suelo argentino, el principal y más violento fue contra el Banco de la Provincia en San Martin.

En aquella ocasión -señala el escritor argentino Osvaldo Bayer en su libro "Los anarquistas expropiadores"- los asaltantes se llevaron 64.085 pesos, mataron a uno de los empleados del banco e hirieron a otro.

Con la policía pisándoles los talones, los Errantes cruzaron a Uruguay, desde donde zarparon de regreso a Europa -con pasaportes uruguayos falsos- en febrero de 1926.

Pero Primo de Rivera aún está en el poder y regresar a España les resulta imposible. Así que París fue, de nuevo, el lugar elegido para el exilio. Y para preparar nuevas acciones.

El 25 de junio a las 7 de la mañana, sin embargo, Durrututi, Jover y Francisco Ascaso fueron detenidos en la capital francesa. Se les acusó de posesión ilícita de armas y de planear un atentado contra el rey Alfonso XIII de España, que tenía previsto visitar la capital francesa dos días después.

En prisión, y con solicitudes de extradición de Argentina y de España, la situación de los anarquistas se complicó.

Sin embargo, una intensa campaña de presión internacional y en Francia promovida por los movimientos obreros, hizo que París optarapor no entregarlos. Una vez cumplida su condena, no obstante, deberán abandonar el país.

"No había ni un solo país de Europa que los quisiera. Eran muy conocidos. Incluso se plantearon ir a la URSS pero tampoco los querían allí", cuenta Pagés.

"Al final los acogió Bruselas con una condición: que cambiaran su nombre y se comportasen. Desde enero del 29 hasta la proclamación de la II República en España, en abril del 31, residieron allí. Después regresaron a España".

Fin de una era

Durante los cinco años que duró el periodo republicano Durruri, Ascaso y Jover -el núcleo de los Errantes que habían sembrado América Latina de asaltos- se integraron en la vida política como sindicalistas.

Pero la Guerra Civil española y el régimen militar del general Francisco Franco terminaron con la que para muchos fue la época dorada del anarquismo español.

Tras la contienda, Alejandro Ascaso se exilió en Costa Rica y Gegorio Jover lo hizo en México.

Pero Ascaso y Durruti no sobrevivieron.

A Francisco Acaso lo mató un francotirador de un disparo en la cabeza durante la defensa de Barcelona el 20 de julio de 1936, solo dos días después del golpe de Estado encabezado por Franco.

Cuatro meses después, el 20 de noviembre, murió Buenaventura Durruti como consecuencia de un tiro en el pecho durante la defensa de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Miles de personas acudieron a su funeral. El último capítulo de una agitada historia.

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