Un problema personal pasó a ser un problema político, y del terreno de lo íntimo y lo privado, salió a la luz.

Así valora la feminista española Coral Herrera el alcance del movimiento #MeToo (#YoTambién), por el que miles de personas de todo el mundo -sobre todo mujeres- han denunciado, y siguen haciéndolo, situaciones de abuso, acoso y agresión sexual.

En las últimas semanas, el movimiento recobró fuerza en México, con la aparición de varias cuentas de Twitter que recogen denuncias contra músicos, periodistas, escritores y fotógrafos, entre otras disciplinas.

Herrera, que vive entre España y Costa Rica, es autora de múltiples libros sobre feminismo, amor romántico y masculinidades.

Su obra más reciente es "Hombres que ya no hacen sufrir por amor: transformando las masculinidades".

BBC Mundo habló con ella.

El salto a lo público

"El problema del acoso sexual y las violaciones siempre ha estado en el terreno de lo íntimo y lo privado", señala Herrera.

"Es decir: ¿te violan? Pues búscate la vida para abortar o búscate la vida para curarte las heridas emocionales y psicológicas. Es tu problema personal porque te han violado a ti".

"Creo que el movimiento #MeToo lo que está poniendo de relieve es que no es un problema personal, es un problema político".

"Hasta ahora, al estar en el ámbito de lo privado, los hombres han gozado de una impunidad total y absoluta", observa.

La autora hace una comparación entre la eclosión de este movimiento de denuncia y lo sucedido en los últimos años con los casos de abusos sexuales y violaciones en el seno de la Iglesia católica.

"Yo los comparo en el sentido de que las víctimas por fin están de alguna manera asumiendo que la culpa no es suya".

"Para mí ahí está la clave de los abusos sexuales y las agresiones que recibimos las mujeres y sobre todo los niños y niñas: el tema de la vergüenza y la culpa, dos factores muy importantes para la impunidad de los agresores", dice.

El peso de la cultura

Por otra parte, Herrera piensa que, culturalmente, los hombres han tenido dificultades para asumir el significado de un no.

"Yo pienso, por ejemplo, en mi abuela, que me decía que no es solo que haya que ser decente sino que hay que parecerlo", cuenta.

"Mi abuela me decía que cuando mi abuelo la cortejó ella tenía que hacer ver como que no quería, no podía ceder a sus presiones para tener sexo, porque si cedía él mismo la abandonaba".

"Todo ese proceso de cortejo tradicional antiguo del patriarcado sí estaba basado en la idea de que cuando una mujer dice que no es que sí".

"Ahora nosotras estamos diciendo que no es no y yo comprendo que a muchos hombres les cuesta entenderlo, de ahí a la agresión hay un paso muy pequeño", apunta.

Establecer los límites

Para Herrera, hay hombres que tienen un problema con su masculinidad, con los límites del respeto, y confunden cortejo y acoso, acostumbrados a ejercer el poder y la fuerza.

Del otro lado, surgen voces que dicen que no se puede generalizar y que no se puede creer a toda mujer que denuncia sin tener en cuenta la presunción de inocencia del acusado.

"El número de denuncias falsas es tan ínfimo que no merece la pena ni hablar de ellas. No puede servir para deslegitimar una cosa que es universal, que se ha dado siempre, que lo han sufrido niñas de todas las edades", expone Herrera.

"Una prueba de eso es por ejemplo el número terrible y espantoso de niñas violadas a los 15 años en toda América Latina, obligadas a parir, torturadas por sus violadores, por el Estado, por la familia, por la policía, por los médicos".

"Son datos estadísticos muy obvios que nos dan la prueba de que las mujeres sufrimos agresiones y que simplemente las redes sociales nos dan una oportunidad de acabar con esa impunidad y también de hacer una llamada a la reflexión".

La especialista explica que suele hablar de estos temas con sus amigos varones, a los que por ejemplo les llama la atención el concepto de violación dentro del matrimonio.

"Esa es la violación más cotidiana, más corriente y más común en el mundo, la que se produce en el matrimonio o la pareja, con mujeres que te dicen que no, que no, que no y tú insistes y chantajeas", señala.

"No se ve dónde están los límites. Creo que está interesante que hablemos sobre esos límites, sobre dónde está el límite entre el cortejo, el piropo y las ganas de ligar, y una chica que te dice 'no, no quiero'".

El papel que juegan los hombres

Existen numerosos talleres de masculinidades donde participan hombres que trabajan y debaten estas cuestiones, que se plantean dónde está el límite, dónde empieza el abuso y cómo ejercen su poder.

"Ese es uno de los temas principales que, además, deberíamos aprender todos, hombres y mujeres: cómo ejercemos nuestro poder sobre los demás, si es legítima la manera en que lo hacemos y si hacemos daño a los demás o no ejerciendo nuestro poder", indica Herrera.

"Yo siento que los hombres deben hacer autocrítica, se tienen que poner a debatir, se tienen que poner a trabajar".

"Pero lo que veo es que unos cuantos hombres están en esto y otros están en resistencia feroz, se sienten completamente amenazados y atacados, y también sienten sus privilegios amenazados".

"Es hora de que los hombres también se pongan a hablar de esto, no desde una actitud defensiva, sino para decir 'cómo podemos hacer para mejorar nuestras relaciones con las mujeres para que ellas se sientan libres, para que ellas se sientan a gusto y para que vengan a hacer el amor con nosotros felices y alegres'.

La fuerza del movimiento

Para Herrera, el #MeToo es un movimiento imparable que, si bien perderá impulso, va a estar ahí siempre, como se ha visto en el caso de los abusos en la Iglesia.

"Siento que es imparable porque las víctimas no se quieren callar ya. Es útil para frenar el acoso y las violaciones a mujeres, ya no es un asunto privado y puede salir a la luz".

"Los hombres se tienen que trabajar mucho el ego y el miedo al rechazo, dos cosas de la masculinidad muy problemáticas que hay que trabajar mucho. Qué pasa cuando te dicen que no, cómo te sientes, qué emoción te genera eso y cómo gestionas esa rabia", plantea.

Publicidad